Comunicar con alto respeto, alta poesía y alto rating

Alfredo Maneiro decía que, mirado desde la praxis revolucionaria marxista, cada momento es de hecho una coyuntura histórica. Nos llamaba a reconocernos y asumirnos agentes subversores del rancio orden capitalista. Y nos instaba devenir cuadros catalizadores del tránsito por transformar de forma irreversible nuestra propia historia, fraguando una lucha de clases en sí y para sí.

Una vez conquistada una importante estabilidad en las esferas socio-política, económica y cultural del país en el lapso 1998-2012, se nos demanda ahora fomentar un proyecto contra-hegemónico de molde socialista y bolivariano con nuevos y complejos desafíos.

Precisamos superar el proyecto de edificación de una hegemonía  mínima. Hablamos de una hegemonía mediante la que se interpeló y se consiguió el reconocimiento principalmente entre las capas pobres y muy pobres de la población hacia una nueva hegemonía muchísimo más amplia y poderosa. Un campo hegemónico de gran espectro, capaz de  incorporar, visibilizar y empoderar audazmente las necesidades, anhelos y utopías de los sectores medios y profesionales (proletarios y pequeña burguesía). Unos y otros protagonistas, beneficiarios y de seguro futuros defensores de las políticas de participación, inclusión y redistribución progresista de la renta y de las oportunidades derivadas del nuevo impulso industrializador.

Tenemos la responsabilidad y la ganamos la oportunidad histórica de construir una Comunicación Otra. Es decir, más que respetuosa auspiciadora de la alteridad, desmontadora de la alienación consumista y eficazmente concienciadora de la necesidad de la lucha de clases. Una comunicación otra que sea simultáneamente dialógica, pedagógica del y con oprimido, ético-estética, ecológica y mediáticamente tan sexy como para competir cabeza a cabeza, entre otros, con Hollywood, CNN, Venevisión y Globovisión y demás lumpen-medios televisuales, radiales e impresos al servicio mercenario del capitalismo.

Naturalmente es imposible alcanzar esto de la noche a la mañana. Pero nada más preciso que discutir, re-diseñar y trazar juntos un nuevo mapa con potencialidad para emprender el rumbo hacia una hegemonía irreversible. Venezuela posee un 90% de habitantes entre proletarios, excluidos o pertenecientes a una pequeña burguesía. Más que suficiente para sellar nuestro norte colectivo en proceso permanente de emancipación.

Tal como afirma Noam Chomsky el gran reto es responder la pregunta sobre los tipos y calidades de medios progresistas con capacidad para contestar a la andanada ideológica de la derecha nacional e internacional: Y ello sólo será viable a medida que desmenucemos y diseccionemos con intrepidez teórica, hermenéutica y con periodicidad la oferta mediática ?y sobre todo televisual? difundidas en nuestro país y nuestro continente.

Las diversas mediciones de lectoría en el caso de la prensa, medidas de alcance en el caso radial e investigaciones de rating (por hogares, por individuos, por share y por reach) en el caso de la televisión no deben ser los únicos criterios de calidad de una comunicación revolucionaria, libertaria, eco-socialista, anti-capitalista y antimperialista. Pero sería poco prudente omitir que las agujas de dichos tacómetros constituyen indicadores ineludibles para reorientar el timón que nos mueva hacia nuestro objetivo.

Construir un Observatorio de la Calidad y de la Eficiencia en términos contra-hegemónicos de la prensa, la radio, la televisión y la internet más que indispensable resulta hoy de vida o muerte. Un observatorio capaz de ver, explorar, estudiar, debatir y, más aún, escudriñar analíticamente las diferentes ofertas, gramáticas, narrativas y cartografías programático-ideológicas y estéticas que, vía relato mediático reconfiguran constantemente los desiguales parajes de la ecuación hegemónica [de derechas y de izquierdas].

