Chávez: 5 de Marzo

Hugo Chávez fue la brújula de América Latina. Con su persona en el centro, millones encontraban su ubicación en el espectro político, amigos y enemigos, simpatizantes y detractores. ¿Simpatía ideológica, afinidad política y actitud militante? Extremo izquierda. ¿Fobia a su persona, crítica a su gobierno y desprecio a su visión del mundo? Extremo derecha. Hugo Chávez también daba sentido a las nociones de Norte y Sur: con él, el sur, en su contra, el Norte.

¿Qué son generalizaciones? Tal vez, pero no por ello están equivocadas. Como sea, aunque no es este el lugar para satisfacer quisquillas académicas ni para disquisiciones eruditas hay que decir que de todos los estigmas, los detractores del presidente venezolano escogieron como arma los más impertinentes por anacrónicos y caducos: aquellos de tiempos de la Guerra Fría.

Es cómodo hablar de “Occidente” y no del Norte, hablar de “comunismo” –sin siquiera entender de qué va- y no de socialismo del siglo XXI y no faltó el que recordara que como Stalin en 1953, el comandante murió también el 5 de marzo. Conveniente, muy conveniente es la selección consciente o inconsciente de las palabras y las memorias.

Pero no fueron estos los únicos estigmas.

Los mandamases del mundo nunca le perdonaron que como Prometeo, Chávez hiciera suya la agenda de los que Fanon llamó “los condenados de la tierra”. En lugar de cadenas le llegaron condenas y por malo, por loco, por terrorista, por disidente o por lo que fuera fue linchado como Cristo.

Y como aquél, Hugo Chávez fue también crucificado, no en madera sino en papel.

Decían que Chávez era un dictador

Sí, eso decían por haber gobernado desde 1999 hasta su muerte. Como si los procesos electorales que lo mantuvieron en el poder hubiesen sido ilegales –no lo fueron- como si no hubiesen tenido observación internacional –sí la tuvieron- y como si la historia de América Latina hubiese comenzado con la campaña presidencial de 1998. ¿Dictador dicen? La acusación causa risa en Guatemala después de Efraín Ríos Montt; el señalamiento suena ridículo en Nicaragua y Haití que tuvieron y mantuvieron a las familias Somoza y Duvalier; decir que Venezuela vivía una dictadura es risible tras la experiencia del régimen de Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana; ¿Venezuela una dictadura? Pues si la medida del terror son Alfredo Stroessner en Paraguay, Hugo Bánzer en Bolivia, Augusto Pinochet en Chile y todo un rosario de militares argentinos (Viola, Videla, Massera, Galtieri, Bignone) entre otros no se puede concluir sino que Hugo Chávez Frías fue un mal dictador, de hecho, un pésimo dictador: le faltó matar, le faltó torturar, le faltó robar bebés.

Como dictador le faltó, le faltó mucho y le faltó tanto que hasta parecía un demócrata.

Decían también que Chávez era un enemigo de la libertad

Sí, también decían eso. Lo dijo Pedro Carmona urbi et orbi, en prensa, radio y televisión. Lo dijo fuerte y lo dijo claro. Lo dijo dentro y lo dijo fuera de Venezuela: lo dijo con toda libertad. De hecho, lo dijo con la misma libertad con la que pudo organizar un golpe de Estado en 2002 que triunfó por 48 horas hasta que fracasó. En México, las críticas contra Hugo Chávez por su desprecio por la libertad suenan extrañas, incluso, interesadas en peor de los sentidos. Si es la preocupación por la gravedad de las restricciones a la libertad y por el acoso a la prensa, entonces ¿por qué no es sino un puñado de reporteros los que critican con igual dureza y justicia al gobierno venezolano que al mexicano? La democracia en México es más letal para la prensa que la “tiranía” venezolana: México se levanta como el país “en situación de paz” número uno en mortandad periodística –sólo superado por Siria que padece una guerra civil. Si es la preocupación por la gravedad de la restricción a la libertad de información entonces las baterías de los críticos deberían dirigirse, en primer lugar contra México. Pero no es así, al menos, no para la mayoría de quienes han convertido al régimen venezolano en una diana de tiro: en la mayoría de los casos sus ataques son producto de la fobia, el odio y la ira, más no de la observación, el juicio y la inteligencia.

