El Presidente Chávez y La Misión Sucre

El análisis de la teoría crítica y su análisis diacrónico, devela que
las cosas tienen un antier, y que ese antier incide en lo que hoy pasa
y puede pasar. En el año 1919, en una población que se acercaba a los
dos millones de venezolanos sólo obtuvieron certificado de primaria
191 estudiantes. En el año 1926, el número de planteles en toda
república estaba constituido por 29 planteles públicos y 28 privados,
la mayoría de ellos ubicados en el centro del país, muy pocos en los
andes y ninguno en los llanos venezolanos. El siglo marchaba y la
privatización de la educación se fue agudizando, para el año 1944
existían 59 colegios privados y 29 oficiales, el elemento gratuito
establecido constitucionalmente para el sector primario, se hacía
letra muerta. Los niños de las aldeas y de las ciudades del interior
del país, quedaban fuera de estos sueños constitucionales.

Tenía que ser así, ya que estos gobiernos fueron gobiernos puestos por las
trasnacionales petroleras, representaban la burguesía de turno, el
libre mercado se imponía, la educación para los más desposeídos no era
elemento prioritario. Se practicaba el principio, de que la educación
secundaria y universitaria debía dejarse en manos del sector privado.
En una apertura democrática dada entre 1945 y 1948, el Doctor Luis
Beltrán Prieto Figueroa, Ministro de Educación, suscitó una convulsión
en los ricos y elites, cuando dijo “que los niños pobres podían
estudiar”, e impuso un proceso de enseñanza – aprendizaje de masas que
aseguraba la igualdad de oportunidades para todos, logrando en ese
trienio que los inscritos en educación superaran en un 300 % de lo
hecho en el periodo 1935-1944. A pesar del esfuerzo hecho por tan
insigne venezolano, el factor socio-económico incidía negativamente
sobre el proceso educativo y amenazaba con hacer imposibles las
políticas públicas que trataban de darle concreción a los principios
de gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza. Señaló, en la memoria y
cuenta presentada para esos años, que aun, los planteles teniendo
capacidad de 500 mil niños, sólo asistían 400 mil y escribió “muchos
niños no asisten a las escuelas por carencia de alimentos y vestidos,
se ven niños entregados a trabajos prematuros y en la mayoría de
aldeas y municipios se carece de escuelas”.

Las trasnacionales petroleras viendo esa tendencia socialista, establecida por la
masificación de la educación, por un avance en el área social, irrumpe
el proceso democrático en el 48, a través de un golpe de estado. Esa
historia de los gringos no es un cuento de lobos, es una realidad que
quieren repetir en los pueblos de América y para ello, hoy 2012, se
apoyan en las manitas blancas de las universidades y sus elites
profesorales, que asustados se guarecen en la autonomía, para
violentar el protagonismo de todos. Pasado el periodo 1948 -1958, la
dictadura “perejimenista” con su Caldera y sus muchachos de hoy, había
permitido el crecimiento de la educación privada en un 100 % y la
pública en un 32 %. Las elites en el poder, habían revertido los
presupuestos de la educación, priorizando la educación universitaria,
sobre la educación primaria y secundaria. La dictadura no sólo
favoreció la educación privada, sino estableció una restricción sobre
el avance educativo. En la apertura democrática de 1958 se asume de
nuevo un proceso de masificación y del favorecimiento de la gratuidad
de la enseñanza, sin embargo persistían los factores señalados por
Beltrán Prieto Figueroa en 1951. La repitencia, las tres Marías y, la
deserción agudizaban los intentos de gratuidad, estos morbos sociales
eran avalados y sostenidos por factores endógenos de acción
democrática y Copei, los cuales profesaban el principio “de que la
educación secundaria y universitaria debía dejarse en manos del sector
privado”.