No hay una televisión alternativa y revolucionaria que no dialogue, polemice y reconfigure constantemente los formatos industriales y los códigos conceptuales y estéticos que ha pulido durante casi un siglo la televisión capitalista. Los arquitectos comerciales dominantes de la televisión, la radio, la prensa y la internet han ideado, facturado y fríamente perfeccionado por casi un siglo los discursos, narrativas, gramáticas funcionales a los intereses de las clases hegemónicas capitalistas.

Y lo han conseguido con el concurso de expertos en análisis del discurso, gramáticas de la imagen, teoría literaria, retórica, estudios sobre imaginarios, teorías de la recepción, teorías de la comunicación, y filosofía del lenguaje y estudios sobre la telenovela, entre otros. Y no podría ser de otra manera. La fría racionalidad mercantil del capital procura y a la larga termina penetrando y reduciendo a mercancías todos y cada uno de los intersticios de la vida social.

La "dimensión analítica en vivo" aparece como un instrumento por excelencia distintivo de una nueva televisión alternativa, seductora, contra-hegemónica y revolucionaria. Hacer una lectura analítica y de-constructora de la dominación en vivo exige la formación y entrenamiento constante de profesionales. Ello precisa además de la instauración de una eficaz plataforma de soporte (de una nueva praxis política, económica, administrativa, gerencial y también tecnológica) que analice, estudie, discuta y evalúe continuamente la creación y re-creación de nuevos contenidos, aclimatación de estilos y formatos industriales mediáticos. Hablamos de una estructura que brinde herramientas de comprensión tras-disciplinaria a los analistas responsables de hacer la lectura de la realidad en vivo para que estos puedan ser capaces de discriminar y ubicar en contexto a la audiencia en torno a las interpretaciones sobre lo que esté aconteciendo.

El rating no es, de suyo, ni capitalista ni socialista. Es un mero tacómetro de audiencia, un simple indicador cuyas agujas pueden y deben ser orientadas rápida y resueltamente hacia los intereses, realizaciones y utopías de clase de nuestros colectivos. Y para avanzar en esta dirección la sola experiencia empírica de lo que televisivamente funcionaba hasta hace poco ya no basta ni funciona. Es imprescindible así la humildad, la pasión por el estudio, la investigación, el análisis, la polémica y la diversidad.

Un desafío de esta envergadura no puede seguir quedando sólo como responsabilidad de directivos, libretistas y administradores de las plantas televisuales, radiales y las salas de redacción. Como lo que se juega no es el rating o el valor de la pauta publicitaria (como en los medios comerciales) sino el proyecto colectivo socialista, nuestras respuestas deben incluir necesariamente a todo el pueblo. Comenzando por los intelectuales del pueblo, con el pueblo y para el pueblo. Pueblo crítico y hasta hipercrítico, reflexivo, exigente, atento, participativo y protagónico. Pueblo llamado a revertir el carácter distractivo, banalizador, infantilizante y alienante de la televisión privada comercial y en algunos casos, también, de cierta programación pública.

El Pueblo como director de una nueva oferta mediática. Necesitamos un pueblo que no solo vea la pantalla sino que asimismo la observe, la analice, la interpele, la de-construya y que proponga asimismo qué tipo de contenidos y estilos televisuales deben acompañarnos, alertarnos y formarnos durante una encrucijada tan compleja y llena de riesgos como la actual.

El necesario aporte teórico-critico. La Cumbre Latinoamericana de Comunicación propuesta hace años por Fernando Buen Abad hace parte de un cambio radical de concepción de unos medios como meros reproductores técnicos de mercancías, a unos medios como praxis socio-política protagónica y emancipatoria, poblada de nuevos contenidos, estilos, gramáticas, inspiración, cultura popular, historia, y olor y sabor a pueblo.

