El drama de la democracia burguesa

"El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política", esta es una de las frases expresadas por Simón Bolívar en su discurso de Angostura. Posteriormente, en su mensaje de convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá (1826), declaró: "La mejor forma de gobierno es la que puede dar al pueblo el máximo de seguridad política, de seguridad económica y de seguridad social". Si revisamos los acontecimientos a lo largo de la geografía del planeta y en todas las épocas, da la impresión que aquel "gobierno perfecto" o la "mejor forma de gobierno" no ha llegado todavía. Todavía los pueblos no han conseguido aquella felicidad tan codiciada, ni tampoco la anhelada seguridad social y económica, mucho menos seguridad política, de esto solo lo ha disfrutado y lo disfruta un grupo muy reducido de una clase privilegiada.

La historia registra diferentes sistemas de gobierno como la monarquía, el imperio, la dictadura y la democracia burguesa o representativa. Está probado que en todas estas formas de gobierno solo una clase poderosa, la privilegiada del dinero, es la clase que ha disfrutado de los beneficios del poder, a costa del robo del erario público. Ya no sorprende, dado que es reiterado que la clase política en el poder, los avaros grupos financieros, industriales, militares, agrarios, hacendados, entre pocos, coaligados entre ellos se reparten el gran pastel del llamado tesoro público, mientras que el pueblo de a pie sigue arrastrando la pobreza desde hace milenios, única herencia dejada por sus ancestros.

Fueron las monarquías, como la del Reino Unido, las que victimizaron a muchas mujeres irlandesas, estas perecieron con los pulmones llenos de algodón, dado que trabajaban en talleres de hilados durante 16 horas diarias en las peores condiciones higiénicas. Un trato similar recibieron los hombres que laboraban en las minas de carbón donde perecían por cientos debido al trabajo esclavo en peligrosos ambientes laborales. Fueron estas monarquías las que inventaron la esclavitud y las colonias de ultramar explotadas vilmente por los aristócratas en los cinco continentes.

Los sans-culottes, los sectores menos acomodados (no privilegiados), miembros de la clase social baja de Francia, quienes durante la monarquía realizaban labores manuales como artesanos, obreros y campesinos, tuvieron una participación activa durante la Revolución burguesa Francesa (1789). Una vez culminados los hechos sangrientos, aquellos miembros del ejército revolucionario continuaron existiendo en la miseria. Todavía hoy, en la democracia representativa, sus herederos viven sumidos en la extrema pobreza. Sin embargo, durante la monarquía francesa los aristócratas se beneficiaron del trabajo de los esclavos y fueron los grandes favorecidos de la cruenta explotación de las riquezas de las colonias que Francia tenía en los cinco continentes. Al igual que los pobres en el Reino Unido, los no privilegiados nunca gozaron de la felicidad, tampoco tuvieron seguridad política y económica, mucho menos seguridad social.

En Venezuela la guerra de independencia duró casi quince años en la cual participaron, como soldados, las clases bajas del país, como eran los negros esclavos, los indios y los zambos. Estos valientes lucharon contra la monarquía española para acabar con los privilegios de una clase explotadora quienes se enriquecieron con el trabajo esclavo de los traídos de África y de los aborígenes nacidos en el territorio. Algo extraño fue que los criollos, quienes dirigieron la guerra de independencia, los mismos que elaboraron las constituciones, impidieron la participación en el gobierno a los venezolanos carentes de propiedad y de buenos ingresos económicos, es decir, a los negros, indios y zambos. Finalizada la guerra de independencia, en una Venezuela rural, los pobres, quienes formaron parte del ejército libertador siguieron siendo pobres, así mismo, se formó una nueva clase terrateniente, los dueños de la tierra, formada, en gran parte, por los generales que pelearon al lado de Simón.

Transcurrieron muchos años, después de la expulsión de los españoles de Venezuela para que los esclavos alcanzaran su libertad. Fue en el año 1854 cuando se abolió la esclavitud, a pesar de que Simón, en su condición de Jefe Supremo en el congreso de Carúpano (1816) decretó la libertad absoluta de los esclavos con el propósito de hacer justicia a la masa de hombres y mujeres sojuzgados como propiedad ajena. Evidentemente tal orden fue desentendida por los criollos, quienes redactaron la constitución, los nuevos dueños de la tierra, una vez que los españoles abandonaron el país y de igual modo, algunos terratenientes, antiguos generales del ejército libertador, quienes tenían esclavos en sus fundos. Al igual que los pobres de Europa, los pobres de Venezuela (los indios, los esclavos y los zambos) nunca conocieron la felicidad, tampoco la estabilidad económica y política y mucho menos la estabilidad social.

