Si a algo se parece el candidato de la oposición venezolana, Capriles Radonski, es a un morrocoy: es lento para pensar, lento para articular ideas; lento para desarrollar un discurso, si es que a eso que él cacarea se le puede llamar discurso; es lento para comprender los cambios en la política venezolana; y lento, pero muy lento, para entender el amor del pueblo venezolano hacia el comandante presidente Hugo Chávez.
Además de lento, es conchúo como el morrocoy, no las piensa dos veces para decir mentiras, pero es tan inepto inventándolas que enseguida se le ve el bojote, ahí está como ejemplo el documento forjado de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Para colmo de males, al majunche se le ocurrió, en mala hora, llamarse El Flaquito, y el remoquete le quedó de maravillas, porque además de flaco de carnes, es flaco de cerebro, y por eso no genera ideas; flaco del espíritu, y no despierta emociones; flaco del corazón y no despierta afectos; flaco del ánimo, y no levanta simpatías.
Por eso, como morrocoy y como flaco, no sube en las encuestas que miden las preferencias del pueblo venezolano, porque este pueblo, que hace rato aprendió a leer y a escribir, y que ahora anda estudiando hasta en las universidades, ya no es pendejo y no se deja engañar con consignas demagógicas y baratas; por supuesto, aún quedan por ahí algún@s analfabetas políticos que le hacen coro al majunche, pero hasta est@s, poco a poco aprenderán a entender los códigos de la política y se alejarán del majunchismo.
Mientras tanto, el aletargado candidato majunche, sigue como morrocoy, empeñado en subir en las encuestas, pero flaco como está, no tiene bríos sino para medio agarrarse de un palo; y se le acaba el tiempo, pues los días avanzan raudos, y cada vez está más cerca el 7 de octubre; así que no le queda de otra: conformarse con llegar de segundo en la contienda electoral, cuestión que le será fácil en este proceso polarizado.
Por el norte y por el sur, por el este y oeste, en las calles de Venezuela se escucha un cantar:
Majunche, aunque se vista de seda,
Derrotado siempre se queda.
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