De los asilados en la embajada de Argentina. ¿Exceso del gobierno de Venezuela, alcahuetería del brasileño o……?

El tema de los venezolanos asilados en la embajada de Argentina, me ha venido llamando la atención desde el primer momento que comenzaron a divulgarse las quejas. Escuché los clamores desde muy cerca, pues amigos nuestros muy respetables, a su vez amigos de afectados o atrapados en aquel como abandonado espacio, empezaron a reproducirlos y todavía eso hacen. Lo de la represión política es un tema ante el cual estoy, desde muy joven, sensibilizado, pues fui víctima de ella, tanta que estuve tres veces preso, viví un largo tiempo en el triste, desolado mundo de la clandestinidad y bajo persecución.

El mariscal Sucre, a quien idolatro por el rol descollante que desempeñó en la historia y por ser mi paisano; o mejor que, en Cumaná, en la escuela, nos enseñaron a darle el merecido valor al Mariscal, lo que hicieron mis maestros, quizás por cumaneses y no tratarle como una figura de segunda línea y apagado, fue el redactor del documento que puso fin a la llamada "Guerra a muerte" y, al mismo tiempo, quien hizo por el ejército venezolano, el trabajo diplomático, en el manejo de ese asunto. En aquel documento, creo que uno de los primeros, si no el único, en su tiempo, donde se dejaron estampados los derechos humanos en la guerra. Y este acontecimiento en mí, desde niño, contribuyó a sensibilizarme más por ese asunto. Fue ese documento, de mucho peso y determinación en mi formación y supe de él desde muy niño. Fue firmado en noviembre de 1820, 128 años antes que la ONU promulgase el documento relativo a los derechos humanos. Cuando esto se produjo, en la escuela, ya nosotros habíamos sabido del documento de Santa Ana, Trujillo, que, en buena medida, recogió lo que se estableció como norma mundial posteriormente. Y sabíamos, del mérito que, en aquello, tuvo el cumanés, "Mariscal de América".

La historia me apasiona, forma parte de mi profesión, mi ser y ante ella y sus verdades, me rindo y hay que rendirse. Hoy he enviado un mensaje a un amigo, quien, en un trabajo sobre la Casa Fuerte de Barcelona, atribuye el mérito de concebir el plan de tomar Guayana a Bolívar. Lo que no es cierto. Bolívar, después de la expedición de Los Cayos de 1816, coloca en la Casa Fuerte, 1817, un parque de armas, para dirigirse a Caracas, su eterno proyecto. Por la derrota que, el general español Aldama, inflige a los patriotas en esa plaza, Bolívar invita a Piar le acompañe a Caracas. Piar se niega y le informa que, su plan es la toma de Guayana, viejo plan de los orientales desde 1811. Por eso, carente de fuerzas, Bolívar se va a Casacoima. Hago esta referencia porque la historia hay que contarla como fue, ella transcurrió y admitir que los héroes y nuestros amigos queridos, no siempre aciertan.

Nuestra juventud, desde antes de llegar a los 18 años, se nos fue en lucha por la defensa y rescate de los derechos humanos; como el de opinar, asumir posición política dentro del respeto del derecho de los demás y hablar desde lo distinto, que lo es porque somos diferentes.

Esa es la magia de la vida toda, una lucha intensa entre lo distinto, diferente, en la búsqueda del equilibrio y, entonces, es como el combustible que se deposita en el tanque de un vehículo y hace que este ande a la velocidad que el conductor pueda imprimirle. Entonces, los derechos a opinar, hacer, son inherentes al individuo y con este a la humanidad toda. Y lo son al cambio y progreso social. Por supuesto, en esto cabe recordar al gran Benito Juárez, para quien el derecho de uno, termina donde comienza el del otro. Entonces el Estado e individuo, colectividades, están obligados a respetar el derecho de cada quien. Mis derechos, no me autorizan a irrespetar, violar los de los otros. Y la lucha política, por lo menos desde mi perspectiva o vulgar moralismo, no debe fundamentarse en mentiras.

Nuestra temprana juventud se la llevó la lucha contra la dictadura de Pérez Jiménez y las aberraciones de los gobiernos de Betancourt y Leoni, lo que no es esto último dicho, un desmentirme, cuando he hablado, escrito del muy mal diagnóstico y práctica del universo en el cual milité en ese tiempo. Y esto, la vida, el haber sido víctima, sumado a lo que ya dije sobre el Mariscal y toda la carga cultural que asumimos por la escuela, formal e informal, hemos sido y somos defensores incondicionales de los derechos humanos.

