Comunicación revolucionaria: entre la razón y la emoción

Mucho se habla en estos días de crítica y de autocrítica. También de la necesidad perentoria de revisar el trabajo adelantado con el sistema nacional de medios públicos y la política comunicacional del gobierno revolucionario.

Esta discusión no sólo es importantísima, sino urgente. Siempre hemos escuchado, casi como una letanía que la política comunicacional no sirve, no funciona y que el único gran comunicador es el Presidente, Hugo Chávez, quien gracias a su estrecha conexión con la población ha sido el único capaz de explicar en forma didáctica, oportuna y sencilla cuál es el nuevo rumbo que nos hemos trazado, qué queremos subvertir y por qué queremos hacerlo.

En materia comunicacional, aunque se han intentado diversas estrategias, los resultados, salvo honrosas excepciones, casi siempre han sido los mismos: 1) un mensaje acartonado y normalmente tardío; 2) una información totalmente descontextualizada y fragmentada y 3) unos espacios (de entrevista y análisis) monótonos, rutinarios y muy poco efectivos para capturar la atención masiva de la población.

El reto que tenemos por delante no es nada fácil. ¿Cómo hacer para ser más dinámicos, ágiles y creativos, pero a la vez dotar al mensaje de sustancia y contenido?, he allí una de las preguntas generadoras clave, cuya respuesta debe servir para construir un gran objetivo general comunicacional, estructurado a partir del concurso de todos los revolucionarios y revolucionarias.

Propuestas, ya emblemáticas, como La Hojilla y Cayendo y corriendo marcan el rumbo de lo que debemos y podemos hacer en materia de análisis crítico de los medios privados. Sus aportes han sido valiosísimos pero por sí solos no son suficientes.

No hay que olvidar que …

La política comunicacional nuestra debe ser pensada y diseñada en función de tres grandes frentes: información (incluye análisis, contextualización e interpretación), denuncia (Para desenmascarar la farsa capitalista nacional e internacional, pero también para hacer seguimiento y contraloría social de nuestra propia gestión) y entretenimiento (donde debe aflorar la creatividad, el arraigo cultural y la revisión de la historia, muy especialmente la nuestra).

Lógicamente para avanzar en estos tres grandes frentes es fundamental la participación protagónica del pueblo, pero también es urgente sobre todo en el plano informativo, que asumamos la preparación de nuestros periodistas, moderadores y presentadores, como cuadros políticos en permanente formación.

El periodista revolucionario debe ser crítico, acucioso, versátil y solvente. Los tiempos y los ritmos de la comunicación capitalista dejan poco o ningún espacio para la debida producción y planificación de contenidos. La búsqueda histérica de noticias, conlleva casi siempre a redoblar horarios de trabajo, refritar noticias de Internet o “pescar” declaraciones vía telefónica.

De ahí la necesidad de sistematizar los flujos informativos entre nuestras instituciones y el MINCI. ¿Cuántas veces por desidia, falta de criterio o simple burocratismo, datos importantísimos se quedan “escondidos” en el elefante blanco institucional?. Por eso semanalmente debe hacerse seguimiento de las fuentes noticiosas oficiales, mediante la creación de vasos comunicantes que faciliten la investigación periodística, pero también que estimulen el aporte directo de cada institución, ¿Quién mejor que los propios equipos comunicacionales de cada organismo, para organizar jerarquizar y procesar previamente lo más resaltante, positivo y destacable de la gestión revolucionaria?

La respuesta debe ser oportuna, ágil, clara y contundente, pero también debe incluir la voz de los beneficiarios. Argumentos tenemos de sobra, estadísticas, también, sólo falta organizar procesos y acabar con la miopía de editores y gerentes, sacudirse la modorra y atreverse a crear un estilo nuevo e irreverente. La discusión no debe ser entre decantarse por la emoción y la razón, ambos elementos son clave, la práctica nos indicará cuando debe tener uno preponderancia sobre el otro.

Tampoco debemos perder nunca de vista que lo más dañino de los mecanismos de alienación y dominación capitalista es su capacidad para construir un mensaje ideologizante, cuyo alcance es global y casi ubicuo. Hay ideología capitalista en todas partes y a cada rato: desde una publicidad para perfumes, hasta una pieza de reggaeton. Todo, absolutamente todo, en el aparataje mediático (tanto en su faceta informativa, como de recreación y entretenimiento) afirma y reafirma los principios ideológicos fundamentales de este sistema inviable como son: el egoísmo, la mercantilización y el individualismo, como salvoconductos hacia el poder absoluto.

La ilusión es que todos podemos acceder a la tierra prometida, pero la realidad cruda es que sólo una grosera minoría logra acceder al paraíso terrenal del lujo y la opulencia, mientras la enorme mayoría resulta irremediablemente condenada a conformarse, en el mejor de los casos, con las condiciones mínimas para su sobrevivencia.

Nuestra política comunicacional ha sido errática, es cierto, pero tampoco estamos trabajando sobre la nada, son 14 años de revolución y el apoyo a Hugo Chávez no ha hecho sino crecer, a pesar de estar sometidos a una guerra mediática transnacional de cuarta generación, que ningún otro gobierno hubiera podido resistir más de seis meses. Ese es nuestro mayor logro, pero debemos acrecentar nuestro mensaje, tanto en calidad, como en cantidad. Éxito a Ernesto Villegas en esta gran prueba de fuego, nuestra comunicación chavista debe tener alma y fibra revolucionaria, pero debe ser veloz y envolvente como el ataque de las abejas, por eso necesariamente debe combinar razón y emoción, no hay de otra.


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