Chávez, Correa y la situación mundial

Uno de los elementos característicos (entre otros) del ex -presidente Hugo Chávez, fue su profunda visión estratégica y geopolítica de la realidad mundial y nuestramericana. Lo demostró rápidamente cuando convocó a la Asamblea de la OPEP en Caracas para agosto de 2000, que hizo posible la articulación de los países miembros para recuperar los precios del petróleo en el mercado mundial. Esa convocatoria estuvo precedida de una amplía gira por diversos países (Libia, Irak, Irán) entre otros que lo colocó inmediatamente como un elemento hostil a los intereses geopolíticos de los EEUU. Desde los inicios de la conspiración que llevo a la insurgencia cívico-militar de 1992, se planteaba la urgencia de definir una visión estratégica de la política exterior venezolana no dependiente en exclusiva de la posición e impulso de los EEUU, de forma tal que Chávez fue profundamente coherente con las posturas asumidas inicialmente.

El transcurso de los años, demostró esa coherencia a través de un acercamiento con Brasil y Argentina, en función de formar lo que denomino “la ecuación perfecta”, que permite agregarle a las potencialidades productivas, industriales y agrícolas de los gigantes del Sur, la capacidad y autonomía energética de nuestro país. Un valor agregado a esa ecuación, ha sido la articulación – en la mayoría de temas- en el concierto internacional, marchando cohesionadamente en función de posicionar a la América del Sur como un espacio geopolítico con identidad propia, tal como fue planteado por Bolívar, José de San Martín, José Carlos Mariateguí, entre otros. Esa articulación, quedó demostrada en el rechazo a la Alianza de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en la V Cumbre de las Américas, celebrada en noviembre de 2005 en Mar del Plata, Argentina. El impulso geopolítico, aunado al peso del denominado Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano, que ha generado cambios constitucionales importantes, devino en un conjunto de movimientos sociales y políticos que tuvieron como punto común el rechazo a la influencia neoliberal en las democracias de la región. Los triunfos de Evo Morales en Bolivia y de Rafael Correa en Ecuador, junto a las convocatorias de Asambleas Nacionales Constituyentes (ANC) para generar un nuevo marco constitucional así lo señalan. Por lo tanto, a la fórmula inicial ABV (Argentina-Brasil-Venezuela) hay que agregarle los índices BE (Bolivia-Ecuador). No obstante, la situación de impulso no resulta igual en todos los espacios de Nuestra América. Colombia, Perú y Chile tienen particularidades históricas y sociales que nos permiten entender sus posiciones actuales en el concierto de esta geopolítica latinoamericana no alineada a los intereses de EEUU. La permanencia de sectores con enorme tradición y poder, ligado a la estructura productiva agrícola (o industrial) que se han articulado con formas de poder político inmutables en el transcurso del siglo XX al XXI, nos permite comprender lo que ahí sucede.

La impronta de Chávez, en conjunción de esfuerzos colectivos-políticos con los demás presidentes de Nuestra América, se concretó en los instrumentos ejemplificados en la CELAC, UNASUR y la ampliación de MERCOSUR, con su fallecimiento, existe la impresión en sectores muy conservadores del sistema-mundo, que se vive una fragilidad en esta nueva articulación geopolítica. Por ello el impulso y el accionar de la Alianza para el Pacífico (ALP) que sobre la base de la vinculación comercial entre México, Colombia, Perú y Chile, se intenta articular otros espacios como Panamá, Nueva Zelandia, Indonesia, Australia, Uruguay, Paraguay. Todo ello, con tres objetivos muy claros: 1) debilitar la presencia (y acción) política de UNA>SUR y CELAC, afectando las condiciones de articulación tejidas por Chávez y continuadas por Nicolás Maduro; 2) Afectar la ecuación ABV (Argentina-Brasil-Venezuela) y 3) reducir la incidencia de China en los mercados económicos y los procesos políticos en Nuestra América. Todo ello acompañado de un relanzamiento de la Doctrina Monroe a través del Secretario de Estado Norteamericano John Kerry, quién nos volvió a definir como “el patio trasero de los EEUU”.

No hay que dejar de ver las acciones develadas de “seguimiento” y control del accionar en las redes sociales, que permite al Departamento de Estado y los organismos de seguridad disponer de miles de correo, mensajes que sirven de base para trabajos de “inteligencia”, obtenidos sin consentimiento de los afectados. En este escenario, las posturas de Rafael Correa han surgido como un autentico adalid de continuidad de la orgullosa defensa anti-imperialista y anti-capitalista sugerida por Hugo Chávez y Fidel Castro. El ofrecimiento de asilo por parte de Ecuador a dos sonados casos de infiltración sobre los mecanismos de seguimiento y vigilancia de los servicios de inteligencia norteamericano, como lo es el asunto Assange y Snowden, muestra la firmeza de las posiciones anti-sistema que representa Correa. Es un modelo de integración política, que no pierde de vista las circunstancias del sistema-mundo y el papel que podemos jugar, en términos anti-hegemónicos.

El autor es: Dr. Historiador

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