La escogencia de candidatos en el Zulia

El asunto de las candidaturas del PSUV a puestos deliberantes y de representación popular en diversos niveles de gobierno no debe ser considerado únicamente como un tema electoral. Se solapan muchas aristas alrededor de este problema. Partiendo del hecho de que nuestro partido debería ser la vanguardia del pueblo venezolano en este esfuerzo por construir la Patria Socialista, debemos atender varios problemas estrictamente políticos en esa dirección.

El primer punto a tratar es que siendo la candidatura del Comandante Hugo Chávez el nervio central de todo un entramado por la lucha del poder, en un magno esfuerzo de repercusiones mundiales por contraponer una alternativa viable al desolador capitalismo, ese hecho innegable no debería sofocar otros aspectos, que si bien no contienen la misma impronta definitoria (sine qua non), implican niveles tácticos y estratégicos nada despreciables. Por lo que resulta inaceptable invocar la elección presidencial para evadir el tema, o solaparlo entre bastidores de espaldas a las masas. En guerra, y estamos en una, no se puede desestimar ni la menor escaramuza.

El segundo asunto que debemos tratar es sobre la pertinencia del debate, o cualquier otra metodología, que sirva de acto pedagógico y de certificación de la unidad del partido en torno a la escogencia de candidatos al CLEZ y a las alcaldías, no hablo de la unidad declarativa, sino de los niveles de confianza que deben existir entre la dirigencia (en toda su estructura) y las masas del partido, que garanticen la unidad de acción dentro de la diversidad necesaria de criterios y formas, enmarcadas en un proyecto consensuado de construcción del Socialismo. El método de cooptación, absolutamente reglamentario, pretende entre otras cosas privar a nuestra organización de un esfuerzo innecesario y un desgaste en una contienda interna, donde tal vez queden más visibles heridas y contratiempos que pueden poner en peligro el objetivo central y más importante: la reelección del Comandante Chávez y el desarrollo de los 5 grandes objetivos históricos del nuevo Plan Socialista. Sin embargo, este método comporta una serie de responsabilidades que resultan insoslayables, que de no cumplirse, las consecuencias que se quieren evitar podrían multiplicarse de forma descontrolada. De tal forma que, siendo la UNIDAD la razón de la aplicación del método, no resulte peor el remedio que la enfermedad.

En el caso de los candidatos al CLEZ deberíamos debatir (y considero que este debate no comporta ninguna amenaza a la unidad interna), la utilidad que este espacio de representación popular tiene para los efectos de la construcción del Socialismo, para el impulso del Estado Comunal expresado en el Plan del Candidato de la Patria. Una vez dirimido este asunto, paso seguido sería saber las consideraciones que aplican para la escogencia de los candidatos (la cooptación hasta dónde sé no implica callar las razones de la escogencia). Lo menos que podemos esperar de un cuadro político que nos va a representar al CLEZ es que presente un PLAN DE GOBIERNO LEGISLATIVO, para saber a qué atenernos en nuestro deber de ser contralores de las políticas públicas, también en el ámbito legislativo. Ese plan debería estar apegado al Plan de los 5 grandes objetivos históricos, dentro de lo que concierne a la labor legislativa respectiva. En cuanto a los compañeros que ya ejercen esta representación y quieren reelegirse, debemos exigirle la presentación de un balance de gestión parlamentaria, que permita a las masas considerar un acierto su reelección. Un diputado revolucionario debe diferenciarse de uno de derecha en este punto y en todos los puntos posibles.

En cuanto a nuestros candidatos a las distintas alcaldías del estado Zulia, las recomendaciones no son menos exigentes. Aquellos candidatos que hoy son alcaldes, deben presentar cuentas de su gestión de forma clara y precisa: como se esperaría de un revolucionario. Deben tomarse en cuenta criterios a tono con el talante revolucionario de los candidatos y no simplemente cuestiones de popularidad o encuestas.

Un tercer elemento a tratar es sobre las consecuencias éticas del método de cooptación. Este método coloca toda la responsabilidad en quien realiza la escogencia, relevando a las masas de esta responsabilidad; pero trasladando a ella todas las consecuencias derivadas del accionar político de estos candidatos, bien durante la campaña y luego como flamantes diputados (o como candidatos eternos). La cooptación, sin eufemismos, es la escogencia a dedo. Por tanto es un acto que implica una altísima responsabilidad (o irresponsabilidad, según sea el caso). Este método puede efectivamente contribuir a evadir la lucha intestina del desgaste; pero también puede producir el efecto contrario y avivar más la encarnizada refriega interna. El punto clave es: la decisión debe estar soportada en criterios que deben ser “validados” en la conciencia de las masas del partido y del pueblo. La cooptación debería estar al servicio de la Revolución, bien alejada de buscar falsos equilibrios de tendencias, muchas de ellas con un profundo rechazo en las masas.

El cuarto elemento a considerar tiene implicancias en la escogencia del mes de diciembre. La cooptación es un peldaño en la construcción de la confianza del pueblo con el candidato Arias Cárdenas. Pasar este punto por debajo de la alfombra es desestimar el valor táctico de esta escogencia. En términos estratégicos significa alejar o acercar las posibilidades de triunfo del candidato del PSUV en diciembre, integrando al Zulia a la corriente revolucionaria.


[email protected]

Esta nota ha sido leída aproximadamente 950 veces.

.