Camaradas: asesinaron a Chris

Hay un dicho que dice “Quien a hierro mata, a hierro muere”. Por supuesto, que no siempre se cumple con la rigurosidad del dicho. Toda muerte violenta sigue siendo un dolor de cabeza para la humanidad. Las clases sociales no pueden concebirse sin ese luctuoso hecho. El tiempo, ya prolongado en el género humano, comienza a exigir cambios de rumbo que conduzcan a la humanidad a un régimen de vida donde el asesinato no tenga ningún espacio ni motivo para materializarse. La burguesía, por supuesto defendiendo sus leoninos intereses económicos, tuerce la terquedad de su obsesión de gobernar eternamente y por eso la guerra le resulta la moneda que más dinero le produce. La muerte, lógicamente, forma parte de la guerra, pero el crimen abominable rompe con toda “ética”  y “moral”  de las manos que disparan las armas y, también, de los gobiernos que los envían a cometer sus tropelías. Toda muerte que se produce por la acción de un impostor que trata de dictar obligatoriamente el destino a otros pueblos, es un crimen abominable. Lamentablemente, el proletariado de las naciones imperialistas también ha torcido su deber de clase y en vez de derrocar a la burguesía, la sostiene aferrándose a banderas de reformismo y hasta de revisionismo de su doctrina.

         Ha muerto el criminal más querido y respetado del militarismo y de la política intervencionista del imperialismo estadounidense. Fue asesinado el terrible francotirador Chris Kyle. A hierro mató muchos, muchísimos. Se cree que fueron alrededor de 255 sus víctimas. Pero a hierro también murió. Fue archiconocido Chris por sus disparos certeros. Se podría decir que donde ponía el ojo ponía la bala o, mejor dicho, donde ponía la bala no era necesario que pusiera el ojo. Se ganó notables y tristes seudónimos, tal como: "el diablo de Ramadi"  por la cantidad de asesinatos que cometió en Irak. Pero, está demostrado, un asesino de la calaña de Chris Kyle, también tiene sus sentimientos aunque en su mínima expresión. Abandonó sus andanzas de francotirador por amor a su esposa, es decir, para no perder su matrimonio. Seguramente su mujer y sus dos hijos ya no querían seguir viviendo con esa terrible pesadilla de ser los familiares más queridos del asesino. Dato curioso: con sólo 35 años de edad ya llevaba esa enorme cantidad de asesinatos. Para el Gobierno estadounidense, Chris era un defensor de la democracia, de la libertad y de la paz. Terrible drama para la mente “humana”.

         El perverso quiso hacer de sus crímenes un bets sellers. Tal vez, para que el mundo, especialmente el opositor al régimen imperialista, supiera que con los intereses de los monopolios de Estados Unidos, repartidos por el planeta enriqueciéndose ellos pero arruinando naciones enteras, no osen desafiarlos. Escribió un libro titulado “American Sniper” (Francotirador americano), donde narra sus andanzas muy superiores, por ser reales, a las de Rambo. Se jacta de decir que sólo en Faluya se llevó en los cachos a 40 personas. Sin embargo, Chris jamás se desvinculó de sus actividades criminales y creó su propia empresa donde adiestraba a francotiradores para que fueran a asesinar personas que, tal vez, nunca han tenido ni un sí ni un no con las autoridades estadounidenses.

         El Gobierno de Estados Unidos, como toda la sociedad estadounidense, sabe que de hacer tantas guerras fuera de las fronteras de su país, muchísimos de sus mandos y soldados han sufrido y sufren de serios trastornos mentales con mucho acento en las reacciones violentas. Muchos de los crímenes horribles que se cometen en Estados Unidos, sus autores han tenido participación activa en guerras fuera de su país y han vuelto condecorados de traumas sicológicos. Precisamente, quien dio muerte a Chris es, también, un veterano de la guerra de rapiña y del terrorismo de Estado. La ciencia, es decir, la siquiatría ya le encontró un diagnóstico ideal para apaciguar ánimos y no escandalizar demasiado a la sociedad estadounidense. El asesino de Chris sufre del síndrome de stress post traumático. ¡Vergación!

         Como carezco de conocimientos sobre siquiatría y de sicología profesional, busqué en internet el significado de stress post traumático. Encontré lo siguiente: “es un trastorno psicológico clasificado dentro del grupo de los trastornos de ansiedad. Se caracteriza por la aparición de síntomas específicos tras la exposición a un acontecimiento estresante, extremadamente traumático, que involucra un daño físico o es de naturaleza extraordinariamente amenazadora o catastrófica para el individuo”. No faltaba más: ¿qué se puede esperar de una persona que asesina y asesina a nombre de unos intereses que no son los de él, pero los gobernantes que los envían a asesinar los premian haciéndolos verse como los verdaderos ídolos de la justicia, la libertad y la paz? Es difícil pensar que los restos de Chris Kyle vayan a vivir en paz en una sepultura y, mucho menos, en un cementerio de Estados Unidos por mucho Estado imperialista que sea su guardián.


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Freddy Yépez


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