Autonomía de los Consejos Comunales

Los Consejos Comunales, tal como lo establece la Ley, han de ser autónomos, que comprende:

A AUTONOMÍA INTERNA en lo administrativo, en la manera de actuar en su funcionamiento, y

B AUTONOMÍA EXTERNA ante los otros poderes constituidos, organizaciones de masas, partidos, gremios y etc.

Los Consejos Comunales son una novedosa institución política que nace del pueblo, -no debe de ser de otra manera- para organizar e impulsar, concretar el nuevo gobierno comunal, ante una nueva realidad social y política, económica y cultural.

Nace la organización, Consejos Comunales proclamando, investida y arropada bajo el principio fundamental, para su existencia, de LA AUTONOMÍA, que es su vida, su éxito.

Constituiría el fracaso de los Consejos Comunales la mediatizacion, la subordinación, teñirse de color y siglas partidista, perder su AUTONOMÍA.

Así de importante es este principio de AUTONOMÍA - es la vida misma de esa forma organizativa del pueblo- por ello, no puede ser una expresión vacía, una consigna o una moda en boca de los dirigentes de los distintos partidos políticos, o de los funcionarios electos por el voto popular, quienes desde posiciones de poder y de la ventaja que provee ser "representante" elegidos, hacen todo lo posible por debilitar y negar en la práctica diaria este maravilloso principio legal de autonomía y tratan de controlar o controlan los distintos Consejos Comunales de la patria, los cuales se activan, funcionan o no, dependiendo de voluntades extrañas al seno de la organización comunal, al punto que cuadros o "voceros" recibe "líneas" para sabotear toda iniciativa e impiden el funcionamiento de tan maravillosa organización y con ello decretan la muerte de esta innovadora forma de poder popular, al caer en una parálisis total, en una absoluta inmovilidad, en un sueño eterno por falta de actividad. En ello hay la presencia de planes diseñados y llevados a su ejecución por militantes partidistas adiestrados y alineados para tal fin y dirigidos desde posiciones de los poderes locales.

Todo miembro de los Consejos Comunales, los otros poderes constituidos, las organizaciones de masas, deben velar por una actuación apegada al principio de la absoluta autonomía, negar la autonomía, en la práctica diaria, es contribuir al fracaso de un nuevo modelo social, político y económico, cuyo protagonista esencial son los Consejos Comunales, subordinar, hacerlos dependientes entregando su autonomía.

Quienes se hagan el gracioso y el complaciente, siguiendo la línea de los partidos políticos y vulneren el principio de autonomía y no enfrente tal desviación que corroe, desnaturaliza y niega esta innovadora estructura política, a cambio de prebendas, "beneficios" y ventajas individuales o simplemente para no contradecir o complacer al "jefe de turno", u obtener recompensa provenientes de las instituciones de los poderes constituidos, irremediablemente están contribuyendo a llevar al fracaso, no solo de los Consejos Comunales, en su estelar actuación como sujeto social, de primer orden, para lograr la concreción de la norma constitucional, en todo lo referido, al protagonismo y la democracia participativa, el estado de derecho y de justicia social, sino que también, con la pérdida de la autonomía, hacen posible el total fracaso del nuevo modelo de Estado, de la nueva República, cuyo objeto está definido , entre otros, en el artículo 3 de la Ley Orgánica de los Consejos Comunales.

Resultado nefasto es la ausencia de la autonomía comunal, la historia política del país, así lo indica, recordemos la pérdida de autonomía de los sindicatos, asociaciones de vecinos, organizaciones campesinas, gremios y colegios profesionales; todos ellos desnaturalizados y desfigurado de la naturaleza de su ser, convertidos en apéndices de los partidos políticos y como consecuencia, factores y sostenedores del orden imperante, del sistema de cosas, que frena el avance y la construcción de una nueva sociedad. Tristemente es así, y eso lleva la pérdida de la autonomía.

Esta autonomía es ante o frente a los partidos políticos, sea el partido que sea y también incluye autonomía ante todas las ramas del poder público, Municipal, Regional o Nacional. Es inaceptable y muy dañino para las organizaciones comunales, y particularmente para los Consejos Comunales, convertirse en apéndices y subordinarse a políticas partidistas o a órdenes y directrices de Alcaldes y Alcaldesas, Gobernadores o Diputados, u otros factores de poder económico, grupales, gremiales o sociales.

La pérdida de autonomía, impide el crecimiento de la conciencia ciudadana, de la civilidad y del fortalecimiento de la República, en cuanto al logro de un estado de democracia participativa, protagónica, que conforme a la Ley Orgánica de los Consejos Comunales, en su artículo 3: "consolide un nuevo modelo político, social, cultural y económico", cuyos principios y valores estén fundamentado en la democracia, libre debate de las ideas, AUTONOMÍA, solidaridad, ética, corresponsabilidad e igualdad social. Distante las comunas y los Consejos Comunales de todo lo que signifique autoritarismo, obediencia a jerarquía de los poderes, al órdenes de mando individualista y al principio distorsionador de la representatividad.