Son los mismos que hoy apoyan la tercerización en las
universidades, los que no creen en los trabajadores administrativos y
obreros como elementos de poder. Prieto derrota dentro de los suyos,
la intentona de la privatización y logra entre 1958 y 1968 que el 87 %
de la educación primaria y secundaria fuera pública y sólo el 17 %
privada. En la Constitución del año 1961, en su texto definitivo se
establecía en su artículo 78 la gratuidad de la educación pública, se
entendió esta, como gratuidad hasta la educación media y fue así como
muchas aldeas de todo el territorio empezaron a notar el desarrollo de
edificaciones y profesores de los más diversos estados, ocupando las
aulas, en cumplimiento de este acto constitucional. Así, se fueron
creando universidades en las más diversas ciudades del país y allá
llegaron los hijos de los pobres, lográndose así una gran conquista de
los sectores populares, el 87 % de los estudiantes que egresaban a las
universidades provenían de los liceos públicos. Después del 68 Prieto
Figueroa es expulsado de Acción Democrática y la derecha endógena,
vivitos y coleando en la actual Mesa de Unidad Democrática, gana los
espacios que luego revertiría esas cifras.

La sociedad venia trastocándose y los ricos vieron la oportunidad de dejar sus hijos en
el país y empezaron a revertir esta relación. No pudiendo tomar las
universidades públicas en los años 60, crean para los años 70 las
universidades experimentales las cuales vendrían a ser el refugio de
los gobiernos de turno y de los pudientes de este país. Si bien el
pueblo no dejaba sus conquistas logradas a nivel de primaria y
secundaria, atrincherando allí los derechos conquistados en los años
60; se empezaba a trastocar las políticas de gratuidad de la
enseñanza. Las elites empezaron a vender el cuento, de que las
universidades eran para los altos promedios, y fue así como en el año
2002, el 75% de los estudiantes de las universidades provenían de los
colegios privados; el aquel 87 % proveniente de las escuelas
públicas, se había revertido. Datos propios de las memorias y cuenta
de la cuarta república, muestran como entre el año 1993- 1999, época
de Rafael Caldera padre de Copei, se produjo uno de los más grandes
fenómenos de exclusión de los pobres de la educación primaria,
secundaria y superior. La cuarta república dejaba como herencia para
el año 1999, año en que se aprobó la Constitución Bolivariana, las
siguientes cifras, “el 37 % de los infantes con edad de 5 años no
asistían a ningún plantel para el nivel de preescolar. El 19 % de los
niños entre 6 y 15 años estaban al margen de la educación básica y el
76 % de los adolescentes cuyas edades estaban entre 16 y 18 años no
cursaban en ninguno de los establecimientos destinados para el nivel
de educación media y profesional, el 75 % de los educandos de las
universidades provienen del 25 % que conforman los colegios privados”.
Ante este panorama de deformidad social heredado, en el año 1999, la
Asamblea Nacional Constituyente, consagra la gratuidad absoluta de la
educación impartida por el estado hasta más allá de la educación
media, hasta el pregrado.

Ello fue un avance significativo, sin embargo al tomar el poder el Presidente Chávez, puede darse cuenta que
aquella victoria de las masas populares, hoy estaba desfigurado en las
universidades tradicionales, la excepción en las universidades
públicas ahora la constituían los pobres. Ningún joven de las aldeas
del Táchira, habían podido entrar en las llamadas, Universidades
Experimentales. Mientras que los hijos de los ricos accedían a la
universidad con todas las comodidades, aquellos pobres que podían
tomar ese camino, tenían, primero, que vivir en las ciudades o, tomar
marchas forzadas desde cada aldea para acceder. A un campesino no le
era permitido ni siquiera soñar con la posibilidad de ser médico, ya
que para entrar a la escuela de medicina se tenía que ser primero hijo
de médicos, y si no se era hijo de médico, hijo con influencia en las
altas esferas de poder o hijo de profesor universitario, sino tenía
esa suerte, se pagaba por el cupo y aquellos pobres que lograban pasar
estas escalinatas de escabrosos pasos, el sistema le apaleaba por el
hambre, acompañándole en su carrera, las solas ganas de estudiar. El
Presidente se dio cuenta, que este estado democrático venezolano
estaba deparando la educación universitaria gratuita a los círculos
privilegiados de la sociedad, en detrimento de las capas sociales en
situación de pobreza. Consciente del rol que juegan las universidades
en la profundización de la democracia social, propone una Universidad
que propenda a la disminución de la odiosa brecha existente entre los
diversos estratos de la sociedad, naciendo la Misión Sucre, y es así
como hoy, las Universidades no son sólo un privilegio de las grandes
ciudades, sino que vemos jóvenes y adultos, graduándose en cada uno
de los municipios y aldeas, se profesionalizan abogados, médicos,
trabajadores sociales, gestores ambientales y educadores en aldeas
como El Cobre, Venegara, San Simón, La Grita, Seboruco, Hernández y en
un cambio de giro, la OPSU impone la aceptación de jóvenes
provenientes de las aldeas, hasta ayer marginados.

