Civilización y McDonalds

“Civilización y Barbarie” fue el título que el argentino Domingo Faustino Sarmiento dio en 1845, a su libro sobre Facundo Quiroga. El tema principal de esta obra radica en la contradicción entre los logros civilizatorios de Europa y los Estados Unidos y el estancamiento americano motivado principalmente por la composición cultural que provenía de las raíces indígenas. Interpretando el axioma de su compatriota Alberdi –gobernar es poblar- Sarmiento escribe: “Muchas dificultades ha de presentar la ocupación de país tan extenso; pero nada ha de ser comparable con la ventaja de la extinción de las tribus salvajes”. Con relación a los héroes indígenas que resistieron a los españoles, en el caso chileno, señala: “Para nosotros Colocolo, Lautaro y Caupolicán, no obstante con los ropajes nobles y civilizados (con) que los revistiera Ercilla, no son más que unos indios asquerosos, a quienes habríamos hecho colgar ahora,…”. A propósito de los Estados Unidos escribía: “Alcancemos a los Estados Unidos (…) Seamos Estados Unidos”, deliraba al final de sus días en una suerte de orgasmo imposible. En una crítica que hace a José Martí señala: “Quisiera que Martí nos diera menos Martí, menos español de raza y menos americano del Sur, por un poco más del yankee, el nuevo tipo del hombre moderno”.

“Civilización y McDonalds” es la lectura que muchos pueblos del mundo se hacen, ante las arremetidas bélicas de los Estados Unidos y Europa. A nombre de la civilización occidental, de los “derechos humanos”, de la democracia y de la lucha contra el terrorismo, los gobiernos de estos “países desarrollados” valen decir –OTAN- han provocado, con el pretexto de posesión de armas de destrucción masiva, una matanza de más de un millón de personas en Irak y la destrucción de una cultura milenaria. En Afganistan, con el argumento que los talibanes son una amenaza para la cultura occidental, invadieron un país pobre pero de una gran importancia geopolítica de expansión de mercados y productor de la amapola, fuente de la heroína. Igual suerte corrió Libia, ahora país devastado que vive la anarquía del fanatismo y el mercado. Hoy quieren ir por Siria, al menos esas son las intensiones de Obama, representante de la industria petrolera y armamentista norteamericana y premio Nobel de “la paz”, quien el pasado sábado anunció acciones militares contra ese país árabe. Mientras, se mantienen apoyos de recursos bélicos a los rebeldes. Además del gobierno estadounidense, Inglaterra y Francia, se anotan más de ciento cincuenta mil muertos, en esta guerra. Con el mismo guión de Irak y sin pruebas, acusan al gobierno sirio de utilización de armas químicas.

¿Es esta la civilización que sirve de modelo para las nuevas generaciones? ¿Es esta la cultura de la Paz? El discurso hecho por Sarmiento sobre los indígenas no difiere de las nuevas interpelaciones hechas por el gobierno norteamericano y sus segundones sobre pueblos de culturas diferentes. La cultura McDonalds -cajita feliz con Coca Cola incluida- con denominaciones tales como: terroristas, daños colaterales, blancos selectivos o estados forajidos sentencian a l@s otr@s y, a nombre de la civilización pretenden justificar el saqueo y la cultura de la muerte. José Martí, entendía la “civilización” como: “el pretexto o el nombre vulgar con que corre el estado actual del hombre europeo [o norteamericano], que tiene derecho natural de apoderarse de la tierra ajena perteneciente a la barbarie, que es el nombre que los que deseen la tierra ajena dan al estado actual de todo hombre que no es de Europa o de la América europea”.

Fuente: Fernández Retamar, Roberto. (1980). Calibán: en Revolución, Letras y Arte. La Habana: Editorial Letras Cubana.

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