Binóculo Nº 99

Con palos y piedras

Quizás cuando está columna se publique, el mundo haya entrado en el estado de zozobra más perturbador de toda su historia. muchas Crisis hubo a lo largo de la historia. Ni siquiera es posible imaginar el terror que le despertó a los Europeos, cuando ya estaban convencidos de la que la Primera Guerra Mundial era inevitable. Debió ser lo mismo cuando se asomaba la Segunda Guerra Mundial. Más terror debieron sentir los polacos cuando escucharon los ensordecedores silbidos de los aviones Stukas mientras bajaban desde lo alto del cielo para bombardear los campos a la población aquel 30 de septiembre de 1939.

Tengo en mi memoria de bien alcanzado los cincuenta, la imagen de una película italiana sobre la Segunda Guerra Mundial. No recuerdo cómo se llama, pero hay tomas reales y escenas. Una de esas tomas reales nunca la he podido sacar de mi mente. Había miles de personas en una cola interminable abandonando una ciudad porque venían los alemanes. Era invierno, un crudo invierno italiano; llovía además. A un lado y a otro de la carretera por donde circulaban los vehículos aliados, también en escapatoria. Llevaban días de hambre, falta de agua, cansancio extremo, abrigados con trapos y harapos, se movían como autómatas en medio de barro y fango. Nadie velaba por nadie. En una orilla del camino había una mujer muerta tirada boca arriba, el bebé de escasos meses le había desabrochado la blusa y chupaba de aquel pezón de una teta que difícilmente lo amamantaba. Todos pasaban alrededor y nadie se detenía a recoger al bebé. Las crudas y memorables escenas del cine italiano; como la de aquel tanque de guerra americano que le pasa por encima a un ciudadano italiano que festejaba con ellos la liberación de Roma, narrado por Curzio Malaparte en su novela La Piel. O la de las madres vendiendo los niños varones a los soldados turcos porque a los turcos les gustan los niños. O la escena de aquella madre arrastrando los cadáveres de los dos hijos congelados en una película del cine ruso sobre la batalla de Stalingrado.

Posterior a la guerra mundial y la guerra de Corea, con la venida de los memorables sesenta, aparecieron los conflictos no declarados, como los de África o como los del mundo árabe, en donde por cincuenta o sesenta años, hemos visto las mayores demostraciones de desprecio a los seres humanos.

Ni hablar de la Guerra Fría, cuyos combates se dieron entre espías y en el sórdido mundo del espionaje, pero que el solo hecho de que dos bloques se amenazaran por tanto tiempo mantuvo a la humanidad en vilo. La aparición de una nueva era en materia de armas de destrucción, hacía la tragedia más latente.

Y cuando pensamos que el siglo XXI sería otra cosa, fuimos bautizados con la invasión a Irak con una excusa suficientemente demostrada como una mentira, pero pudiéramos decir es el principio de una nueva fase bélica mundial. Desde la destrucción literal de ese país y el asesinato de miles de sus ciudadanos, pasando por la destrucción literal de Libia y miles de sus ciudadanos, hasta lo que ocurre en estos momentos en Siria, la humanidad nunca había sentido más terror como ahora. Hay un ingrediente nuevo y mucho más peligroso. Ya no es Estados Unidos, Rusia e Inglaterra, quienes tienen armas nucleares. Hay nueve países más que se incorporan a ese club, incluyendo a la todopoderosa China que tiene al Big Brother agarrado por el cuello por su brutal deuda externa y su crisis económica.

La posesión de armas nucleares, determina situaciones que no es posible imaginar. Y la geopolítica es tremendamente compleja. Si cuando usted lea, ya Estados Unidos atacó Siria, pues debemos estar esperando el ataque de Irán a Israel y debemos estar viendo el movimiento de la panoplia militar china; pero también a los países europeos en movimiento, o a sus fuerzas armadas, porque no es descartable que en alguna parte del mundo, a alguien se le ocurra disparar un aparato de esos nucleares, incluso por un error de orden o un arrebato, o porque son seres humanos y se equivocan.

