Un gobiernito y derecha que imita a la izquierda vieja

UN GOBIERNITO” Y DERECHA QUE IMITA A LA IZQUIERDA VIEJA


¡Cómo es verdad que los polos opuestos se atraen!

Avanzada la década del sesenta, con Rómulo Betancourt en la presidencia, los jerarcas de izquierda de entonces, promovieron o permitieron que tomara cuerpo la definición de “este gobiernito”, para calificar al régimen. Que si era eso, un “rrrégimennn”. Pero no se trataba sólo de una calificación, sino que ella iba asida a una concepción política “oportunista”, según la cual, lo único que faltaba, estando presentes las “condiciones objetivas y subjetivas”, era “echarle o bolas o piernas al asunto”.

Por ese afán, aquella izquierda, cuyos “jefes” en gran medida, se pasaron para la derecha y a algunos, afortunadamente para su memoria, la vida no les brindó el chance, se implementó cuanta aventura inventó la especie humana. Amparados en la argucia que mejor que no hacer nada era cualquier vaina, se dejaban llevar por misticismos. Sin embargo, es bueno advertir, que unos cuantos que se quedaron de este lado, también fueron partícipes o víctimas de aquellas obsesiones o visiones espectrales de la realidad. Actuaban así, porque en gran medida, creían eso, que estaban frente a un “gobiernito” a quien un soplo de brisa se llevaría por delante.

Para desgracia nuestra, aquel “gobiernito”, no era en nada parecido a este gobierno de Chávez y el chavismo, por principios, obligados a respetar los derechos humanos. El “gobiernito”, desató toda la fuerza de la cual disponía, incluyendo el respaldo político, material y hasta humano, del Departamento de Estado gringo, para reprimir a sus opositores, fuesen éstos participantes o no en la lucha armada. La represión fue pareja para todo el mundo y así las cárceles, cámaras de tortura, campos de concentración, exilio, desaparición y asesinatos, estuvieron a la orden del día para sancionar a quien se manifestase de cualquier forma contrario al gobierno. Bastaba el más mínimo gesto, para que el osado, recibiese el castigo inclemente del oficialismo. Entre los actos y las sanciones no había nunca concordancia. Llevar un libro de poemas de Miguel Hernández o el chino Valera Mora, eran delitos graves y muy duras las penas; bastaba la calificación de “literatura subversiva” y hasta los tribunales “independientes” de la época mandaban a la cárcel a quién fuese.

Pero el “gobiernito”, además de los elementos ya señalados, también tenía amplio respaldo de las clases dominantes, sector obrero y sindical, campesino, en las clases medias y en el sector militar, aunque la izquierda se conformase diciendo que estos últimos juzgaban mal.

Pese a todo lo que acontecía, prevaleció la idea que era un “gobiernito”, por lo que la izquierda agotó todas sus fuerzas y se estrelló contra un muro. Cuando quedó reducida a pequeños grupos dispersos, continuó utilizando en la calle, a través de focos, eso sí, muy combativos, formas de lucha apropiadas para la subversión y “toma del cielo por asalto”. Así el quemar caucho, autobuses y taxis, se convirtieron en los medios sustitutivos para ganarse el favor de las masas.

La derecha de ahora, por la experiencia de abril del 2002, lo acontecido alrededor del mal llamado “Paro Nacional y Huelga Petrolera”, la declaración de “vacío de poder” del TSJ, de entonces en nada independiente, controlado por Miquilena, se ha formado la idea que el bolivariano es un “gobiernito”. Lo cree así por qué percibe a éste débil e indeciso; incapaz de tomar medidas que obliguen a sus adversarios a no manifestarse contrarios al Estado de Derecho, mediante prácticas inocultablemente subversivas y tomar el camino expedito de la legalidad.

Tanto es así, que habiendo una interpretación del 350 constitucional por parte del TSJ, siguen dándole la propicia para conspirar y alzarse contra la legalidad. Nada es más anticonstitucional que la práctica y accionar político de la oposición venezolana.

En eso, uno puede afirmarse para decir aquello de los extremos se tocan. No voy a afirmar que viejos izquierdistas, ahora en la MUD, aportan sus experiencias de juventud para orientar la acción de la derecha de ahora, por eso de usar los mismos instrumentos y procederes, porque ya antes que supiésemos de Chávez, AD y Copei, habíanse apropiada de ellos y se los aplicaban uno al otro según la circunstancia. Adecos opuestos a Copei gobierno o viceversa, se daban sus raciones de quema cauchos, etc. Lo único novedoso que uno ve, es eso de “las manitas blancas” y la quema de palmeras que patentó Yon Goicoechea. Pero también hay otra diferencia que cuenta mucho en lo que ahora sucede en Venezuela.

Mientras la oposición comete recurrentemente toda clase de tropelías, el gobierno pareciera atado de manos y lleno de una paciencia que angustia. Cuando la oposición es agresiva, el gobierno es condescendiente y esto último no es malo, porque se trata de un concepto del hombre y sus derechos diferentes. Pero uno se pregunta ¿y el derecho nuestro, de los ciudadanos comunes a vivir en paz y el de los gobernantes a cumplir con el mandato popular?

Los cuadros dirigentes de la vieja izquierda, en aquella época, vivían en la clandestinidad y sus acciones debían cumplirse bajo estrictas normas que garantizasen seguridad y libertad. A todo trance debían evitar ser detenidos porque eso podía significar hasta la muerte.

Ahora no. Uno se asombra, por la experiencia vivida, cuando ve a figuras opositoras, no respaldadas por inmunidad alguna, sin ninguna sutileza, llamando al desconocimiento del gobierno y la subversión por televisión, en vivo y en directo. A Betancourt, le importó un carajo la inmunidad parlamentaria; con razón o sin ella, mandó a la cárcel a todos los izquierdistas amparados por la misma. Aquello sucede porque la derecha piensa, como la izquierda vieja, de los gobiernos de Betancourt y Leoni, que éste es un “gobiernito”.

Por último para cerrar esta especie de paralelismo, la Corte Suprema de Justicia de entonces y todos los tribunales nacionales e internacionales “independientes”, siempre dieron su aval al tratamiento “humano y respetuoso” que la derecha daba a sus opositores.

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