La clase trabajadora en la encrucijada de escoger entre Chávez y Capriles. Entre Socialismo y Capitalismo

Interesante el ritmo que ha adquirido la campaña electoral; la dirigencia de la clase trabajadora, aún sigue bajo el letargo de la burrundanga burocrática; mientras que, los candidatos presidenciales, se han visto obligados a acudir en la búsqueda de ese importante sector de nuestra sociedad. El candidato Chávez, lanza la primera piedra y se va a la “zona del hierro”, Guayana, allá lo esperan trabajadores y trabajadoras, en lo fundamental de Sidor y PDVSA. Las calles son tomadas por obreros/obreras tercerizadas por la tecnoburocracia roja/rojita que actúa tan igual, como la burguesía transnacional que gerenciaba nuestras industrias básicas, privatizadas en la cuarta república. Así era recibido, el candidato de la Patria, ya el aguacero que sería el acto se anunciaba. No obstante, Chávez avanzó hacia el escenario en que se realizaría el acto, desde el cual, reprendería la actitud de ese grupo de camaradas trabajadores y trabajadoras: “Los trabajadores tienen derecho a protestar de las mil maneras, pero los trabajadores no pueden sabotear a la propia empresa, eso es traición. No es un verdadero revolucionario. Quienes lo hagan se alejan de mi corazón”, mientras accedía a la incorporación a nómina Sidor, de ese grupo de cerca de 650 nuevos trabajadores y trabajadoras.

 El acto, que el camarada Chávez  pretendió enfocarlo hacia la exposición de los nuevos proyectos industriales para Guayana, proyectos macros en fin de cuentas, las y los trabajadores presentes, entre los cuales, no solo estaban representantes de la nueva aristocracia obrera de la CBST, sino de otras corrientes del movimiento obrero bolivariano, siendo, estos últimos, quienes se atrevieron a tomar la palabra y bajar a tierra al camarada candidato Chávez, expresarle el descontento existente entre la masa laboral de la zona por la negativa de la tecnoburocracia roja/rojita a discutir la contratación colectiva, ya vencida, hacía 18 meses. En tal sentido, los camaradas José Acarigua Rodríguez y José Meléndez tomaron la vocería, mientras la masa laboral coreaba a viva voz: “Contrato, contrato”  y  los tercerizados de Tavsa, clamaban por su incorporación a nómina. Chávez, sentía en carne propia, su desconocimiento de la realidad del movimiento de la clase trabajadora, esa que tanto le ocultan tanto la tecnoburocracia gerencial que le sirve de intermediario en su relación con la clase trabajadora, como también, la nueva aristocracia sindical, la CBST, que mitiga la energía revolucionaria de la clase.

  El camarada Chávez, ya no hablando como candidato sino como presidente de la República, reculaba con sandeces  tales como que él tomó la decisión de estatizar la siderúrgica, que luego de eso hubo un proceso de ajustes que requiere de “sabiduría y paciencia”, ante la contundencia del reclamo, no le quedó otra sino ordenar: “comiéncese a discutir las contrataciones colectivas en Guayana”. Y como en Guayana, están las y los trabajadores universitarios, cuya convención colectiva va, en octubre próximo, para dos (2) años de vencida; los cementeros, que tuvieron que acudir  al paro de actividades, ante los oídos sordos de la tecnoburocracia roja/rojita que dirige esas empresas nacionalizadas. Las y los empleados públicos, la lista es larga.

 Chávez demostraba ese día, lo que ha ocurrido a todo lo largo de estos 14 años de Revolución Bolivariana, que escucha a las y los trabajadores de la Patria, “solo pido que se discuta con madurez y criterio de responsabilidad, no pensando solo en los intereses de los trabajadores. Teniendo en cuenta también el interés social, nacional y popular”, les replicaba, intentando así, hacer un llamado a la conciencia de la clase trabajadora, desterrar el egoísmo y el individualismo, ya que esas empresas ahora son de propiedad colectiva, de todas y todos los venezolanos, y su producción y ganancias no son solo para satisfacción de las necesidades de las y los trabajadores que allí laboran, sino para todo el pueblo venezolano. Y así, como aprobaba el inicio de la discusión de la nueva contratación colectiva, ordenaba también el pase de las y los trabajadores de Tavsa a una gerencia de la acería para que ésta no siga siendo dirigida por Pdvsa, decisiones que, de inmediato, llenaron de algarabía el escenario del acto y  los gritos no se hicieron esperar y, al ritmo de “uh, ah Chávez no se va”, el acto continuó. Este encuentro entre el camarada Chávez y las/los trabajadores de nuestras industrias básicas, dejó en evidencia el grado de confianza existente entre trabajadores y trabajadoras y su presidente de la República, el tú a tú del debate, días después no gustaría en otros sectores de nuestra sociedad, en particular, la burguesía.