Por allá en el 2006, Israel bombardeó hasta el cansancio zonas palestinas y libanesas con el pretexto de que Hezbolla le había lanzado unos tumba ranchos. Fue uno de los actos terroristas más terribles de los tantos que hemos contemplados. Así estuvimos todos los seres humanos, viendo cómo el quinto país con las fuerzas armadas más poderosas del mundo, asesinaba sin piedad, incluyendo el uso de agentes químicos como el fósforo blanco, a mujeres, ancianos y niños. Una sola voz se alzó entonces, la del siempre recordado y admirado Hugo Chávez: “Debo decirlo, porque nosotros somos transparentes en esto. He ordenado retirar nuestro embajador de Israel, porque en verdad causa indignación ver como el Estado de Israel sigue atropellando, bombardeando, asesinando, descuartizando, con los aviones gringos que tiene y con el alto poder militar que tienen con el apoyo de los Estados Unidos a tantos inocentes”. Era la voz de la dignidad, la voz de los que no tienen voz. Chávez jamás dejaba pasar cosas como estas por alto. Siempre estaba presto a responder, reivindicando a los más necesitados. Nadie hizo nada. Vimos impávidos a las naciones del mundo contemplar la barbarie de Israel, incluyendo al Vaticano que en términos reales, tampoco dijo nada.

Si Irán ya ha atacado a Israel tal como anunció, es posible que Arabia Saudita y Egipto entren en el conflicto. Pero la nación persa ya ha demostrado que tiene capacidad bélica para desintegrar el Magreb, los países del norte de África y las naciones europeas que lindan con el mar Mediterráneo. Y por otra parte, Turquía, que por alguna razón quiere ser un país europeo, entraría en el conflicto como vecino de Irán, pero además seriamente amenazado por Rusia que es frontera marítima por el Mar Negro.

No es posible determinar las proporciones de un conflicto que estalle en estos momentos, ni qué camino va a tomar, ni las conclusiones que va a tener, ni cuándo terminará. Lo que sí es cierto, es que por la vía que fuere, será terrible, la mayor amenaza para la humanidad. Quizás después venga la era que predijo Einstein: guerras de palos y piedras.

Es por ello que el grito de paz, es una necesidad. Ningún revolucionario debe dejar de hablar a favor de la paz, en favor de la protección de los seres humanos, a favor de la construcción del hombre nuevo. No queremos ese mundo sórdido y androidal que nos han impuesto, donde el dinero vale más que las personas. Queremos la vida como la mayor expresión de la constancia humana. Y la apuesta tiene que ser permanente.

Recuerdo a un niño al que un locutor le preguntó cómo se llamaba su planeta. Él le respondió: “mi planeta se llama Tierra”. “Y porqué se llama Tierra” le increpó el locutor. “porque Tierra se llama bonito”.


Caminito de hormigas…

Oscar López está convencido de que hay suficientes argumentos para meterlo preso. Ahora todos pretenden desligarse de él. Se ha quejado en varias oportunidades de que hasta Henrique no le responde las llamadas. Fue su hermana quien le dijo que los amenazara con que se irá de sapo si no lo ayudan… Tal como esta columna viene informando, la MUD va en vías de fallecer. Los importantes ya no van a las reuniones. Los adecos se preparan para montar tienda aparte… No es diferente lo que está ocurriendo en la oposición de Carabobo. La semana pasada estuvieron a punto de irse a las manos. Un grupo conocido como el Club de la Pantera Rosa, tiene sometido a todos los demás. Por cierto, el todopoderoso propietario del Via Benetto, lo consideran el más despreciable de todos. Veo a Cocciola guindando y no es mamón… El conflicto en Lácteos Los Andes se complejiza. Le entregaron la empresa a alguien que la quebró y pretendían poner a otro igual. Los trabajadores se alzaron. NO está fácil eso. El gobierno intenta imponerse como lo hiciera en Diana. Sin poder popular… Vuelvo a denunciar las matracas en la Caja Regional del IVSS. ¿Será que a nadie le duele la situación de los adultos mayores? Y después dicen que recuerdan a Hugo con amor.

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