El nuevo modelo político de la República, que se aspira mediante el Estado comunal, es posible, en la medida en que avancemos hacia la consolidación de las metas de los preceptos y principios constitucionales, de las leyes y del Plan de la Patria, fortalecimiento la autonomía, ello consolida una verdadera sociedad, la de la NO EXCLUSIÓN.

Una de las consecuencia de la pérdida de la autonomía y de la subordinación de las organización comunales, a los partido políticos y otros factores de poder mencionados, es LA EXCLUSIÓN, que conduce a estériles enfrentamientos, marginación de miembros, desmembramiento, pérdida de trabajo social , corrupción y sobre todo, lo más grave, la imposibilidad o negación de construir un nuevo modelo económico, cultural y político que es la esperanza, el fin y objeto supremo de la supra mencionada Ley.

Con la pérdida de la autonomía y la subordinación a siglas partidistas y a colores políticos queda EXCLUIDO todo aquel ciudadano que no milite o no esté inscrito en el partido que ha subordinado la organización comunal y que no obtenga la aprobación del jefe de turno, de quién esté investido de poder, autoridad extra consejo comunal del momento.

El consejo comunal debe ser una escuela para el estudio, el análisis, la lucha, la formación de valores patrios como los de la democracia socialista, la defensa de la soberanía, el rechazo a cualquier expresión racista, colonialista e imperialista, que busque lo universal del saber, que ejercite la crítica mediante el juzgamiento con rectitud, en la búsqueda que "todos sepan lo que no deben ignorar".

Es necesario y de primer orden un agresivo y masivo fomento de las lecturas, el impulso de bibliotecas comunales y de imprentas municipales, todo ello dirigido a elevar el nivel de conciencia y cultura política, en encuentro con nuestra identidad, con nuestra historia patria, y el sentimiento nacionalista, indoamericano, afroamericano y pluricultural.

El accionar diario comunal debe distanciarse de la dañina práctica de la complacencia, la dependencia, subordinación, y la gratitud servil, pues ello, sustituye el actuar vertical y debilita la autonomía, degradándose, así, los Consejo Comunales, al convertirse en un órgano al servicio de factores externos a la estructura comunal, marcado por la obediencia, dominado por esta, resultan castrados. Su consecuencia es que los ciudadanos, los miembros de la comunidad se autoexcluyen de su organización natural, terminan no militando, no se organizan en el colectivo primario, que le corresponde, como cuerpo social, signado por ser un organismo PARA TODOS, sin ninguna distinción, color, o siglas partidistas, ni otro factor distinto a los intereses primario de la comunidad.

Los Consejos Comunales y las Comunas no tienen ni pueden tener "jefe políticos", ni "jefe de partidos" o grupos políticos partidista que lo convoque o manden, lo subordinen o lo gobiernen. Debemos construir una cultura de autonomía, mientras está no se posesione, continuará presente la cultura propia del siglo XIX y existente aún el el siglo XXI, como lo es la CULTURA DEL CAUDILLISMO, que niega la democracia, que es individualista, mesiánica, negadora de la participación colectiva en la búsqueda de soluciones a partir del protagonismo y la participación soberana del pueblo.

La cultura caudillista de Tarzan, Superman, el llanero solitario, la del "jefe del partido", la del "jefe político", la cultura del pensamiento y filosofía positivista en la cabeza de los sabelotodo gobernantes municipales o regionales, le hacen un gran daño a la creación del gobierno comunal, a las comunas y a los consejos comunales, a la esperanza de REFUNDAR LA REPÚBLICA y avanzar y profundizar en un modelo político y económico que se fundamente en la vida humana en armonía con la naturaleza, con el medio ambiente y que se establezca los fundamentos, a partir de la cultura comunal, que permita sustituir el actual sistema de relaciones económicas y políticas.

El norte, lo que debe ser, lo suficiente y relevante en el ejercicio práctico de la vida comunal y dentro del funcionamiento de los Consejos Comunales es la suprema condición del ejercicio autónomo y libre de los ciudadanos, mediante una conciencia guiada por principios revolucionarios que oriente la construcción del país que todos queremos, ciudadanos agrupados en su organismo natural, así se construiría un fuerte y sólido gobierno comunal, con unos CONSEJOS COMUNALES AUTÓNOMOS, PROTAGÓNICOS, PARTICIPATIVOS Y DEMOCRÁTICOS.



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Eduardo Orta Hernández


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