Fraude crónico

María Fernanda leía a Michel Foucault para su clase de la universidad. El profesor le había asignado la lectura del libro “Los anormales”, como complemento de algunas consideraciones planteadas en las tardes lluviosas del Valle de Sartenejas. Mafer, como la llaman sus amistades y familiares y ella misma en el face, le parece un clavo eso de leer a este Foucault con sus reflexiones sobre tantos bichos raros, presos, locos, sexómanos y demás. Es como ver “Los Idiotas” de Lars Von Trier o su “Bailando en la oscuridad”. Mafer quizás hubiese preferido estar en el Actor Studio de New York para satisfacer sus intereses como actriz. Pero como para vivir en el norte, el dinero de sus padres no se hizo suficiente, porque ni pensar que ella pudiera trabajar, porque sus padres estaban en la sacra obligación de pagar su vivienda y darle carro, porque ella no puede sacrificar su absoluta independencia.

Con una taza de café en la mano, se apertrechaba sobre el sillón, cuando se encontró una línea del texto escrito por el calvito francés. La misma decía: “lo que hará de ella una prueba es su capacidad de demostración”, le pareció chic la frase y la escribió en su cuenta en twitter, una segunda le gustó más y completó la frase anterior: “Es la capacidad de demostración de la prueba lo que la hace admisible”. Ella, que ni tan avezada en política era, le lanzó el piquete a una amiga que la acusaba de un problema propio de bajas pasiones amorosas.

Pero en seguida, su comentario tomó carácter viral. Sus amigas, de inmediato, la acusaron de chavista. La cacerolearon virtualmente y le mandaron el link del sonido de las rena ware. Mafer estupefacta, no entendía por qué sus amigas, que tantas pijamadas juntas pasaron, la dijeran marginal, traidora y otras cosas impublicables.

La removió entonces la verdad absoluta, que le hizo saber que el “flaquito” cometió fraude con el fraude. María Fernanda pasó a llamarse entonces por su nombre, bajó de Sartenejas y se sentó en la Plaza Bolívar a tomar un chocolate con la gente. Se había desconectado de la matriz y se hizo persona, dejó de ser personaje.

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Puerto Ordaz/ Edo. Bolivar.

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