Forzar el avión de Evo Morales a bajar fue un acto de piratería aérea

El negar el espacio aéreo al Presidente Boliviano fue una metáfora para el gangsterismo que ahora gobierna al mundo.

Imagine el avión del Presidente de Francia que fuese obligado a aterrizar en América Latina por “sospechar” que llevaba hacia la seguridad a un refugiado político - y no a cualquier refugiado sino a alguien que le ha dado a la gente del mundo pruebas de una actividad criminal a una escala épica.

Imagine la respuesta de París, más aún la de la “comunidad internacional”, que es como los gobiernos del occidente se llaman a sí mismos. Ante un coro de gritos de indignación desde Whitehall* a Washington, desde Bruselas a Madrid, fuerzas especiales heroicas serían despachadas a rescatar a su líder y en nombre de la justicia, a aplastar la fuente de tan flagrante gangsterismo internacional. Los editoriales los auparían, probablemente recordando a los lectores que este tipo de piratería fue exhibida por el Reich Alemán en los años 1930.

El forzar al avión del Presidente Boliviano Evo Morales a aterrizar - se le negó el espacio aéreo por parte de Francia, España y Portugal, seguido de su confinamiento durante 14 horas mientras las autoridades austriacas exigían que les dejaran “requisar” su avión para buscar al “fugitivo” Edward Snowden - fue un acto de piratería aérea y de terrorismo de estado. Fue una metáfora para el gangsterismo que ahora gobierna al mundo y para la cobardía e hipocresía de los espectadores que no se atreven a llamar esto por su nombre.

En Moscú, a Morales se le había preguntado acerca de Snowden - quien sigue atrapado en el aeropuerto de la ciudad. “Si hubiese un pedido (de asilo político)” dijo, “desde luego que estaríamos dispuestos a debatir y considerar la idea”. Eso fue claramente suficiente provocación para el padrino. “Hemos estado en contacto con un número de países que han tenido la oportunidad de permitir que Snowden llegue a ellos o viaje a través de ellos”, dijo un oficial del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Los franceses - que habían chillado por el espionaje de Washington en cada uno de sus actos, según reveló Snowden - fueron los primeros en salir en auxilio del padrino, seguidos de los portugueses. Luego los españoles hicieron su parte al aplicar un cierre a su espacio aéreo, dando a los mercenarios vieneses del padrino suficiente tiempo para averiguar si Snowden realmente estaba invocando el artículo 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el cual reza: “En caso de persecución, toda persona tiene el derecho a buscar asilo y disfrutar de éste en cualquier país”.

Aquellos a los que se les paga para mantener las cosas claras han jugado su papel en un juego mediático de gatos y ratones que refuerza la mentira del padrino de que este heroico joven está huyendo de un sistema de justicia y no de la encarcelación predestinada y vengativa que se traduce en tortura - pregunten a Bradley Manning y a los fantasmas vivientes de Guantánamo.

Los historiadores parecen estar de acuerdo en que el surgimiento del fascismo en Europa pudo ser evitado si la clase política liberal o de izquierda hubiese entendido la verdadera naturaleza del enemigo. El paralelismo hoy día es muy diferente, pero la espada de Damocles sobre Snowden, así como el secuestro casual del Presidente de Bolivia, debe alertarnos para reconocer la verdadera naturaleza del enemigo.

Las revelaciones de Snowden no son meramente sobre la privacidad, o la libertad civil, ni siquiera del espionaje de masas. Son acerca de lo innombrable: que las fachadas democráticas de los Estados Unidos actualmente apenas esconden un gangsterismo sistemático identificado con el fascismo, si es que no es lo mismo. El martes, un drone de los Estados Unidos mató a 16 personas en Waziristán del Norte, “donde viven muchos de los activistas más peligrosos del mundo”, decían los pocos párrafos que leí. El hecho de que los activistas más peligrosos del mundo, y por mucho, habían lanzado los drones no fue considerado. El Presidente Obama personalmente los envía cada martes.

En su discurso de aceptación del premio Nobel de Literatura del 2005, Harold Pinter se refirió a un “vasto tapiz de mentiras de las cuales nos nutrimos”. El preguntaba por qué “la brutalidad sistemática, las extendidas atrocidades” de la Unión Soviética eran bien conocidas en el occidente mientras que los crímenes de los Estados Unidos apenas fueron “registrados superficialmente, menos aún documentados y muchos menos aún reconocidos”. El silencio más perdurable de la era moderna cubrió la extinción y desposeimiento de incontables seres humanos por un Estados Unidos incontrolado y por sus agentes. “Pero uno ni se enteraría”, dijo Pinter. “Nunca ocurrió. Aún mientras ocurría, nunca ocurrió”.

Esta historia oculta - no oculta realmente desde luego, pero excluida de la conciencia de las sociedades metida a la fuerza en los mitos y prioridades americanos - nunca ha estado más vulnerable a la exposición. La denuncia de Snowden, así como la de Manning, Julian Assange y Wikileaks amenaza con romper el silencio descrito por Pinter. Al revelar un vasto aparato estatal policial Orwelliano al servicio de la maquinaria más grande de la historia para hacer guerras, ellos sacan a la luz el verdadero extremismo del siglo 21. En algo sin precedentes, la revista alemana Der Spiegel ha descrito a la administración Obama como “totalitarismo suave”. Si se comienzan a entender las cosas, probablemente todos comencemos a mirar más hacia nuestros aliados cercanos.

(N.T. *Whitehall es la calle de Londres considerada el centro administrativo del gobierno)

www.johnpilger.com



Este artículo apareció primero en The Guardian.

Fuente original:

http://johnpilger.com/articles/forcing-down-the-bolivian-president-s-plane-was-an-act-of-piracy



Traducción de Andrés Mendoza

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