Hoy es posible graduar Ingenieros en Producción Animal en El Piñal, sociólogos en
Cantón y como señal inequívoca de triunfo de la revolución, los
médicos comunitarios, hijos de familias humildes, de aldeas ayer
desamparadas y de sueños aplastados. La Universidad venezolana desde
hace rato encubría el abandono de las clases desposeídas, bajo el
argumento de calidad, así se enmascaraba la apetencia de las elites,
de los poderosos por guardar el poder, por asegurarse de que fueran
únicamente los suyos, los que obtuvieran los créditos académicos que
les posibilitara la movilidad vertical en el seno de nuestra sociedad.
Los sinónimos de calidad eran y son sostenidos en términos de que sólo
los hijos de los ricos serian los llamados a soportar el saber,
parecían predestinados por la providencia para asumir el poder. Para
las elites, hoy predominantes en las Universidades, el 75 % de
venezolanos que no ingresaban, o la deserción, era porque poseían
genes deletéreos, no aceptaban que el asunto era, porque le habían
robado las oportunidades. Son las elites profesorales, los creadores
de las tres Marías, las que se sorprenden y descalifican a todos
aquellos hombres de aldeas, que retando el destino se atrevieron a
creer en las políticas de inclusión del Presidente Chávez. Hoy podemos
pregonar, a los cuatro vientos, sin temores y sin tapujos, que con
Chávez, sino se estudia, es porque no nos da la gana. Este Estado
socialista brinda la mayor gama de posibilidades, quizás única en el
mundo. Muchos o algunos de los hoy graduandos, ingenieros egresados en
la UNELLEZ El Piñal, quizás no sean chavistas; licenciados hoy de la
Simón Rodríguez, posiblemente no sean chavistas; de la Bolivariana no
chavistas; los de la UNEFA y de la UNET, de seguro no chavistas, pero
sepan todos, que luego de cuarenta años de democracia cuarta
republicana, se contaban con 400.000 universitarios, y hoy después de
trece años de gobierno contamos con 2 millones quinientos mil
estudiantes, dos millones cien mil mas. Gracias a esas políticas de
este gobierno socialista, posiblemente uno de esos incluidos, haya
podido ser usted, como lo fui yo, en el año 60, gracias a las
políticas pregonadas por Luis Beltrán Prieto Figueroa. Gracias a esas
políticas de inclusión, yo, niño de aldea, pude estudiar, esas
políticas me dieron la oportunidad, como hoy, gracias a las políticas
del Presidente Chávez, ustedes la tienen. Por estas trivialidades, las
trasnacionales petroleras, de nuevo nos vigilan como buitres, para el
asalto rapaz. El siete de octubre se juega el futuro, ojala tu voto no
sea, el que nos dé, “un salto atrás”, podrías estar condenando a tus
hermanos, a tu nieto o tu hijo, la historia de un antier, muestra que
ello es posible. Viva Chávez.

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