Reflexiones post-electorales

El proceso electoral del 14 de abril, próximo pasado, corroboró una afirmación que desde hace varios años hemos venido compartiendo, cual es la de que en Venezuela la polarización política existente, es profundamente ideológica. La derecha venezolana, con sus distintos matices, propuso en su programa de gobierno el retorno al pasado neoliberal. Cuidadosamente maquillado, con la intención de ocultar su adscripción a las políticas de ajuste macroeconómico plasmadas en el Consenso de Washington, ejecutadas a través del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Su candidato Henrique Capriles, se desdobló, ocultó su verdadero rostro y sus reales intenciones. Frente a ella, el Chavismo, le presentó al pueblo venezolano, sin ningún tipo de rodeo, ni maquillaje, su propósito de construir la Patria Socialista, la Venezuela Socialista. El Programa de la Patria es el cuerpo programático que contiene los principios fundamentales, la base teórica, para alcanzar dicho objetivo. El Presidente Nicolás Maduro, hizo suyo el legado del Presidente Hugo Chávez. La construcción de la Patria Socialista fue siempre el centro de su campaña. Estuvimos, pues, en presencia de dos programas y dos visiones de país: Henrique Capriles privilegió el capital, colocó la totalización del mercado y la riqueza como el centro del desarrollo, sin rostro humano. Nicolás Maduro propuso construir una Patria nueva, privilegió al venezolano como ser humano, como sujeto fundamental en la edificación de la misma, le otorgó a los derechos sociales, económicos y culturales igual importancia que a los derechos civiles y políticos, ya que para él el desarrollo integral es la libertad y la felicidad plena de todos los venezolanos. Socialismo o Neoliberalismo, es la disyuntiva del futuro.

Diversas son las lecturas que sobre los resultados electorales se han hecho. Ser objetivo, en un universo de una polarización ideológica tan profunda como la nuestra, no es nada fácil. Y es que, ningún análisis, menos el político electoral, es neutro, siempre tomamos partido, se le asume para regolfarse o para flagelarse, sobrevaloramos los errores y minimizamos los aciertos y, al hacerlo, perdemos la objetividad.

En el Chavismo creímos poder mantener la votación del 7 de octubre del año 2012, incluso aumentarla, no fue así. El resultado del 14 de abril del presente año fue 615.628 votos menos, comparados con los 8.191.132 votos, obtenidos en octubre. Pero, si los comparamos con los resultados de diciembre de ese mismo año, 4.897.482 votos, vemos que aumentamos 2.678.022 votos, ello nos lleva a afirmar que en nuestro universo existe un caudal electoral portátil, cambiante, inestable. Estos resultados nos dicen que, tenemos una fuerza de 7.575.504 venezolanos socialistas, lo mismo no puede decir la derecha, no todos sus votantes son neoliberales. Mientras que, Chavismo es igual a Socialismo.

Para mantener esta fuerza política, es necesario avanzar en un nuevo relacionamiento Partido-Gobierno, el Partido no puede seguir siendo un apéndice del gobierno, ni éste ser el único ente hegemonizador de las decisiones. Debemos democratizar el PSUV, para convertirlo en la verdadera vanguardia del proceso de consolidación del proyecto de la Patria Socialista, debemos transformar el PSUV, para que deje de ser solo una maquinaria electoral. Pero sobre todo, debemos establecer una nueva relación Partido-Sociedad, sin un partido fuerte en lo organizativo, lo político y con una gran inserción social, nuestro gobierno será débil. Para lograrlo, debemos desterrar toda práctica de intolerancia, de exclusión arbitraria. Los votos de la derecha, también son votos del pueblo. Si volvemos la mirada al año 1998, constataremos que venezolanos que siempre habían votado por AD y COPEI, lo hicieron por Hugo Chávez, fueron determinantes en su triunfo. Algunos de ellos han ocupado cargos importantes en la administración pública, pero, de lo que se trata no es de condenarlos por su pasado adeco o copeyano, no podemos convertirnos en jueces de la Santa Inquisición, como si solo ellos hubieran incurrido en prácticas perversas, clientelares y corruptas; muy por el contrario, frente a estas desviaciones anti revolucionarias debe imponerse un intenso proceso de educación, de concientización, de formación, convertirlos al ideal socialista venezolano del siglo XXI.

Es por ello que, la transformación socialista requiere de un liderazgo imaginativo y creador, auténticamente democrático, sincero, guiado por nobles y profundos sentimientos humanos; debe entender que la justicia social, la equidad, la igualdad, trascienden la condición de valores morales que se le atribuye en la sociedad capitalista; debe desechar toda conducta clientelar y burocrática; pero sobre todo, debe ser eficiente y eficaz. Eficiencia o nada, ha dicho nuestro Presidente Nicolás Maduro. La construcción del Socialismo no es un problema de élites, de puros: quien esté libre de pecado, que lance la primera piedra.


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