Además que cargarán a perpetuidad el estigma de cobardes, ya demostrado ese estado anímico desde que el impostor Yahvé, después de haber asesinado a 200 mil israelitas por “desobedientes”, le tuvo miedo a Moloc, quien asesinaba niños en las mismas tierras de Israel, como un cruel desafío al que fanfarroneó de “dios guerrero”.
No se diga algo diferente de su adorado rey David, el experto con la ballesta contra los lobos que se alimentaban de las ovejas pastoreadas, quien aprovechó la posición fetal en el bosque de las deposiciones del guerrero amalecita apodado Goliat, después de muerto, para afinar puntería a la amplia frente del “gigante” y luego pupilo de Samuel, el primer juez, subió al trono después de destronar a Saúl, con Joab como verdugo, quien ya había matado a 6 mil en un día, entonces por orden de David asesinó a 10 mil incluidos los hijos del rey judío y miles de los que habían firmado por este.
De esos farsantes asesinos la “escuela” hebrea de la avaricia, apoyada por la secta del judaísmo y sus ramificaciones del disimulo, entre otras, los saduceos de Nerón; los bundistas-estalinistas rusos y desde V (cinco) siglos a hoy los testigos de “Jehová”. Estos últimos para “testificar” lo del falso “holocausto” sufrido por los judíos, quienes con los inmensos capitales que le robaron a los industriales alemanes con el cuento de defenderlos de la amenaza de los imperios londinense y francés, reforzaron el capitalismo y el imperialismo en ciernes de Norteamérica donde, tras bastidores, fundaron la Organización de Naciones Unidas (ONU) a la medida de sus ambiciones, solapadas entonces tras el estandarte manoseado por la mano peluda de los farsantes propagadores de crematorios de individuos que vivieron con sus mentiras y con “la gran ramera de la diáspora (no errantes) que fue diseminada por todo el mundo y que tiene confundida a la iglesia a través de sus falsos apóstoles infiltrados para llevar al pueblo cristiano a la apostasía y, además, son hijos del padre de la mentira” (Juan, cap.8. Vers. 44).
Son los mismos que se pusieron las capuchas de nacionalistas iraquíes para degollar a hombres inocentes de distintas nacionalidades (martirizaron a un ingles durante varios días), con lo que pretendieron demostrar que los naturales de las tierras mesopotámicas defendían la patria apelando a la barbarie de la que ellos están acostumbrados. Por lo tanto había que invadir, según ellos, para acabar con el “terrorismo” en el área de la que ellos aspiran expandir el alero que les proporcionó la incondicional Organización de Naciones Unidas y su cogollo, el mal llamado Consejo de Seguridad.
La barbarie de hoy en Palestina no se limita solo a esta última navidad. Ellos dicen que la tierra donde el judío Caifás y el saduceo Herodes Antipas mataron a Jesús Cristo, les pertenece por ser la que les designó el viejo tratante de blancas en su criada Sarahi, es decir, el mismo Abraham alejado de palestina desde joven hasta su muerte. Otra mentira, pues si hubo un reconocimiento de las bondades de esa región, fue cuando Salomón Rey proclamó a Palestina como la tierra de promisión. No tierra prometida.
Lo lamentable de esta nueva masacre de los judíos asesinos contra los niños, mujeres, ancianos y hombres inocentes de Palestina, como ya lo hicieron contra el Líbano, como que no tiene dolientes en los gobiernos de Egipto y de los Emiratos Árabes. De los europeos, con Solana de vocero, ni hablar. Que esperen apoltronados. Los judíos no respetan frontera ni jerarquía.
Por nuestra parte, un llamado a los obreros, campesinos, estudiantes y pueblos en general del mundo entero, para que unidos salvemos a Palestina de las garras de los judíos asesinos, quienes pretenden acabar con la raza de los no escogidos.
Patria, Socialismo o barbarie.
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