Nuevo arte de vivir

El Estado comunal y revolucionario supone un espacio alternativo de construcción de una ciudadanía otra, partícipe y activa; espacio donde no haya distancia entre la potencia creadora de la Multitud, por una parte, y los discursos institucionales y no institucionales, por otra; donde tenga lugar otra habla y, si es preciso, otra lengua como soporte de nuevas prácticas, para ir hacia la metamorfosis, paso necesario para parir ese nuevo Estado que tanto pregonamos.

Todo ello implica la diferencia que construye la nueva hegemonía de la cultura constituyente, donde otra habla y otra lengua hagan posible el otro Estado. ¿Tarea imposible? Bien valdría la pena, en términos estético-políticos, la apuesta ética, para seguir siendo fieles a una postura revolucionariamente realista, en los términos de aquel 6 de diciembre de 1998, aspirando a lo imposible, soñando por la democracia directa y protagónica, para así ganar las primeras elecciones con el Comandante eterno Hugo Chávez.

Desde esta perspectiva, se apuesta a que lo político se fortalezca mediante referentes concebidos desde la nueva subjetividad del poder constituyente, que permitirían pensar la política, pensar el Estado y, sobretodo, pensar el mercado desde lo social. Es decir, desde un cuerpo de problemas comunes a otra civilidad, cruzados por la necesidad democrática de la formación de una voluntad política que haga cuerpo en la cultura cívica como práctica cotidiana de un nuevo arte de vivir.

Haciendo énfasis en la construcción de una democracia sustentada en la diversidad y el disenso creador de nuevas formas de socialidad, de nuevas formas de compartir juntos, desde una nueva generación de valores que haga coincidir principios y prácticas revolucionarias, todos los días, lo que significa siempre nueva institucionalidad desburocratizada, refundada una y otra vez.

Se trata de hacerse cargo de las irresolubles e irreductibles diferencias y tensiones que atraviesan la forma de vivir juntos y romper con la mitología de la comunidad idéntica a sí misma. Lo que invita a escarbar en una idea de comunidad amigable que pueda leer lo posible y lo imposible, construyendo el devenir como reivindicación de la potencia, como interrupción del mito asociado al pensamiento de lo Uno, a favor de la irreductible pluralidad.

Es de esa forma que el socialismo del siglo xxi y el ejercicio del Estado comunal empieza a definirse. Eso resalta, al lado del trabajo inmaterial, de la subjetividad libre, de la producción común, la expresión de un proyecto político de construcción colectiva de la productividad y la igualdad. La renta garantizada por el trabajo social representa la forma en la que el socialismo se manifiesta hoy en día en la base de la productividad del trabajo colectivo y la comuna comienza a materializarse.

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