"Experiencia surrealista pero profunda"

Sudáfrica: familia de clase media experimenta vivir en un rancho y con el sueldo mínimo

La familia Hewitt de regreso a su casa en Pretoria

La familia Hewitt de regreso a su casa en Pretoria

Credito: The Telegraph

02 de Septiembre.- Julian y Ena Hewitt, ambos de 34 años, y sus hijas Julia de cuatro y Jessica de dos, salieron de su casa en un barrio residencial vigilado por guardias de seguridad privada en Pretoria, el 4 de agosto.

Se mudaron a sólo seis kilómetros por carretera, pero a un mundo diferente: un asentamiento informal del municipio Mamelodi, que fue construido por el gobierno del apartheid para albergar a los negros que trabajan en la capital.

La familia alquiló una choza de 10 metros cuadrados, sin electricidad ni agua corriente y con un excusado de hoyo compartido por 20 personas. Sobrevivieron con un presupuesto de tan sólo R100 ($ 10) por día, el salario promedio que ganan los sudafricanos negros.

Habiendo renunciado al carro de la familia, el señor Hewitt, un emprendedor social, se levantaba a las 3.40 am cada día y caminaba durante 30 minutos para coger un tren con frecuencia retrasado y abarrotado, para ir a trabajar en Johannesburgo.

Su esposa, ex corredora de bolsa de JP Morgan, se quedaba en la casa con sus dos hijas, cocinaba en una hornilla Primus, se bañaban con baldes de agua calentada en la hornilla y lavaba la ropa en un chorro de agua compartido con 20 familias.

Comieron carne sólo dos veces, sobrevivieron principalmente con una dieta de avena, frijoles y sardinas en lata, el Sr. y la Sra. Hewitt bajaron 5 kilos cada uno.

En blogs y escritos en Twitter durante su estancia, los Hewitt describieron sentirse "como si hubiéramos entrado inadvertidamente en una línea de falla masiva a nivel nacional, es como salir del set del show de Truman al mundo real".

La medida ha generado un debate en los medios sociales y programas de chat locales.

Algunos lo condenaron como un "experimento estúpido" y explotador, pidiendo que los lugareños "incendiaran su choza". Otros aplaudieron su valor ante la masiva división de la riqueza en Sudáfrica.

La Sra. Hewitt dijo a TheTelegraph, que la familia había visitado su trabajadora doméstica, Leah Nkhambule, de 50 años, en su hogar antes y querían experimentar cómo vivía ella por algún tiempo. Se inspiraron luego de haber leído sobre dos jóvenes en la India, que decidieron vivir un mes con los ingresos de un pobre promedio.

Dijo que el "mayor temor" de su familia y amigos fue el riesgo con la seguridad. A pesar de algunos logros, Sudáfrica sigue teniendo una de las peores tasas de crímenes violentos del mundo, y los casos se concentran en las zonas más pobres.

"La gente pensaba que estábamos siendo totalmente irresponsables llevando a nuestras dos niñas pequeñas allí", dijo. "Le preguntamos a Leah qué pensaba y me dijo que ella sabía que la comunidad se ocuparía de nosotros. Confiamos en ella y lo hicieron. Nunca, ni una vez nos sentimos amenazados". Sus vecinos eran familias que trabajan jardinería, cocina, cuidado de niños y limpieza en los barrios ricos, dijo, y debido a su lucha compartida para abreviárselas con sus escasos fondos, se llevaron bien.

"Si hubiéramos ido allí, pero con el carro, nuestros sacos de dormir, y comiendo carne todos los días, no habría sido lo mismo", dijo. "Durante ese mes, luchamos para alimentar a nuestros hijos, para llegar a tiempo al trabajo, para levantarnos cuando hacía mucho frío, así que creo que la gente aprecia eso".

"La pobreza es un concepto académico, pero una vez que has vivido en ella, es que puedes entenderla", dijo.

La Sra. Hewitt dijo que le preocupaba constantemente que sus hijas se enfermaran por dormir en el suelo, las ratas y los jóvenes locales consumiendo 'nyaope', un cóctel de drogas de heroína, detergentes y medicamentos contra el SIDA robados, cuyo uso es creciente en los municipios del país.

Pero la pareja también hizo nuevos amigos y vio a sus hijas, alejadas de la televisión y los juguetes caros, crecer en confianza e independencia, ya que jugaron con los niños locales en las calles.

En Twitter, la Sra. Hewitt dijo que había sido una "experiencia surrealista pero profunda". Su objetivo, dijo el Sr. Hewitt en un blog, fue "iniciar un debate".

"En un país tan cultural e históricamente complejo como el nuestro, ¿debería ser tan difícil para la gente cruzar las fronteras?", escribió.

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