Pasado muchas décadas, quizás siglos, aparece en Europa y posteriormente en América la llamada democracia representativa, que evidentemente nunca representó la clase desposeída sino a la clase burguesa, a los dueños del dinero. Los burgueses le mintieron a los electores que el sufragio universal directo y secreto es una de los pilares de la democracia moderna…perdón burguesa. Mintieron cuando les dijeron a los votantes que esta forma de gobierno representa la máxima expresión de la igualdad política, permitiendo que todos los ciudadanos, sin distinción de genotipo, condición social económica participen en la elección de sus representantes. Lo único que no le refirieron a los electores que una campaña electoral cuesta mucho dinero, que solo pueden participar en una elección aquellos aspirantes respaldado por el gran capital y por lo tanto, si logra ganar la presidencia, la gobernación, la curul en el congreso, la alcaldía o cualquier cargo proveniente de una elección, de inmediato el triunfador se convierte en "representante" de la empresa o del magnate financista de la campaña electoral, transformado en su protector.

De la democracia burguesa o representativa lleva más de un siglo rigiendo los destinos de varias naciones del planeta y la gente recuerda, no sin cierta reticencia, que los presidentes y sus allegados terminan el período con mucho dinero en el banco, así mismo, los ricos que le financiaron la campaña, por arte de birlibirloque, terminan más ricos. Es la magia de la democracia representativa, transmutada para unos pocos en un buen negocio. Esta le permite a los gobernantes, a sus amigos y a los poderosos utilizar el erario público como una fuente para enriquecer a un grupo muy reducido. Y los pobres, los sin nada, seguirán en la espera de la felicidad, la seguridad social y política, así mismo la anhelada seguridad económica que nunca llegará.

El drama de la democracia burguesa es que la gente no cree en dicha forma de gobierno, la mal llamada democracia representativa en decadencia solo representa los intereses de los poderosos, de los dueños del dinero. Es por esta razón que cada vez es más notoria la poca concurrencia de los habitantes a los actos de votación. La gente se cansó de las mentiras de los políticos neoliberales aliados de la clase capitalistas para explotar y beneficiarse con las riquezas enterradas en el subsuelo, para apoderarse de las tierras fértiles del campo, despojando a los campesinos de sus terrenos de labor. Son estos políticos los responsables de autorizar concesiones para que los empresarios construyan industrias contaminantes perjudicando a millones de personas por la contaminación ambiental.

Son las democracias representativas las que declaran la guerra, prueba de esto son las dos guerras mundiales que vivió y sufrió la humanidad durante el siglo XX. Son las democracias representativas, bajo escondidos artilugios legales de la defensa de la libertad y la defensa de los derechos humanos las que invaden a otros países para robar la materia prima, utilizando un letal poderío militar. Son estos "demócratas" los culpables de la miseria y las convulsiones que está viviendo actualmente el planeta, tal como sucedió en el siglo XX. El fantasma de la Tercera Guerra Mundial y el fin de la humanidad, productos de una amenaza nuclear está en la mente de miles de millones de personas, con la angustia y zozobra que esto causa. Son las democracias representativas las que imponen a otros pueblos del planeta medidas coercitivas unilaterales traducidas en sanciones económicas y financieras contra un pueblo inocente que sufre las graves consecuencias de tales castigos. Son las democracias representativas las culpables de apresar y secuestrar en campos de concentración a cientos venezolanos inocentes negándoles el derecho a la defensa. Muy lejos está la democracia representativa de ese gobierno perfecto o la mejor forma de gobierno que anhelaba Simón.

El pueblo de venezolano, como consecuencia de la decadencia de la democracia representativa, inventó una nueva forma de gobierno, se trata del gobierno Comunal, la democracia participativa y protagónica, donde el pueblo, a través de las comunas, se asegura de la consolidación de la democracia directa para resolver los problemas que afectan la comunidad. Esta forma de gobierno comunal permitirá construir y reconstruir vínculos sociales, la dignidad, recuperar el buen vivir, para la cual es indispensable promover una cultura de colaboración, solidaridad y corresponsabilidad, muy lejos del egoísmo de la democracia burguesa. Quizás sería una aproximación de lo que Simón llamó el gobierno perfecto.

Está probado que la democracia representativa se está muriendo, los pueblos deben buscar una nueva forma de gobierno que los represente y para esto debe buscar los mecanismo para empoderarse y ejercer el gobierno, no a través de terceros, sino de manera directa. Por eso es bueno tener presente que: "El éxito no se logra solo, se logra con la ayuda y apoyo de los demás. Una manera de asegurar que todos participen en las decisiones". Lee que algo queda.



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Enoc Sánchez


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