El que se va...

El que se va no es un diciembre cualquiera… Hace 90 años atrás, el 29 de diciembre de 1922, por decreto firmado por los representantes de cuatro Repúblicas (Rusia, Belorusia, Ucrania y Transcáucoso) se formó un país, un poderío, una nación, una noción y un sentimiento: la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas; la URSS, la Unión Soviética, pero para nosotros, nacidos allá, solo la Unión.

Extrañamente, esa fecha pasaba desapercibida no solo para el mundo, sino, para nosotros, los soviéticos. Situación curiosa, porque, si bien la Revolución de Octubre tuvo su percusión en el Mundo, la primerísima es la creación misma de la URSS, porque las demás solo son las consecuencias de ese hecho. Pero vamos… no es este el tema del que quiero hablar…

Pertenezco a la última generación de los nacidos en la URSS. Vivimos la decadencia de los tiempos del zastoy (estancamiento) de Breznev, los intentos de reformas de Andropov, el marasmo decrépito de Chernienko, la Perestroika de Garbachov (con y sin Glasnost’), la ausencia de Estado con Yeltsin y ahora, los tiempos “gloriosos” de Putin. Probablemente, somos la generación que más contradicciones padece (bueno, algunos padecemos, otros, ni cuenta se dan) en cuanto a la Unión como noción y sentimiento patrio. Las generaciones anteriores a nosotros, qué duda cabe, guardan la identificación sublime con un país que posiblemente nunca existió, pero no por eso deja de ser justo, hermoso, valiente, solidario, noble, prospero y cualquier cantidad de etcéteras, todas excelsas, en su imaginación. Los que vinieron después de nosotros poca idea tienen sobre de qué demonios se trata y tampoco les interesa, por lo que puedo ver. Y en el medio estamos nosotros, los de sentimiento encontrado, los que vimos y vivimos su fealdad dentro de nuestras necesidades insatisfechas y no exactamente materiales. El país de nuestros dolores más profundos y amores más sublimes, país de nuestras esperanzas y de anhelos ahogados en los tragos, país alcoholizado de caras desfiguradas por las riñas borrachas, país de Pushkin y Lermontov, de Tolstoy y Dostoevsky, de Mayakovsky y Maldeshtam, de Ajmátova y Tscevetaeva, de los Tarkovsky (padre e hijo), de Bajtín y Berdiaev, de Bakunin y Stalin, de Guardias Roja, Blanca y Negra, de Gagarin y Tereshkova, de Sajarov y Kalashnikov, país de los rusos, moldavos y de 150 nacionalidades más… la Unión Soviética… país de la unión de cosas imposibles, por su belleza y su fealdad, por su brillantez y su brutalidad, por su monumentalidad y su pequeñez, que pugnan dentro de nuestras almas y por nuestras almas.

Hoy brindaré por la URSS, por todo lo que fue, por todo lo que no pudo ser y por todo lo que no quiso ser… pero sobre todas las cosas, brindaré por mi Patria, la Unión… y como quisiera hacerlo con el champán de marca Sovetskoe, el que solíamos comprar por tan solo 5 rublos 50 kopeks.

SALUD!!!

http://www.youtube.com/watch?v=vT2_fhx7r5o

P.D. No hace falta la traducción de las letras de la canción, las imágenes hablan por sí solas. La canción se llama Patria.

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