María Corina y la ex juez Afiuni bien hermanadas

La diputada María Corina no pierde tiempo cuando va a evacuar sus porquerías políticas a la luz pública a cómo sea, lo importante y noticioso es soltarlas sin lucir ninguna sonrisa de remordimiento que la pueda comprometer de complaciente y a la vez a ver a quien ensucia ipso facto y, si es en contra del presidente Chávez, el mandado está hecho y, aquél que busque cómo evadirse de ese hedor con que ella contaminó el ambiente y, ahora lo hizo con una pasión desenfrenada frente a las cámaras, tratando de salvarle el pellejo moral a la reo e implicada María Lourdes que una vez que ésta puso en libertad al “estafador” Eligio Cedeño se complicó su vida de tal forma que ha revelado sin dolor en su libro: “La presa del Comandante” que fue violada en el INOF que no fue ni acostada ni parada y, más bien pudo haber sido una violación soñada en que no hay cuerpo del delito y, la satisfacción quedó para ser explicada en el libro de sus complicidades que la auscultan in fraganti.

Y la espléndida Machado se soltó el moño de la imaginación como defensora de Afiune al decir que: “Afiune representa a Venezuela -¿en qué diputada?-, esa mujer maltratada y abusada por el Estado venezolano”, pero entonces si hay un responsable directo que María Corina tiene contra la pared como acostumbra ella a reventarnos las tripas de la inmoralidad cada vez que sale fuera del país a lucirse en arrojarnos sus temeridades cuando se desborda de sus tracalerías pueriles al denigrar de nuestras instituciones y, de los servidores públicos de Venezuela como de su gente como lo hizo en Miami y después en España.

Ella que representa a los humillados del capitalismo de su clase oligárquica, trata de confundir situaciones y, en este caso sale a defender a esta dama que cuando era juez embarró al Poder Judicial de inmundicia leguleya en afinidad con la corrupción bien planificada que le permitió “liberal” al ahora “defendido” de la ONU, Eligio Cedeño y vaya de que manera se enredó esta vil e injusta representante de la ley.

Según María Corina: “Lo que se ha cometido contra ella (Afiuni) es una tortura emocional, espiritual y física, y eso es un crimen”, por lo que ella (María Corina) se conmovió ante la fortaleza de la magistrada -¿y todavía sigue en el cargo?-, pero como pueden ver que es impresionante el ensarte de disparates que esta diputada se permite aseverar delante “la canalla” de sus medios y, además exhortó a los ciudadanos a exigir que se inicie de inmediato la investigación y, que los responsables que ya ella determinó que serían: la directora de prisiones, el ministro del interior (Tareck) y la ministra de servicios penitenciarios (Iris Varela) tienen que ser enjuiciados, menos mal que en ese saco de acusados no metió a Chávez, pero por eso no dejó de lanzarle al codillo su recta oblicua cuando le encaramó: “Sabemos Presidente que usted sabía desde hace mucho meses la realidad de lo que ha sufrido la doctora Afiuni”. ¡Pobrecita de ella que tiró la ley por el barranco de las tinieblas!

Caramba Presidente, usted es un sabe-lo-todo que ella ahora reconoce –dignamente- lo malvado que ha sido con su defendida y por eso lo inculpa indirectamente con la violación de los derechos humanos en el país y sobre todo de “la inmaculada” inofensiva y también violada María Lourdes Afiune que en lo adelante: dios velará por ella a petición de su hermanada diputada que está rabiosa y, más que desde noviembre del 2010 “está engavetada una denuncia por maltrato físico y violaciones de derechos humanos de la jueza –(¿sigue siendo?)- María Lourdes Afiuni y no habido reacción”, pero sí su acción bien discreta, pero no se atreve a desengavetarla ni a decir que lo más seguro está escondida en Miraflores al no tener la pista exacta del caso de Afiuni que con su intervención de ella entra por la puerta grande de la Historia de las emociones violadas.

Por eso decimos, como María Corina no hay dos y cuando habla: el pueblo se desborda patéticamente de risa. Mientras que Afiune sufre de congestión presidencial y, de sindéresis a ultranza.


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