Lenguaje y Revolución
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Existe un hecho político vinculado al lenguaje, vivenciado en este proceso, que es, conjuntamente, por un lado, la creación de nuevos términos, y, por el otro, la actualización y redención de un conjunto de categorías, propias de la historia del socialismo, las cuales, y que luego de la caída del muro de Berlín, se consideraron  gastadas y traicionado su uso. La llamada izquierda, así como le dio pena, en su momento, escuchar boleros y se burlaba si algún camarada que tuviese una bandera de Venezuela en su casa; de igual manera,  no utilizaría términos como: revolución, proletarios, imperialismo, lucha de clases, cultura popular, dependencia y así entre otros muchos. Esa izquierda anda de golpes de pecho por haber enarbolado las categorías de materialismo histórico. Un arrepentimiento político los tomó por asalto. Intelectuales, políticos y demás especímenes se convirtieron en “conciencias siervas de la norma y el capital”. La contrición los lleva a la servidumbre teórica y social. Su plusvalía ideológica enriquece al neoliberalismo. En el confesionario del postcapitalismo “unos entregan la palabra popular, otros depositan el término social o se despojan de su condición cristiana, otros más abdican su atributo socialista, y nunca falta alguna que se desprende , rojo de vergüenza, el rótulo marxista”(Benedetti, 1999).

Una de esas categorías,  en desuso forzado, fue el término imperialismo. Todavía evocamos no sin emoción, la II Declaración de la Habana: “El resumen de esta pesadilla que ha vivido América, de un extremo a otro, es que en este continente de casi doscientos millones de seres humanos, formado en sus dos terceras partes por los indios, los mestizos y los negros, por los «discriminados», en este continente de semicolonias, mueren de hambre, de enfermedades curables o vejez prematura alrededor de cuatro personas por minuto, de cinco mil quinientos al día, de dos millones por año, de diez millones cada cinco años… Mientras tanto, de América Latina fluye hacia los Estados Unidos un torrente continuo de dinero: unos cuatro mil dólares por minuto, cinco millones por día, dos mil millones por año, diez mil millones cada cinco años. Por cada mil dólares que se nos van, nos queda un muerto. Mil dólares por muerto: ese es el precio de lo que se llama imperialismo: ¡Mil dólares por muerto, cuatro veces por minuto”! (Castro Ruz, 1962)

Esta enseñanza, contundente, nos quedó como  impronta para comprender  la dimensión práctica de lo que significaba el imperialismo pero en los intelectuales y políticos, incluso académicos y demás guelefritos, una vez caída la Unión Soviética se produjo “el abandono de los principios y prácticas revolucionarios-cuyo fundamento esencial reside en la crítica y lucha contra la dominación mundial del capital-se ha hecho a cambio de plegarse a todo aquello que precisamente Marx y los revolucionarios de los últimos 150 años han criticado: el fetichismo de la mercancía, la alianza descarada con los poderosos, con la dominación imperial, con la hegemonía del capital y con los cultores de la muerte” (Vega Cantor, 1999).

El imperialismo se expresa en las 1.074 bases militares en no de 132 países del mundo. Un costo de 250.000 millones de dólares anuales.  EE.UU gasta 450 millones de dólares diarios en la Ocupación de Irak y además posee 8 mil cabezas nucleares activas y usables, de las cuales 2 mil se encuentran en disparadores listas para ser lanzadas 15 minutos después de una advertencia.

En la revolución venezolana se ha redimido la categoría para, en estos nuevos campos de batalla, “luchar contra el imperialismo donde quiera que esté. Ello reconforta y cura con creces cualquier desgarradura” (Che Guevara, 1967). El imperialismo, fase superior del capitalismo, que dijera Lenin, “puede despilfarrar millones en una sola bomba… y la clase dominante, los billonarios, que obtienen beneficios del sufrimiento humano, sólo se preocupan en expandir su riqueza, en controlar la economía mundial…” (Prisner, 2009). Las palabras no son inocentes menos neutras. Que este aprendizaje sea praxis revolucionaria: “luchamos contra la miseria pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación” (Che Guevara, 1963).

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