Mediante la Misión Saber y Trabajo

La revolución podría garantizar buenos servicios de mantenimiento

La misión saber y trabajo, tiene una oportunidad única e irrepetible, para solventar uno de los problemas más angustiantes que aqueja al venezolano en todas sus localidades, pero en especial a los habitantes de los municipios más alejados de la capital del país, como pueden ser los que forman parte del Estado Bolívar, que por su gran extensión, casi representa la cuarta parte de la superficie del territorio nacional y que desde su extremo oeste (El Burro) en los límites con Colombia y el Estado Amazonas, hasta su extremo sur (La línea), limítrofe con Brasil, que por vía terrestre (pasando por Ciudad Bolívar, capital del Estado y no Puerto Ordaz, como pareciera ser concebido por los gobernantes nacionales y estadales)  representa un recorrido mayor que el existente entre Ciudad Bolívar y Maracaibo.

La situación existente es que el mantenimiento de cualquier equipo adquirido en nuestro país, excepto si se vive en una gran ciudad, como Caracas, Maracay, Valencia, Barquisimeto, Maracaibo, Puerto la Cruz o Puerto Ordaz se convierte en un gran problema cuando por el uso o mal manejo se descompone y no existen técnicos capacitados para brindar un mantenimiento ni preventivo ni correctivo (reparaciones), por carecer de los repuestos necesarios y sobre todo de los conocimientos adecuados, para prestar un servicio de calidad.

Deberían existir aún en los sitios más recónditos de nuestra patria (a no más de una hora de viaje por el transporte habitual, en especial el terrestre) de un grupo de técnicos que puedan resolver dichos problemas, con el suficiente equipamiento técnico y sobre todo de conocimientos para efectuar tanto el asesoramiento preventivo (para lograr un buen manejo de los equipos, como pueden ser: vehículos, artefactos eléctricos o electrónicos) y toda la serie de equipos que la modernidad pone en nuestras manos, muchas veces sin conocer plenamente como debe ser el manejo adecuado de los mismos.

También debemos pensar en la obsolescencia y el deterioro que sufren los materiales y equipos por el uso continuado de los mismos (un ejemplo palmario son las carreteras, autopistas y caminos vecinales), que permiten la comunicación de los ciudadanos y el transporte de los productos entre las diversas poblaciones del país.

En nuestro caso lo extenso de la geografía del Estado, como ya fue señalado lo hace más difícil, máxime que a través de nuestras autopistas y carreteras son transportadas cargas sumamente pesadas, sobre todo las provenientes de Ciudad Guayana, donde se producen la mayoría de los insumos para otras industrias que se encuentran en las zonas industriales del centro del país, pues no se ha podido (o no se ha querido), lograr un desarrollo “aguas abajo” de los diferentes productos minerales (metálicos y no metálicos) que tienen su origen en esta rica zona de Guayana, manteniéndose “inexplicablemente” muy atrasada respecto a otras zonas del país, que han logrado el desarrollo sin poseer los recursos que en nuestro Estado abundan.

Es inconcebible que en el sector de “La Paragua”, se produzcan cantidades inmensas de maíz y que se procesen en el centro del país (Carabobo y Aragua), para luego de ser trasladado por vía terrestre desde este Estado hacia el centro el cereal, vuelva como harina precocida desde el centro hacia nuestras tierras, en lugar de crear una industria que procese el maíz en su sitio de producción y abastezca a nuestro estado y a los más cercanos, que no produzcan dicho cereal, por ejemplo: Amazonas y Delta Amacuro.

Esto debería ser también, un objetivo de la orientación de la Gran misión Saber y Trabajo, que lograría, a largo plazo abatir la inflación, mediante el procesamiento de la producción autóctona, creando fuentes de empleo y logrando la tan ansiada descentralización de la población, hacia los estados más despoblados, como es el caso de Bolívar, Amazonas y Delta Amacuro y el sur de los estados llaneros( Monagas, Anzoátegui y Guárico), con grandes extensiones muy planas que serían excelentes para crear un emporio agrícola, sólo dotándola de un adecuado sistema de riego, pues el agua se puede obtener de los grandes ríos que los surcan y sobre todo de los acuíferos que se encuentran a pocos metros de profundidad, por ser suelos con un porcentaje muy elevado de arena en su composición.

La producción agrícola potenciaría la creación de empleos, sobre todo si son procesados estos en centros industriales situados en sitios aledaños, cuando no se puedan consumir en forma natural (que fisiológicamente es lo que más conviene al ser humano). De la misma manera estos son terrenos muy propicios para desarrollar crías de todo tipo de animales que sirvan para el consumo humano (ganadería, piscicultura, avicultura y apicultura). El cultivo de la sábila (aloe vera) y su procesamiento, que puede producir enormes ingresos al país, sobre todo si se desarrollan todas las bondades que tiene dicha planta, en el área de los cosméticos y las diversas propiedades que se han descubierto mediante la investigación en otros países que no pueden producirla, pero que son grandes consumidores de los diversos productos elaborados con dicha planta.

Igualmente se pueden desarrollar, con la debida planificación la silvicultura, la producción de plantaciones de árboles para la producción de maderas nobles, que por supuesto, requieren inversiones a mediano y largo plazo, pero que deben ser acometidas por el Gobierno nacional, para garantizar a las generaciones futuras la tan anhelada: “SIEMBRA DEL PETRÓLEO”.

No debe olvidarse en todos estos planes de desarrollo, la inversión de recursos para lograr una industrialización de la región, que evite la tan perniciosa fuga de mano de obra y sobre todo de talentos hacia otras regiones del país y más aún hacia otros países, que tanto daño nos ha hecho al impedir que nuestra juventud, por la escasez de incentivos se marche buscando mejores horizontes, pues nosotros mismos no somos capaces de ofrecérselos en nuestro territorio y los recursos humanos que son los más preciosos de todos los recursos de un país los perdemos, aunque sea dentro de nuestras propias fronteras.

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