En todo caso deberían voltear hacia Colombia donde un puñado de oligarcas se han tomado la libertad de construir una “democracia” en la que se reparten puestos y prebendas, poderes, potestades y presidencias desde hace cien años. ¿Más libre Colombia que Venezuela? Sí, tal vez, si por libertad entendemos el imperio de feudalismos propios del siglo XVII que no del siglo XXI.

“Chávez es conflictivo” decían otros

Sí, lo acusaban violentar la armonía de la comunidad internacional. ¿Pero quién es la “Comunidad Internacional”? ¿Las naciones del mundo? ¿Las mismas que guardaron un minuto de silencio en conjunto y por separado tanto en el Consejo de Seguridad como en el Consejo de Derechos Humanos en el seno de la Organización de las Naciones Unidas? ¿Esa es la “Comunidad Internacional” para la que Hugo Chávez era conflictivo? No parece. Y era conflictivo entonces ¿por qué decenas de jefes de Estado acudieron a su funeral? ¿Y conflictivo? ¿Cómo puede ser conflictivo el gobierno que alentó como ninguno la integración latinoamericana? ¿Cómo puede ser conflictivo el gobierno que buscó no sólo la integración de los hermanos, sino también la construcción de una casa común? Estructuras como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), proyectos como TeleSur e instituciones como el Banco del Sur deben mucho de su origen y no poco de su desarrollo al difunto presidente venezolano. Si la medida de la conflictividad es la falta de cooperación y solidaridad, Hugo Chávez Frías fue un mal factor de conflicto, de hecho, un pésimo factor de conflicto: le faltó destruir la cooperación regional, le faltó cortar lazos de solidaridad, le faltó socavar el espíritu latinoamericanista.

Como factor de conflicto le falto, le falto mucho y le falto tanto que hasta parecía un factor de paz.

“Es un demagogo, un populista”-decían

Veamos. La Real Academia de la Lengua Española ofrece dos significados para Demagogia.- “Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular” y “Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos tratan de conseguir o mantener el poder.” Y aunque no reconoce el término “populismo” sí ofrece una definición escueta de “populista”: “Perteneciente o relativo al pueblo.” ¿Y luego? Luego lo que tenemos es que en mayor o menor medida, la demagogia es consustancial a la política ¿o es que existe alguna excepción? De Jesucristo a los Papas pasando por Gandhi, no hay excepciones en el horizonte: demagogo no era Chávez, demagogos eran –y son- todos los políticos, y entonces ¿por qué ensañarse con el venezolano? En todo caso la degeneración de la democracia que representa la demagogia, paradójicamente, sólo podría contenerse de un modo: siendo fiel al pueblo y sus mandatos, es decir –siguiendo la definición de la Real Academia de la Lengua- siendo del pueblo o estando en relación estrecha con él, en otras palabras: siendo “populista.” Así, si bien Chávez era demagogo como son todos, también era un hombre del pueblo y para el pueblo como no lo es ninguno.

¿Demagogo? En política la demagogia no es la excepción sino la norma. ¿Populista? Sin duda, pero más que populista, Hugo Chávez era popular en todas y cada una de las seis definiciones que da al término la Real Academia de la Lengua.

De Hugo Chávez decían mucho y decían de todo, que era malo, que hacía daño, que estaba loco… todas eran falsedades.

Hugo Chávez parecía un demócrata porque lo era y parecía un factor de paz porque lo era. Demagogo no era más que los demás pero a diferencia de muchos –que no de todos- era populista, popular, gente del pueblo pues.

Él que tanto luchó por la independencia de América, murió el 5 de Marzo de 2013, exactamente el mismo día en que 243 años antes -en 1770- iniciara la independencia de los Estados Unidos.

¿Una ironía de la historia? No, no es una ironía, es un comienzo.

Pd.- Desde la cárcel y hasta su muerte, Hugo Chávez no tuvo un amigo intelectual más sólido, más sincero, más sensible y más sencillo que Heinz Dieterich.

Correo: [email protected]

Twitter: @fmontielt

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