  Trabajadores/ trabajadoras y su presidente, pondrían en evidencia lo que ha sido una constante, entre los diferentes gerentes designados para dirigir nuestras empresas básicas, su incompetencia. Así, al ser requerido por el mismísimo presidente Chávez, el nuevo presidente de Sidor, Rafael Gil Barrios, interrogado sobre el significado de las siglas  HyL III, éste, intentando dar con la respuesta, tartamudeó y dudó, obligando al Presidente a consultar a un siderúrgico sentado frente al auditorio, quien explicó acertadamente su significado. Hasta el ministro de industrias, Ricardo Menendez, llevó lo suyo, ya que ante la pregunta del camarada Chávez por el estatus de la construcción de la nueva fábrica de tubos, su respuesta obtuvo el abucheo generalizado de las y los trabajadores presentes, no quedándole otra opción al camarada candidato y presidente sino preguntar a viva voz a las y los trabajadores: “está activa la obra”, obteniendo como respuesta: un largo ¡no!.  La respuesta molestó al Presidente, quien exigió “que no se retarde ni un día más”. El ministro Menéndez, replicó que la construcción se reactivaría el 31 de agosto. Actos como éste, sin duda, dejan un grato sabor entre nuestra población, crítica y auto crítica, debate, confrontación de ideas, oír al otro, en fin de cuentas, DEMOCRACIA VERDADERA, SOCIALISMO.

 Todo un acto subversivo, fue lo que vimos venezolanas y venezolanos, de allí la explicación a la ofensiva mediática que lanzara la oposición burguesa  para tratar de desmeritar el acto. “Los dioses se apiadaron de los trabajadores asistentes porque de repente se dañó el equipo de sonido (dijeron que fue un "apagón" en la planta de Caruachi, ¡qué ironía!) y tras un corre-corre extraño tras bastidores, la cadena fue abruptamente suspendida. Fue el triste final de la enésima tentativa de Chacumbele de caerle a cobas a los trabajadores de Guayana. Pero lo que revela el acto en Caruachi es que a Chacumbele ya no le creen. No le dijeron embustero pero le mostraron el tramojo…”, decía Teodoro, el privatizador, en uno de sus Editoriales en su pasquin: Tal Cual, del 23-08-2012. 

 Los efectos positivos  del acto, obligarían días después, al candidato de la burguesía, Capriles Radonski, a replicar con un acto en la misma zona, Puerto Ordaz. Acompañado por Andrés Velásquez y distintos dirigentes sindicales, descontentos del chavismo, hoy devenidos en apátridas. Productos, en fin de cuentas, del gobernador  Rangel Gómez, José Khan, José Ramón Rivero, Rodolfo Sanz y demás tecnoburócratas contrarrevolucionarios, esa dirigencia apátrida que acompañaba a Capriles en ese acto, dejaba atrás sus ideas a favor de la Revolución Bolivariana. Ramón Machuca, ex dirigente de Sidor,  se manifestaba: “Creo en primer lugar, que una de las cosas fundamentales en este acto con el próximo Presidente de la República, Henrique Capriles Radonski con los trabajadores de Guayana, es que se acaba de marcar un hito en la vida política del país, ya no es solo el Presidente Chávez quien se reúne con los trabajadores, sino que ahora es Capriles, pero además los trabajadores lo hacen de manera voluntaria”, acompañado de dirigentes de sindicatos como Venalum, Carbonorca, Ferrominera, Alcasa, importantes empresas; todas ganadas por factores de oposición, gracias a la tecnoburocracia roja/rojita y la aristocracia sindical de la FBT, hoy CBST.

 El acto prometía ser bueno, hasta que salió al ruedo el candidato de la burguesía y comenzó hablar, promesas y más promesas, mentiras y más mentiras. Que si va a discutir todas la contrataciones colectivas vencidas, que si las empresas de Guayana serán gerenciadas, por la gente de Guayana, que si va a cancelar los pasivos laborales y habló más de la cuenta, en esta oportunidad el candidato de la burguesía, se le fue la lengua.  Los hechos de Amuay, estaban calienticos y, con ello, el pésimo tratamiento que les diera la oposición apátrida a tales hechos. Así, el candidato burgués, comenzó a decir sus verdades y, con ello, lo que piensa de las y los trabajadores venezolanos: “Nosotros no queremos trabajadores jalabolas”, se refería Capriles, impactado por el acto previo de Chávez con trabajadores y trabajadoras de Guayana. Obviamente, no había captado la contundencia de dicho acto. Con dicha frase, Capriles desestimaba las muestras de afectos hacia el camarada Presidente Chávez, por sus acciones en beneficio del pueblo. Con ello, evidenciaba su desprecio hacia las y los trabajadores que, una vez Chávez anunciara su orden que se discutiera la convención colectiva en Sidor, comenzaron a gritar y aplaudir: “Uh  Ah, Chávez no se va”. El impacto del acto se venía abajo, en unas pocas palabras el candidato de la burguesía echaba por la borda el esfuerzo hecho por la nueva dirigencia sindical opositora de Guayana, nacida gracias a Rangel Gómez, José Khan, José Ramón Rivero y Rodolfo Sanz y la FBT, hoy CBST, pandilla de contrarrevolucionarios, quinta columna.

