La tragedia árabe

Ser fruta deseada por los imperios parásitos ha sido una tragedia para la nación árabe.

Haberse establecido sociedades estratificadas y autoritarias, basadas en segmentaciones religiosas y de castas, es una tragedia para el pueblo árabe.

Tener unos liderazgos déspotas con su gente, mezquinos en lo social, avaros en lo económico y serviles a los imperios, es la peor tragedia del mundo árabe.

Son más de doscientas millones de personas en un territorio de más de doce millones de kilómetros cuadrados, divididos en veinticuatro países, contando al Sahara Occidental (ocupado por Marruecos, país árabe) y Palestina.

Turcos, ingleses, españoles, italianos, franceses, gringos e israelitas se han paseado y pasean por ese amplio país que va desde el Sahara hasta Yemen. Siempre saqueando, siempre dividiendo.

Los señores feudales y burgueses árabes son expertos en lamer la mano del invasor. Cada uno buscando acomodarse en el lado más cómodo que le permita el patrón de turno.

Esa actitud farisea es la que mantiene a Palestina bajo el yugo sionista, sufriendo un genocidio sistemático, que más luego avanzará sobre Líbano y Jordania. Eso está previsto en el plan imperialista del que Israel es punta de lanza envenenada.
El descuartizamiento de la nación árabe, impuesto a través de la fragmentación de conciencia, donde la sumisión, la desconfianza, el egoísmo, son minas antipersonales sembradas para destruir la necesaria unidad, es la gran tragedia árabe de estos tiempos.

Libia desapareció de las noticias, sólo la imagen martirizada de su líder Gadafi quedó como “escarmiento” de los que se atrevan. Siria es la nueva presa del mercenarismo sediento de sangre con dólares.

La llamada “primavera” fue truncada por los mismos intereses oligárquicos, y ya la marchitez precoz la hace ver como un otoño prolongado.

Mientras, Palestina, con los colmillos de la bestia clavados en su yugular, tiene que vivir aún demasiados tormentos. Es injusto, y es motivo para revelarse contra este mundo absurdo.

Con Chávez en ristre y venciendo, por la gloria vivida y las victorias por venir.

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