La bofetada que la geopolítica le ha dado al Estado colombiano

La palabra geopolítica está asociada a las rivalidades de poder en el
territorio por el control de sus recursos y sus habitantes. Puede ser
tomada como la expresión de una realidad concreta o como el estudio de esa
realidad. Ayuda en gran medida a la compresión de los acontecimientos
sociopolíticos a escala local, regional, nacional, continental o mundial.

A propósito de ello, quiero referirme en este corto escrito, a la
bofetada que la geopolítica le ha dado al Estado colombiano. Me explico:
resulta ser que la clase política dirigente del Estado colombiano, siempre
ha sido percibida como muy ilustrada y formada en el campo
jurídico-político. Sus presidentes, cancilleres y ministros, han dictado
cátedra en ese sentido. Un buen ejemplo es la dulce y cándida María Ángela
Holguín, actual Canciller del gobierno que preside Juan Manuel Santos.

El caso es que, la dirigencia política del Estado colombiano, muy
especialmente la de los dos períodos de gobierno de Alvaro Uribe, nunca
quiso reconocer plenamente el carácter beligerante de las fuerzas
insurgentes colombianas FARC-EP, como expresión de una realidad
geopolítica concreta, es decir, como expresión de las rivalidades de poder
por el control del territorio colombiano. Al día de hoy, la realidad
geopolítica ha llevado a la dirigencia del Estado colombiano, a tener que
sentarse en la mesa de negociaciones, para decidir con las FARC-EP, el
futuro de la sociedad colombiana.

Simultánea e irónicamente, ante el fallo de la Corte Internacional de
Justicia, que otorgó soberanía a Colombia sobre un territorio
archipielágico lleno de gente y sin recursos, mientras que a Nicaragua le
concedió soberanía sobre un territorio marítimo inmensamente rico en
recursos, la dirigencia política del Estado colombiano se ha olvidado de
lo jurídico y se ha colocado en el plano del razonamiento geopolítico,
para desacatar el fallo de la máxima instancia de aplicación del derecho
internacional. Es decir, la geopolítica le ha dado una bofetada y le ha
dicho: tómenme en cuenta, porque la realidad sociopolítica es dinámica y
cambiante, y se dilucida en el territorio.

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Alfredo Portillo


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