 Capriles, fiel representante de la burguesía y del imperialismo, no le había hablado claro a sus conmilitantes ni al pueblo venezolano, con sus mentiras y falsas promesas, oculta sus verdaderas intenciones y las de la clase que representa. El desmontaje del Estado de Justicia y de Derecho, que ha venido construyendo el Gobierno Revolucionario del camarada Hugo Chávez. Capriles, con su programa de gobierno, de marcado tinte neoliberal, busca retrotraernos en el tiempo, al período de finales de los 80 con su paquetazo, tipo FMI. Descentralización y privatización, constituyen los ejes fundamentales de sus ideas de gobierno. Reducir el gasto público, mandato clave de todas las políticas que impone el FMI, viene a ser su norte estratégico de políticas públicas, lo que, en otras palabras significa, eliminar las misiones sociales (salud, educación, alimentación y vivienda), las pensiones del seguro social y, en definitiva, las conquistas sociales obtenidas por nuestro pueblo en estos 14 años de Revolución Bolivariana. La burguesía, con Capriles, viene por lo que, en todos los años previos a esta Revolución, creyeron como suyo, las riquezas nacionales, el usufructo exclusivo de la renta petrolera. Objetivo que, sin duda, Capriles se los garantizaría, como uno de su clase que es.

  Chávez, en contraposición, hijo de este pueblo, ha democratizado el usufructo de la renta petrolera, sembrándola en mejores condiciones de vida para su pueblo, salud, educación, viviendas, alimentación y, más allá, el logro del Buen Vivir. Ahora bien, al no ser la relación de Chávez con su pueblo directa, sino que se intermedia con la burocracia estatal, esa relación está cargada de tensiones. La clase media o pequeña burguesía que sirve de intermediario entre Chávez y el pueblo, está cargada de vicios propios de la burguesía, a la cual aspira convertirse. Así nos lo explica el dirigente de la Unión Nacional de Trabajadores, el camarada Eduardo Sánchez, en entrevista para el periodista Ernesto Villegas:

-¿Cuánto poder tiene la clase obrera en el gobierno?
-“La clase obrera no tiene ningún poder en este gobierno. Si se mide por los funcionarios de alta jerarquía en el gobierno y en la dirección del Psuv, casi ninguno proviene de la clase obrera y ninguno expresa la posición de los trabajadores como clase. En los últimos años se ha dado una confrontación entre los trabajadores y la clase política que dirige el proceso.

-¿Qué es más provechoso para los trabajadores, el paternalismo del estado o la contratación colectiva obrero patronal?

-El paternalismo estatal no es revolucionario sino una expresión populista que le niega a los trabajadores la condición de clase que debería motorizar el proceso revolucionario. La contratación colectiva es el instrumento de los trabajadores para mejorar sus condiciones socioeconómicas y a la vez, en su proceso de lucha, irse conformando de clase en sí en una clase para sí.

-¿Le preocupa el avance de la oposición en el ámbito sindical? 
-Siempre es preocupante para los revolucionarios que haya confusión en la clase trabajadora al elegir como sus legítimos representantes a gente que no está comprometida con su causa. En el caso de Guayana, también tenemos que sumar allí como efecto de ese avance, la equivocada política del gobierno regional y de la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores, porque han sido precisamente ellos quienes han perdido esas elecciones. El principal responsable de esas derrotas es el gobernador Francisco Rangel Gómez.

-¿Primero Chávez o primero los trabajadores?
-Para los revolucionarios primero está la clase y vemos a Chávez como un hombre de vanguardia dentro de la clase trabajadora…”

(http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/124030/dirigente-de-la-union-nacional-de-trabajadores-la-clase-obrera-no-tiene-ningun-poder-en-este-gobierno/)

 Interesantísimas reflexiones éstas, de la dirigencia sindical revolucionaria que, aunque apoya al proceso y la candidatura del camarada Chávez, es crítica e impulsa la lucha de clases, no sirve de colchón a ésta, ni vive de las prebendas que le lanza la tecnoburocracia estatal, esa que sí es, en términos populares, es la propia jalabolas.

 Bien sería, de mucho provecho, para el camarada candidato Hugo Chávez, un acto de campaña para oír ese otro sector, de nuestra clase trabajadora, que le apoya y manda a votar por el candidato de la Patria, pero que es crítico y está en combate por los derechos laborales de nuestra clase trabajadora.

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