O se toma la sartén por el mango o la especulación nos aniquilará
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Durante los catorce años de revolución, El estado ha tratado de transformar el modelo económico venezolano, pero todos sus esfuerzos han sido infructuosos debido al sabotaje constante y permanente provocado por la burguesía criolla, unido a las erradas medidas tomadas por los entes encargados de impulsar esta transformación.

Nuestra dirigencias ha brindado un enorme abanico de oportunidades al sector privado, llamado por muchos de nuestros ingenuos integrantes de las instituciones del estado, sector productivo; ventajas que han aprovechado estos pacman de la economía para comer, tragar y enriquecerse de manera desmedida, sin importarle el pueblo y mucho menos creer en un supuesto socialismo.

Los entes encargados de regir los destinos económicos de la Nación, sueñan que los mal llamados industriales, se aboquen al desmontaje del sistema económico capitalista imperante, ¡por Dios!, ¿en cabeza de quien puede caber, que los mismos capitalistas coadyuven a cambiar los medios y modos de producción?

Nos encontramos en una batalla entre dos concepciones, dos modelos, dos maneras de pensar y actuar, donde ellos no han estado, no están no estarán dispuestos a conceder ni un milímetro de terreno que hoy poseen, ellos han sabido sacar buen partido a cada acto de confianza que el estado les ha otorgado.

Los seudo empresarios de este país, que realmente son comerciantes especuladores, han aumentado por tres sus haberes y ganancias, sin embargo continúan creando la matriz de opinión de que estamos en presencia de una dictadura, oculta, pero que les permite decir lo que les place, además de continuar ahogando al pueblo. Sin embargo aun existen algunos personeros del gobierno que piensan que con ellos se puede construir el socialismo del siglo XXI.

Simón Rodríguez lo dijo después que se logró la independencia de gran parte de Suramérica: ya se alcanzó la revolución política. Ahora, para que ésta se perpetúe, debemos lograr la revolución económica. En nuestro caso es igual, aun no hemos alcanzado la económica y créanme que en alianza de estos demonios, nunca la alcanzaremos.

Debemos cambiarlo todo: copiar seria errar. Esto incluye al modelo educativo. Que se convierta en un sistema de liberación, que consagre al trabajo como labor esencial para el desarrollo de la sociedad, donde se aprenda un nuevo modelo de producción. Que desaparezca la competencia y la incitación al consumo y donde la producción se plasme de acuerdo a las verdaderas necesidades de cada comunidad.

Para esto se hace necesario que se cree una institución que tenga la finalidad de formar al nuevo hombre y a la nueva mujer en un paradigma totalmente distinto paro el trabajo liberador, donde las relaciones de intercambios de bienes y servicios, sean basadas en la satisfacción de necesidades de su entorno sin depender del dinero. Sé que para muchos esto les sonará una locura, tal vez imposible. Pero si realmente deseamos profundizar el proceso revolucionario, deberemos cambiar las relaciones de producción, intercambio y consumo. De lo contrario, solo lograríamos una reforma en nuestro estado social de derecho y de justicia.

Hasta ahora, instituciones del estado como el INCES, solo ha cumplido el papel de formar mano de obra calificada para la empresa capitalista, donde se les explota y esclaviza durante toda su vida. Se hace necesario transformar su concepción y convertirla en un centro de formación para el trabajo liberador, donde además de ser capacitado en el área técnica, se debe instruir en el aspecto organizacional, contable, cooperativismo, investigación y nuevas formas de intercambio de la producción. Que el egresado pueda tener la capacidad de constituirse como unidad de producción sin depender de un patrón o del mercado, para lo que es indispensable contar con el apoyo del estado para financiamiento, dotación de materia prima, distribución y destino de la producción

Hoy, a 14 años de la llegada de la revolución, es inaudito que nos encontremos sumidos nuevamente en un nuevo sabotaje económico, propiciado por los llamados sectores productivos, donde la especulación, la escasez y el acaparamiento, son la estrategia usada, desde las grandes cadenas de distribución de alimentos hasta los amigos de la economía informal y pequeñas bodegas, quienes han olvidado que ellos también son parte de ese pueblo que nuevamente es agredido, y se convierten en su propio verdugo.

El sabotaje es tan grande que ha provocado una inflación artificial, afectando gravemente el presupuesto de las familias populares, al aumentar hasta en un cien por ciento los artículos de primera necesidad. Lo peligroso de esto es que los mismos especuladores y partícipes de esta conspiración, alegan que es el gobierno el único responsable de lo que está aconteciendo.

Los entes del estado encargados de la importación, comercialización y distribución de los productos de primera necesidad, deben demostrar por qué están ocupando esas direcciones. Dejar la conciliadera, negociadera y dialogadera con esa derecha golpista y asumir de una vez por todas esta problemática, tomar el control de la distribución y comercialización de los productos y abarrotar el mercado de alimentos. Así, solo así, se le dará un duro golpe a las mafias que aun se encuentran enquistadas en la economía venezolana, y cuando digo tomar el control no me refiero a los famosos megaoperativos de comercialización de alimentos que solo benefician a los más vivos. Me refiero a colocar camiones de alimentos en cada barrio, en cada comunidad, en cada sector popular, que es donde se encuentran los que más necesitan estos alimentos, y ojo, no hablo de que se regale nada, ya el pueblo tiene como adquirirlos, pero sí que se les permita acceder a ellos sin que sean objeto de la especulación y el robo.

¿Por qué seguir engañándonos? Hasta ahora el sector privado no ha cumplido con su rol, por lo que si el gobierno tiene la capacidad de importar y distribuir productos de primera necesidad, pues que lo haga.

Así que, Estado: toma ya la sartén por el mango y destroza el golpe que se encuentra en acción.

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