O inventamos nuevos propios medios democráticos, seductores, libertarios, eco-socialistas o erraremos el objetivo histórico de construir una nueva hegemonía. Necesitamos asumir la revolución mediática como nuestra principal Política de Seguridad y Defensa. Es decir como el factor vertebral en donde se gana o se pierde cada día la feroz Guerra de IV Generación.

Precisamos así estudiar, discutir e inventar nosotros mismos unos medios culturalmente nuestros. Es decir, medios divertidos, respetuosos e inclusivos de las mil voces que componen la sociedad. Medios interpeladores de los extravíos de burocratismo, y creadores de campos dialógicos que profundicen la agenda política. Medios que a su vez re-politicen hacia la izquierda la agenda históricamente totalitaria de las corporaciones mediáticas so riesgo de remedar o mal parodiar a CCN, Dysney Channel, RCTV o Globovisión.

Durante los últimos años, como sociedad hemos sufragado estudios mil millonarios para erigir una teórica crítica de la comunicación revolucionaria. Pero mientras estos estudios no sean diseñados, discutidos, protagonizados y auditados por la sociedad en su conjunto, sus resultados seguirán siendo en el mejor de los casos, un rito académico. Descoyuntar la investigación de la acción cotidiana de la producción mediática desde la que se repiensa, rehace y representa la sociedad tiene un hermosísimo riesgo de derivar en descarrío de tiempo, esfuerzos, esperanzas y recursos.

La inversión comunicacional en tiempo, dinero, recursos y, sobre todo, en talento humano debe ser incrementada sustancialmente. Urge asumir  que no competimos a secas contra medios de comunicación, información y cultura capitalistas de esfera nacional sino contra poderosas corporaciones trasnacionales con tanques de pensamiento a su servicio, intereses y mercados cautivos en todo el planeta. Además, el discurso ficcional camufla un proyecto neoliberal/ burgués de sociedad atravesado por multitud de formas de mediación e  ideologización. Esto sin contar con el poderío hegemónico de derecha que se camufla mediante un discurso pseudo-científico contenido en programas hipotéticamente ecológicos, culturales, tecnológicos, y hasta de entretenimiento (concursos, talk shows, policiales, etc.

La producción y mercadeo internacional de telenovelas culturales y programas humorísticos inteligentes ha demostrado ser además del mejor recurso catalizador de rating, un modo eficaz para exportar la cultura, valores y acerbo histórico de un pueblo. La experiencia en producción y distribución de celebres telenovelas brasileñas de contenido emancipatorio puede servir de modelo para una confección de dramáticos con alta calidad y factura de exportación que faciliten además difundir internacionalmente los logros de la Revolución Bolivariana.

Por último, es inaplazable la creación y fortalecimiento de Escuelas de Cuadros capaces de ingeniar y socializar nuevos contenidos, medios y modos de comunicación genuinamente emancipadores, enlazados a los imaginarios, articulaciones de poder popular y al arresto revolucionario socialista de los Pueblos de Nuestra-América.

Así como hay una comunicación de la poesía, también hay una poética del comunicar. Tal poética del comunicar, o más bien, del comunicarnos mutua, digna, horizontal, cariñosa y conscientemente apunta a que la clase obrera trabaje hasta alcanzar las condiciones para crear una nueva ciencia, incluyendo una nueva teoría colectiva de la comunicación y un arte propios, como bien lo comprendió Rosa Luxemburgo.

Pero tal nueva ciencia revolucionaria y arte revolucionario solo será  viable en la medida en que la clase proletaria se haya emancipado de su histórica situación manipulada y alienada,  dominada y explotada como clase. De allí la necesidad histórica de implosionar la comunicación dominante realmente existente para parir juntos una nueva praxis de comunicación. Esto es una nueva manera no hobbesiana sino incomparablemente más ética y consciente, digna y humana de dialogar. Es decir, de afectarnos unos a otros para crecer y transformarnos juntos sorteando siempre sectarizarnos, cosificarnos o manipularnos.

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Luis Delgado Arria


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