Más allá de las armas convencionales, de la guerra como normalmente se percibe, se encuentra la batalla silenciosa, que determina el triunfo o la derrota. De antaño se sospechaba que la esencia de la guerra era la política, ya Clausewitz había dicho que la “guerra es la política por otros medios”, ligaba así, a las armas materiales con las armas de las ideas. Y el Apóstol Martí clamaba por trincheras de ideas más que trincheras de piedra. Quién no tome en cuenta la anterior característica de la guerra, quién no entienda la primacía de la idealidad sobre la materialidad está destinado a la derrota.
Los dos componentes de la guerra, lo militar y lo subjetivo siempre van juntos, aunque se alterna la ventaja de alguno de ellos. Y, en algunos casos lo subjetivo consigue sobreponerse a la resistencia sin necesidad del uso de las armas convencionales. Toda acción militar debe llevar en su interior como objetivo la subjetividad, ser parte de la lucha por conquistar la espiritualidad del enemigo. Una acción militar sin apuntar a la subjetividad es un fracaso, no así lo contrario, una acción subjetiva puede ganar batallas, y hasta la guerra.
Venezuela es escenario de una guerra, padece una invasión donde la supremacía es la del factor subjetivo. El ejército invasor está camuflado, el objetivo está oculto, las acciones militares pasan desapercibidas. Se trata de la guerra entre capitalismo y Socialismo. En esta guerra el madurismo y mariacorinismo funcionan como un ejército invasor al servició de los intereses imperiales. Por ejemplo, los gringos derrotaron al ensayo Socialista de Chávez sin disparar un tiro, sin movilizar un portaaviones, sin desembarcar en la Guaira; ahora el pranato madurista le entrega las fábricas a los capitalistas, y huye hasta de la palabra Revolución, lo más lejos que llega es a “transformaciones”, que es otro nombre de reformismo del que tanto alertó Chávez. Por ejemplo, los capitalistas recuperaron el control del petróleo sin disparar un misil. Por ejemplo, los capitalistas controlan en lo fundamental al gobierno. Y lo más importante, controlan la psiquis de la población del país invadido, sin necesidad de aparecer.
Los dos componentes del ejército invasor, madurismo y mariacorinismo, se turnan en las acciones subjetivas, tienen dos presidencias con objetivos económicos idénticos, entregar la Patria, los dos son capitalistas. Colaboran en las acciones subjetivas que distraen de ese objetivo económico, así instalan una lucha bufa por las elecciones, montan el patético espectáculo de la persecución de edmundo, mientras éste viaja campante por el mundo.
No hay dudas, la invasión capitalista ha sido exitosa: El Socialismo yace en las trincheras del olvido, sus partidarios, sus oficiales son perseguidos y exiliados, la masa está confundida creyendo que madurismo y chavismo son la misma calamidad. Los más honestos, los más patriotas vigilan, incautos, atentos al mar caribe, al cielo de la Patria, esperando la invasión gringa que debe llegar por la Guaira.
La responsabilidad de los restos del ejército Patriota, del Ejército de Chávez, es participar en la guerra de resistencia al ejército invasor. Darle batalla, por ahora, allí, en la subjetividad, demostrar que Chavismo es diferente del madurismo, que madurismo y mariacorinismo son lo mismo. Reivindicar al Socialismo como la única vía para salir de la crisis creada por el capitalismo, proponer con énfasis la salida del capitalismo en sus dos versiones, madurismo y mariaconrinismo, y sobre todo, desechar los atajos y definirse con energía en el regreso al Camino de Chávez, el Socialismo.
¡Chávez no se rinde! Junto a él decimos: ¡Venga tempestad que estamos preparados para resistirte!