Basta de festejos compatriotas, presidente Maduro

La línea divisoria con Chávez y sin Chávez se reflejó en estas últimas elecciones, el pueblo, unos 2 millones de ellos o votaron por Capriles o simplemente no asistieron a votar como lo hicieron por Chávez en octubre. No hay mascaras que puedan ocultar esta verdad como tampoco hay tiempo para seguir dilatando principios y conceptos definitivos de la revolución que queremos. Nos estamos acostumbrando a vivir junto a los demás no con los demás como miembros de una comunidad revolucionaria para juntos garantizar seguridad y desarrollo económico-social.

Está claro que después de la muerte del camarada Chávez, este tipo de democracia trabajadora, sufrida, alegre, fiestera, bromista y llena de máscaras no puede continuar, no se trata de vivir con el bostezo o con una rigurosidad de convento, pero, tampoco, podemos seguir vendiendo fantasías que hacen de la revolución un circo que llena plazas y avenidas como si fuera un rito taquillero, divertido y hasta tonto porque nos hacemos los pendejos cuando la inseguridad nos orina encima y la inflación, especulación, acaparamiento, conspiración, desestabilización, nos baña con el habito de la costumbre.

No podemos seguir con la mascarada para ocultar estas enormes verdades, no hay más chance, o ayudamos a Maduro a resolver los problemas de violencia, inflación e industrialización en este periodo o nos vamos al carajo con la revolución porque el país no puede ir de recuperación en recuperación económica cada vez ni tratar con paños de agua tibia al imperialismo y a otros países declarados enemigos de Venezuela.

El venezolano es un pueblo acostumbrado a los triunfos en las urnas, perdimos en el referéndum del 2007 pero estaba Chávez, de ninguna manera pretendo descalificar a Nicolás, mis escritos en Aporrea lo demuestran, tampoco, esta situación puede tomar un giro religioso, encender velas y esperar el milagro de la resurrección porque no se va producir, tenemos una Venezuela petrolera endeudada e insegura cuyo pueblo esta acosado por las duras cargas de la violencia y de la inflación que los festejos ni las revelaciones solucionan.

Lo grave es que se convoca al pueblo a otra fiesta, a festejar el triunfo, quienes convocan a estas fiestas o pecan de frivolidad o son muy bromistas y son funcionarios que enfrentaron duras verdades con Chávez, gente del tren ministerial y del Buro, bueno, hoy estamos en una situación económica, social y política grave, no hay más tiempo para los sueños revolucionarios, tenemos que ofrecer resultados y hechos a la sociedad resolviendo los problemas de pobreza, inseguridad, falta de industrias pesadas, livianas y seguridad alimentaria.

No quisimos prepararnos para el chavismo sin Chávez, llego el momento y es una gran verdad lo que paso el 14 de abril, los chavistas y los revolucionarios no debemos continuar como una gran multitud de resultados electorales, debemos unirnos con moralidad y libertad en una relación colectiva con orden social y autoridad para imponer las leyes que se traduzcan en sanciones eficaces para quien no quiera desarmarse como un paso para combatir la inseguridad.

Para combatir la inseguridad no basta desarmar a más de 400 grupos que desean entregar las armas, este proyecto debe ser integral porque está relacionado con las drogas, alcohol, lavado de dinero y mejoras carcelarias, es toda una cultura por cambiar. Se trata de otro sistema de orden cultural-educativo en el que también influyen las normas morales y éticas, interiorizadas con el sentido de culpa para establecer otro orden social dado por la experiencia de estos años de revolución de normas prácticas colectivas que ahora deberán ser más positivas para resolver el tema de la inseguridad.

O nos preparamos para revolucionar sin Chávez o las milicias no serán suficientes para detener a la CIA reclutando militares para conspirar al lado de la oposición, y, nuestros funcionarios en los ministerios, gobernaciones, alcaldías, partido, no pueden imponer el silencio como norma de gestión porque se acercan elecciones y otros pretextos más, los resultados del 14 de abril nos dice que ganamos porque hay un pueblo que cree en Dios, recibió a Chávez en el cielo y es revolucionario – chavista.

Nicolás, está en sus manos seguir con este tipo de revolución que marca la vida por los logros sociales y las obras publicas, la violencia, la inflación y la falta de soberanía alimentaria, con un pueblo habitado, con excepciones, por seres relajados, dispendiosos y ansiosos de nuevos espectáculos en las calles y plazas donde también se resuelve la suerte de la revolución, si de enfrentar a la oposición se trata.

El socialismo no existe más que en el sentido de que todos somos muy semejantes en aspectos fundamentales para luchar por la igualdad de oportunidad y que el habito del lenguaje y el cambio importante de ideas incrementa la creatividad para mejorar el producto social logrado, gracias también, a la experiencia que supera los caminos andados por la convergencia de propósitos humanos y la exigencia de cooperación mutua que proporciona orden, clasificación y definición, sin ellos la experiencia revolucionaria es superficial.

Nuestro conocimiento de la validez de la revolución con Chávez y Maduro, es sencillamente la conciencia de nuestros modos fundamentales de obrar y de nuestro propósito intelectual al servicio de un cambio, sin ellos, el conocimiento es imposible, es en este campo donde deben encontrarse todas las verdades para sacar a Maduro adelante.

Considerando las condiciones específicas energéticas y esta rica experiencia chavista, este pueblo Nicolás, necesita crear su propia industria pesada y agroindustrial que será de una gran ayuda económica y cultural.

Los triunfos del chavismo reafirman la justicia revolucionaria para la región, lamentablemente, estas victorias no son todavía decisivas porque la patria está cercada por el imperialismo que busca restablecerse en la región.


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Raul Crespo


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