Un amigo cubano, residente ahora en Miami, en parte de sus memorias, publicadas bajo el título "La revolución que yo viví", https://www.apicalternativa.com/apic-blog, cuenta, cuando un grupo de compatriotas suyos, entre los cuales estaba él, en los inicios de la década del 60, asilados en la embajada venezolana en Cuba, salieron del aeropuerto de Rancho Boyeros, en La Habana, con rumbo hacia Venezuela, previo acuerdo entre ambos gobiernos; en pleno vuelo, el avión, por un desperfecto, se vio obligado a volver al aeropuerto de despegue. La policía del gobierno dictatorial de Batista, quiso aprovechar aquel incidente para volver a detener a aquellos combatientes que habían sido autorizados para salir de Cuba, después de largas e intensas conversaciones. Aquel "regreso" involuntario, la policía cubana, lo vio como un borrón del acuerdo. Esa intención de la policía del gobierno de Batista, no fue posible, gracias a la firmeza del Embajador de Venezuela en Cuba entonces, quien se llegó hasta la pista donde estaba estacionado el avión, mientras a éste revisaban y corregían el desperfecto, se colocó "en la pata" de la escalera e insistió que a partir de allí y, todo el espacio del avión era, por razones diplomáticas, territorio venezolano. Gracias a esa actitud, no sólo el avión pudo despegar de nuevo, al ser corregido el desperfecto, sino también a los asilados continuar su viaje a la libertad.

Por todas las razones anteriores y por los amigos que arriba hicimos referencia, quienes con frecuencia claman por los derechos de los asilados en la embajada de Argentina, este tema ha motivado en mi, gran preocupación y obligado a reflexionar, vamos a decirlo un poco de manera presumida, "hondamente".

Los asilados, de quienes estamos hablando ahora, suelen quejarse de muchas cosas, por el agua, la electricidad y hasta de la falta de medicamentos; lo que llega al extremo, cuando se denuncia que, la vida de uno de ellos, depende de estos.

Mis amigos, políticamente partidarios de los asilados que ese tema suelen tocar, me han llevado a meditar sobre todo eso; ese como fenómeno. Y, en buena medida, lo hago por ellos, mis amigos, pues les sé gente de buena fe.

El gobierno de Milei, presidente argentino, rompió sus relaciones con Venezuela o al revés, esto no es de importancia sustantiva ahora. Pero eso no implica la suspensión de los Derechos Humanos, que es una disposición o acuerdo universal. Esos asilados tienen sus derechos, como recibir las atenciones correspondientes, más tratándose de la salud y hasta la vida.

El gobierno brasileño, por razones humanas, pues eso está previsto en la diplomacia, asumió la representación de lo inherente a la embajada argentina y lo hizo a petición del gobierno de Milei. De donde, impedir entrada o salida de cosas legales, más tratándose de alimentos y medicinas, a ese espacio, donde hay asilados, personas que, por serlo, tienen derechos, es no sólo un acto ilegal, una arbitrariedad, un crimen y despojo de los inherentes a un país, pese con su gobierno no se tenga relaciones; no importa cómo se valore al gobierno del país al cual pertenece esa embajada, en este caso la argentina. Y también es una violación de los derechos diplomáticos del país que hace de representante, en este caso Brasil. Y es por demás extraño, "duro de entender", como se decía en el lunfardo de unas décadas atrás, que el gobierno brasileño, el encabezado por Lula, acepte calladamente que, el gobierno de Venezuela, lo someta a tal despojo, abuso y hasta muestra de enemistad.

¿Por qué el gobierno de Lula, el de Brasil, no denuncia ante la comunidad internacional tal abuso del gobierno de Maduro, contra los allí asilados, los derechos de la Argentina y los de sí mismo? ¿Por qué Brasil que, suele hacer, por boca de su canciller y el mismo Lula, reclamos o declaraciones contra el gobierno venezolano, como sobre el tema electoral, no denuncia "los atropellos" contra los asilados en la embajada argentina que representa; sobre el desconocimiento de los derechos de los venezolanos asilados en la embajada gaucha?

Pero también es digno de aplicar el mismo razonamiento, al pensar desde el interés del gobierno de Venezuela. ¿Cómo entender la diplomacia venezolana, que pudiera y hasta debiera tener como interés fundamental, mantener unas excelentes relaciones con Brasil, por vieja afinidad con Lula, el peso de este país y su presidente en el ámbito internacional, opta por una conducta, en el caso de la embajada argentina y los allí asilados, a sabiendas que estaría agrediendo a quien requiere, necesita, por lo menos, como un no enemigo?

Bien sé, seguro estoy, que el gobierno de Brasil, sea presidente Lula o un individuo como Bolsonaro, no aceptaría que nadie le use de alcahuete y compinche, apelando a la sordera y la mudez, para violarle los derechos a otro país y a unos asilados. Pienso e invito a mis amigos a pensar sobre el tema de los asilados en la embajada argentina, bajo el encargo de la diplomacia brasileña, a partir de otra lectura. Por ejemplo, los asilados, así como acusan al gobierno de Venezuela de someterle a inhumanas privaciones, deberían hacerlo contra el de Brasil que acepta le humillen y hasta le usen de alcahuete.

¿Cuál es la lectura más equilibrada que puede hacerse de ese asunto? Parece algo sencillo, elemental. No creo que Lula sea cómplice del gobierno de Venezuela. ¿Si lo es, por qué Argentina no busca otro representante? ¿Dónde se halla lo sensato?



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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