VTV, divos y mejor leemos que algo queda

Recientemente hubo todo un revuelo comunicacional sobre el asunto de la eficiencia comunicacional a la cual llamó el presidente Chávez. Ya se olvidó.

Es lampedusiano el panorama, cambian aquí, cambian allá pero todo queda igualito. Cambiaron de ministro, ya Ernesto está sentado en las largas disquisiciones presidenciales que quitan tiempo y ponen a todo el mundo ojeroso. VTV, en lo mismo. No se percibe que haya habido una reflexión profunda sobre lo que significa ese canal. Se podría pensar que los dos programas de la tarde van dirigidos a un público determinado y que es por esa razón que en ambos se manejan las noticias y los conceptos de la forma y manera cómo lo hacen y que simplemente el resto de los televidentes lo que tenemos que hacer es agarrar el control y cambiar de canal. Es una posibilidad que creo de lo más práctica ante algunas agresiones informáticas que podemos captar desde una mecedora, cómo alguien dijo en estos días, o desde nuestro sillón.

Después de la crítica hecha, tanto por el presidente como por gente en Aporrea, Redvolución modificó un poco su presentación, se agradece como usuarios que somos, esos espacios son de todos los venezolanos y cualquier humilde opinión debería ser tomada en cuenta, en la medida de lo posible.

Lucía es inteligente y está alerta. Sabe que puede crecer y que todos estamos en constante aprendizaje, no se cierra. Sin embargo esa participación que la periodista busca afanosamente a través de la tecnología, podría tenerla allí en esa cancha inmensa en la cual convirtieron los estudios y en cuyos espacios pensamos convocarían a mucha gente. Claro un programa con gente en gradas no es fácil, a eso no me refiero. Pienso que muchos temas deberían ser analizados por especialistas. De resto se convierten en noticias, noticias sobran en ese y el resto de los canales. La tan buscada participación por modernos medios tecnológicos de moda, es irrelevante, son frases que no se reflexionan, clisés y slogans vacíos impuestos por los mismos medios. Esta realidad me hace suponer que las cosas son así porque así son las cosas en este momento del país y de nuestra situación, que eso gusta a muchos y por eso es así, que nadie está interesado en conocer sino en estar informado; que nadie quiere escuchar sino más o menos oír. No lo acepto.

Cayendo y Corriendo, qué decir; es desesperante ver como se pierde el tiempo en ese espacio. Creo que no se tiene claro qué es lo que se persigue con ese programa. Porque creo que no debe ser ver al presentador dar vueltas, dirigir la música, repetirnos noticias caliche y leer artículos. Parecería que no se dan cuenta que es importante la seriedad y la compostura. No hay focalización de temas, si es desmontaje de matrices, noticiero, farandulismo, chistes. En fin un programa de cualquier cosa a una hora estelar. Eso no está mal, pero asúmase y no se le trate de imprimir con posturas corporales y de voz la seriedad y profundidad que no se tiene.

Cómo va a hablar del serio problema de Gaza una persona que no conoce de eso. Cómo va a hacer un planteamiento desde esa postura y con esos argumentos baladíes. Después rapidito se pasa a un chiste o una cosa de beisbol. Es diferente hablar de cosas serias desde un programa de diversión y hacerlo con categoría crítica sarcástica, a desde un programa del cual esperamos seriedad de planteamientos sobre los hechos hablar de los mismos como hablan en Buenas Noches, programa que está en otra categoría; puede creer alguien de lo que diga Carla sobre el problema social, no lo creo, pero ella cumple bien su rol, que no es casual ni fortuito sino estudiado a profundidad, cual es clavar una espina envenenada ante los problemas y dejarlos allí para que el receptor le quede el dolor amargo que le ponen a todo: si van a hablar mal de una persona, lo dicen y ella con su carita de ingenua expresa: “Tú crees, no vale eso no es así.” Y allí queda el chisme y ella como santa. Todo eso está fríamente calculado, para cumplir esa función están allí: manipular y crear reacciones.

En Cayendo y Corriendo, cuando se trata de opinión lo único que se piensa es que no hay opinión con categoría sino emisión de frases sin profundidad ni capacidad de análisis. Frases que se olvidan en el segundo inmediato para hablar con la grúa o decir alguna tontería. A veces parecería que el presentador quiere aconsejar a la oposición para que gane las elecciones, tanto se preocupa por ellos que parece su asesor, y lo peor es que no se da cuenta.

Se sigue leyendo artículos que no son analizados, ni criticados, sino gestualizados. Se improvisa con notas irrelevantes, como lo de Victoria Secret que quedan como rellenos. Pero lo más impresionante es el utilizar un programa para dejar en relevancia la personalidad y las maneras del presentador. Su presencia, cualquiera sea, su estilo, su vocabulario, los chistes, las rabietas, la incontinencia del repetir, la desconsideración de hablar de sí mismo, el burlarse veladamente de lo que alguien criticó o expresó; ese es el contenido del programa porque lo otro no es importante ni queda como importante. Parecería que el presentador dijese a todos: “El programa soy Yo.”

Quería conseguir en este programa, así como lo tengo claro en Buenas Noches, el fondo comunicacional de tanta impertinencia; no lo consigo, no logro identificar nada, por ello prefiero ya cambiar de canal o ponerme a leer. La duda me embarga y pienso que tal vez estas son cosas de la época que así es como es el asunto de un tiempo acá, que eso es lo que espera la gente ver y escuchar, que eso es lo que quiere y solicita ese canal, en fin, pero en mis manos tengo un libro y mi mente se revela y me dice que no, que la belleza sí existe, que la calidad sí existe, que el hacer cosas bien hechas sí es una meta loable, que la humanidad nunca dejará de estar bendecida por gente capaz y trabajadora que quieran dar lo mejor de su persona en cualquier escenario que los ponga la vida. No hay mácula, apago la tv y sigo leyendo.

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