Pensar Trujillo: El caso Valera

La idea del progreso, basado en el desarrollo tecnológico capitalista, trajo aparejada consigo la teoría de lo imposible; lo que, dicha tecnología, no pudiese resolver no tendría solución. Con el correr del tiempo se ha demostrado que no existe una sola tecnología, que han existido otras y que se están produciendo nuevas, ya que -en el acto creativo- lo que no está prohibido puede ocurrir. Lo imposible se convirtió por esta vía en una teoría para el control, limitación y negación de la imaginación, en una teoría que justificaba todo ya que vivíamos en un mundo lleno de incertidumbres y, ante éstas, lo más recomendable era esperar, ya que las disfunciones de la sociedad, como por acto de magia, se resolverían de manera natural.

Poseídos por esta perspectiva, los gobernantes de la Venezuela de los años ochenta del mil novecientos, asumieron la crisis de aquellos años. La misma, no les produjo sorpresa ni desconcierto, no les produjo confusión ni los aturdió, porque siempre creyeron que el “maná petrolero” lo resolvería todo; por ello, siempre pensaron que sería una crisis pasajera, lo cual no les permitió imaginar los hechos impredecibles subyacentes en ella. Sobre todo, porque los predicadores del neoliberalismo criollo, hicieron suya la creencia de la muerte de las ideologías. El Fin de la Historia, de Fukuyama, fue convertido en una suerte de “libro sagrado”, por quienes se hicieron eco de tan desacertada afirmación. “Llueve y escampa” fue una “sesuda” frase que se acuñó en el léxico político venezolano, con ella se pretendía ocultar el fracaso de un orden político, basado en el “pactismo de élites”. Moría la partidocracia, y los partidos políticos no se daban cuenta de tal hecho, se resistían a permitir el surgimiento de nuevas formas de organización y participación social y política.

Mientras tanto, el caos se apoderaba de nuestras ciudades. Valera fue golpeada de manera despiadada. Las autoridades municipales que ha tenido desde entonces, han sido incapaces de diseñar políticas que detengan su cada vez mayor deterioro, han hecho de la teoría de lo “imposible” su prédica natural, asumieron como suya la idea de que lo invisible era algo imposible. Por esta vía, apoyándose en la ley de la refracción de Snell, no han querido ver los problemas de la ciudad. Problemas que, con asombrosa terquedad, ni se han refractado ni se han desviado, siguen allí, propagándose, haciéndose cada vez mayores.

Cuanta pena ajena da ver a la Valera de hoy. Ante los problemas de recolección de los desechos sólidos, del suministro de agua, de la cada vez más angustiante inseguridad, del tránsito automotor, de la circulación peatonal, de la economía informal, de la vialidad, del deterioro de la infraestructura civil, de las aguas negras, de la falta de escalinatas y caminerías en sus barrios populares, del deterioro ambiental, de la contaminación sónica, en fin de la cada vez mayor pérdida de calidad de vida, las autoridades municipales han pretendido invisibilizar estos problemas, el valerano no les importa. Ante tanta indolencia, Valera reclama propuestas políticas serias, novedosas, para el hoy pensando en el mañana, las cuales hay que elaborar.

La Valera Bonita, la Valera Socialista son solo consignas. El Socialismo es la negación del caos y la Valera de hoy es expresión de éste. Caos que no podrá ser superado sino se entiende el carácter multidimensional del mismo. Es por ello que pensar, como posibilidad deseable para una convivencia humana justa, en la edificación de una nueva ciudad es el reto que se tiene; para lo cual no resulta suficiente plantear o reconocer los problemas, sino que se hace necesario ir más allá, ya que estos son producto, como hemos dicho, de una práctica, lo que los define como el contenido o parte de una construcción, son una realidad, por lo que su superación requiere de una visión, de un pensamiento que trascienda los limites tradicionales con que se ha pretendido resolverlos, que incorpore en su lógica de pensarlos la indeterminación de los mismos, para que puedan ser pensados en forma integral y poder avanzar en su determinación. Y, para ello, es necesario romper con ataduras, reduccionismos y apriorismos que impiden hacernos una visión amplia en el diseño de las propuestas de solución a dicha situación de caos. A nosotros nos parece que, la Alcaldía de Valera, podría reivindicarse ante los ciudadanos de nuestra urbe, si promueve el diálogo y la reflexión sobre ella, si convoca a un encuentro de valeranos, para Pensar Valera.

*Profesor ULA


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Nelson Pineda Prada


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