Capriles ¿Un saltimbanqui?

Existen personas que, desde su nacimiento, están marcadas por el don de la naturaleza. Me explico a través del escritor Walter Riso quien afirma en su libro “El camino de los sabios” al hablar de los talentos naturales con los que nacemos algunos seres humanos que “No sólo existe una naturaleza de la “especie”, también hay una naturaleza en cada uno y nos otorga un talento que, desde temprana edad, se va manifestando y se va convirtiendo en una necesidad consciente que nos impulsa a desarrollarlo…”. Y agrega el escritor que, además es psicólogo, que su colega Abraham Maslow señalaba que un músico debe hacer música, un pintor debe pintar y un poeta debe escribir poemas, si a fin de cuentas quiere ser feliz. “Lo que un hombre puede ser, debe serlo”.

Tengo entendido que el señor Henrique Capriles Radonski, quien parece destinado a convertirse en el sempiterno candidato perdedor de la oposición venezolana, es abogado. Eso dicen. Pero no ha ejercido nunca. Es decir, pareciera que eso de estar metido en tribunales, perdiendo casos, no es lo de él. Según los psicólogos y estudiosos del ser humanos, poseemos, desde que nacemos, una potencialidad que poco a poco, con el correr de los años y, como es lógico, con los estudios, va saliendo a flote, hasta que descubrimos para que servimos en este nuestro hogar: la madre Tierra.

¿Ha descubierto, Capriles, para que vino a este mundo? ¿Ya más que cuarentón, sus potencialidades se han atrofiado o no pueden, por alguna razón salir a flote? ¿Qué está pasando en este candidato perdedor de la llamada Mesa de la Unidad? Usted, lector, cuando observa que un periodista entrevista a un buen deportista, este responde que se siente orgulloso de lo que hace. Si el entrevistado es un músico, afirma que eso es lo que le gusta y lo disfruta al máximo. Y así sucede. Los periodista viven, con pasión, su profesión y se sienten felices redactando noticias, y hasta se convierten en escritores, algunos. Cada quien hace lo que sabe hacer. Pero hay algunos, tal es el caso de Capriles, que no saben lo que tienen que hacer, y se transforman en unos perdedores, hazmerreir de todos, incluyendo a quienes están a sus lado, llámense Armando Briquet, o como se llame.

Capriles dice que es abogado, pero no lo demuestra. Afirma que es gobernador, pero es invisible en el estado Miranda. Tampoco demuestra que es político de garra. Ha llegado a decir que ama a Venezuela, pero ¿acaso sabe amar?, tampoco lo ha demostrado. Dice que en las elecciones presidenciales hubo fraude, pero no presenta las pruebas. Instó a sus seguidores, después del 14 de abril, a que le dieran con “arrechera” y ese llamado produjo 11 muertos chavistas, pero no se responsabiliza de ser autor intelectual de semejante hecho. Esconde el bulto. Hasta ha llegado a decir que él es de centro izquierda, pero eso no se lo cree ni su señora madre. ¿Entonces?

Me viene a la memoria un cuentico: Había una vez un gorrión que deseaba ser como el pavo real. ¡Cuánto le impresionaba la orgullosa marcha de aquella inmensa ave: su altivez, su postura, su imponente abanico!

--Así quiero ser yo también –decía el gorrión-. Me ganaré la admiración de la gente.

Así que el gorrión comenzó a trabajar para ser como el pavo real. Trabajó duro. Contrató a un asesor y a un instructor. Pero la cosa iba de fracaso en fracaso.

Después de una largo tiempo de intentar ser como el pavo real. El instructor le dijo: estoy harto de perder el tiempo contigo. Y te dejó este consejo gratis: aleja esa idea de ser como el pavo real. Mejor conviértete en un Saltimbanqui y serás recordado, por mucho tiempo, como el mejor. Chao.

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