Varias publicaciones, una de ellas el libro “Frontera Caliente entre Colombia y Venezuela”, ha puesto en evidencia como la clase política del Zulia, cuyo jefe gobernaba para ese momento, el partido UNT y una parte de la oposición zuliana, pactó con paramilitares y los utilizó como retaguardia, para supuestamente enfrentar a la guerrilla. Aprovechando ese pasillo, estos grupos delincuenciales se apoderaron poco a poco de los negocios sucios en la región y a través de un proceso de cooptación institucional fueron penetrando cuerpos de seguridad como la policía regional. Penetraron igualmente las cooperativas de combustible y se apoderaron del negocio de la droga y el contrabando.
En reciente publicación, un diario de la región daba cuenta de las bandas criminales que operan en Maracaibo, sus integrantes y el lugar donde operan. La fuente de la información era un funcionario de CPEZ. El mismo diario cuenta detalles de como algunos funcionarios alquilan sus armas de reglamento a los delincuentes para que estos delincan y se las devuelvan habiendo perpetrado el atraco, hurto o asesinato.
Todo esto lo saben el Gobernador del Estado Zulia, la Alcaldesa de Maracaibo y el cogollo de la clase política regional. La policía municipal fue sitiada por los bachaqueros en enero de éste año, acto que ponía de manifiesto lo que en realidad está ocurriendo. Pero ni una sola acción se ha ejecutado para cercar a las bandas denunciadas, mucho menos alguna declaración que dejara ver la preocupación por los gravísimos señalamientos de connivencia entre las mafias que se han instalado en la frontera y la clase política que manda en el Zulia sin gobernar. Estas bandas son solo un eslabón de toda la cadena del crimen organizado que ha conseguido tierra fértil en el Zulia y en Maracaibo.
El ultimo episodio que hemos vivido los zulianos, que se le agrega a las grandes omisiones mortales de nuestras autoridades al no darse por enterados de la grave situación de violencia criminal que padecemos, ha sido la instalación del sistema automatizado para llenar el tanque de gasolina de los carros de Maracaibo. La campaña de desasosiego, terror y mentiras no tiene límites. Desde racionamiento hasta castigo para el Zulia, han esgrimido el Gobernador y la Alcaldesa. Detrás de ese antichavismo furibundo que ellos alientan se encuentra la verdadera razón de nuestra desgracia. Además, perdidos como se saben con el candidato a la presidencia, parecen locos en su afán de quitárselo de encima y que no les perjudique. Olvidan que los zulianos no vamos a perdonar lo que nos está costando tenerles donde están, costos que en última instancia pagamos con vidas ante el silencio que los delata y el contubernio con las mafias de todo tipo y pelaje.