¿Santos, el torpe? La lucidez que un estadista necesita para pasar a la historia

En principio, podría calificarse como una gran torpeza política del presidente Santos, la cometida el pasado 25 de agosto cuando declaró que: “el tal paro agrario no existe”.

El Paro Nacional Agrario que se viene realizando desde el 19 de agosto con carácter indefinido, ha convocado a diversos sectores sociales que, al igual que los campesinos, piden les sean reconocidos sus derechos y se ha desplegado hasta la fecha por más de diez departamentos. La represión del justo Paro Nacional Agrario ha dejado como resultado vías bloqueadas, disturbios, decenas de muertos y heridos, y más de 500 detenidos por la fuerza pública; justamente por la incapacidad del presidente para reconocer las necesidades de todo el pueblo colombiano.  La prueba de su desacertada afirmación es que días después, apabullado por la realidad nacional, debió declarar a la opinión pública que Colombia “atraviesa una tormenta”, reconociendo que el sector agropecuario vive una crisis, que atribuyó al abandono y la falta de políticas para el campo durante mucho tiempo.

Su “salomónica solución” para capotear la tormenta ha sido presentar fórmulas paliativas a los manifestantes, tratar de dividir la sólida unidad de los campesinos ofreciendo prebendas a ciertos sectores, y anegar de terror el país con la movilización de 50 mil soldados y policías. Los escuadrones de policía entrenados para demoler a golpes y balazos la protesta social, llamados “anti motines y disturbios”, reemplazaron la negociación y las necesarias reformas que el pueblo reclama, con el saldo antes mencionado.

Por encima de las diversas maniobras políticas y militares que el mandatario ejecute para diezmar el desarrollo de la movilización, es curiosamente notable que haya pasado por alto, con absoluta falta de la lucidez política, contemplar esta oportunidad para apuntalar el posible proceso de paz con la Insurgencia. ¿Qué mejor prueba que el Paro Nacional Agrario para evidenciar ante la opinión pública nacional e internacional que la exigencia de una salida negociada al conflicto nace del propio clamor nacional?

Es el pueblo quien insiste en la necesidad de diálogos no solo con la Insurgencia, sino con los diversos sectores sociales; es la sociedad quien grita en las calles la necesidad de reformas estructurales. Repito, es el Pueblo Colombiano, quien al fin de cuentas, es el Máximo Constituyente.

La declaración del Secretario General de la presidencia, Aurelio Iragorri, dada en días pasados de que “el paro agrario no lleva 12 días, sino 50 años”, reconociendo el abandono por décadas del Estado al campesinado colombiano, permite señalar la ruta por la que debe guiarse una futura resolución del conflicto colombiano. Claro está, si esa es  la verdadera intención del presidente Santos: pasar a la historia como aquel estadista quien contra viento y marea supo imponer la voluntad de paz de toda la nación, contra la de unos pocos ultra derechistas y militaristas que le apuestan a la continuidad del conflicto.

El conflicto social, económico y armado que ha devastado al pueblo colombiano seguirá existiendo mientras no se dé solución a las causas que le han originado. La evidente movilización de todos los sectores en solidaridad con el Paro Nacional Agrario, demuestra que el pueblo colombiano ha perdido el miedo al terror paramilitar impuesto por Uribe y las élites políticas y económicas dominantes, de las que el mismo Santos hace parte. Prueba que la manifestación popular va en ascenso, que el pueblo organizado es la fuerza transformadora de la nación. Y que, de no ser escuchada, la indignación popular buscará nuevas y más contundentes formas de expresión para hacer sentir sus exigencias.

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