Comunicar con poesía

Comunicar es poner algo en común. Poner en comunidad. Poner en comunión. Poner en comuna. Poner en humanidad. Hacer poesía es lo mismo.

Comunicar es poner en tela de juicio todo lo injusto, lo inhumano, lo ecocida. Y es alimentar una revolución simultáneamente personal y social y política y cultural permanente. Hacer poesía es lo mismo.

Comunicar es construir puentes entre hombres y mujeres, adultos y niños, pueblos y otros pueblos, lenguas y otras lenguas, generaciones pasadas, presentes y futuras. Y es ayudar a demoler los muros tan altos como absurdos que nos separan. Comenzando por derribar los muros de la violencia y de la guerra. Hacer poesía es lo mismo.

La poesía ―decía Joaquín Sabina―”huye de los libros para anidar extramuros, en la calle, en el silencio, en los sueños, en la piel, en los escombros, incluso en la basura. Donde no suele cobijarse nunca la poesía es en el verbo de los subsecretarios, de los comerciantes o de los lechuginos de televisión.” La verdadera comunicación es lo mismo.

La comunicación brota y vive en y para la calle, en y para el recogimiento, en y para la gimnasia de la ética. Al comunicarnos entrañablemente sorteamos las pesadillas y realizamos los sueños. Hacer poesía es lo mismo.

Al igual que la buena poesía, la buena comunicación es sacar del olvido a quienes han sido y son lanzados a los escombros de la historia y a las inmundicias de la dominación política, la opresión económica y la explotación laboral.

Hacer poesía ―según creía Lorca― es unir palabras y sentimientos, ideas y sueños que uno nunca creyó que pudieran juntarse para formar algo así como un misterio. Comunicar también es unir palabras y sentimientos, ideas y sueños para ingeniar juntos l el misterio de un destino genuinamente digno y humano.

“Sé la verdad pero no puedo razonar la verdad. El inapreciable don de comunicarla no me ha sido otorgado” decía con cierta puya Jorge Luis Borges en uno de sus relatos. El juglar argentino quería indicar que hay en toda verdad humana un fondo inexpugnable, infinito, solamente accesible desde los lances al vacío del amor, la sedición y el arte.

“Aquel que combate monstruos debe tener cuidado de no convertirse en uno” nos advertía Nietzche. Comunicar y poetizar revolucionariamente es, además, tener este cuidado.

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Luis Delgado Arria


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