La Revolución Bolivariana necesita servidor@s públicos humanistas
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El Humanismo Bolivariano, como bien es sabido en el planeta entero, rescata la dignidad del ser humano en todos los ámbitos de la vida, pero en esta oportunidad, no quisiera hacer alarde –en buen modo- de nuestra realidad como parte de este proceso político que cada día más se materializa con la contundencia de la justicia social y el amor en sus diversas dimensiones, más bien quisiera desde la crítica constructiva plasmar algunas ideas, que más que ideas son sentires transformados en preocupación por la hostilidad de la convivencia en algunas instituciones públicas, las cuales evidentemente son contradicción pura en lo que se viene profesando durante todo estos años.

Quienes creemos en el Gobierno Revolucionario y además somos servidoras y servidores públicos, tenemos la estricta misión de cumplir a cabalidad con acciones congruentes inspiradas en los valores de solidaridad, respeto y ejemplo para con nuestro entorno laboral, más allá de que con quienes compartamos nuestro día, comulguen o no con la ideología socialista. Nosotros como trabajadores y trabajadoras de esta inédita forma de encarar el contexto político, social, económico y cultural mundial (especialmente el latinoamericano), debemos actuar desde los espacios institucionales con profunda devoción por lo que construimos, y eso implica partir desde la paz hacia sí mismo y hacia el otro, implica hablar menos y hacer más, implica huirle a la miseria ancestral de las bajas pasiones de la mujer y del hombre envidioso, hipócrita, mal intencionado, resentido, calculador y capaz de mentir en nombre de lo que para bien cree juzgar.

Compañeros nos urge desligarnos de vociferaciones absurdas, cuando creemos que al vestir con camisas del “Libertador”, el “Che” entre otros héroes latinoamericanos (aclaro que no estoy generalizando), somos más creyentes y auténticos con nuestros ideales. Venezuela requiere de servidoras y servidores públicos que hagan y marquen la diferencia desde una permanente y franca actuación basada en el saber vivir en colectivo. Compañeros recordemos que somos la actual referencia en el globo de lo que significa aterrizar las utopías no sólo con sellos de racionalidad, sino también con toneladas de corazón, ese mismo corazón con niveles desbordados de humanismo que mantiene viva a la Revolución Bolivariana, liderada por uno de los más grandes humanistas que haya parido esta “Patria Grande”, Hugo Rafael Chávez Frías.

Voces a favor y en contra de esta gestión gubernamental comentan de manera irónica y con resignación (más triste todavía), que las trabajadoras y trabajadores públicos continuarán siendo los flojos, mal encarados y alienados de siempre, que solo sirven para esperar el quince y último. Sin embargo, somos más las servidoras y servidores públicos dispuestos a desechar señalamientos que rayan en la pobreza mental al enfatizar que siempre será posible la transformación de la conciencia del ser humano, que siempre habrá lugar para la sana convivencia, siempre y cuando nos deshagamos de falsas pretensiones y agudicemos nuestro sentido social.

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