La política, cuando se hace con odio generalmente está destinada al fracaso. Así, lo evidencia «el cambio de régimen», intentado por la Administración Trump en el período 2017-2021, la cual fracasó rotundamente. De aquellos tiempos, viene el odio de Donald Trump contra todo lo que le huela a Venezuela. Como político, no fue capaz de racionalizar su derrota y por eso, hoy lo vemos arremeter contra la migración venezolana y contra todo lo que le huela a Venezuela, hasta el extremo de anunciar aranceles del 25% a quienes compren petróleo venezolano. ¿Qué pasó con el libre comercio, Sr. Trump? Y, el Petróleo venezolano qué? Pues, como todos saben, hay una relación petrolera entre Venezuela y EEUU, que data de un siglo de relaciones petroleras. Aunque Trump, hoy lo contradiga y diga todo lo contrario y lo exprese con enconado odio, al mejor estilo Hitleriano o Netanyahuano. En fin: ¡Fascismo puro y rancio!
Donald Trump, que ha llevado su inmenso odio contra el pueblo, gobierno e instituciones venezolanas, ha echado mano de una vetusta ley de 1798, la cual se creía fenecida por desuso, ha sido reactivada por Marco Rubio para justificar la deportación de EEUU de los supuestos «enemigos extranjeros». Hecho, reprobado por el juez federal de Washington, James E. Boasberg, quien prohibió la deportación planificada por Trump. Pese a lo cual, la Administración Trump procedió a la deportación de cientos de venezolanos porque según, todos eran supuestos miembros de una banda de narcotraficantes erradicada hace años atrás por el Gobierno del Presidente Nicolás Maduro y revivida por María Corina Machado, quien en su tiempo, la utilizó como mecanismo desestabilizador del Gobierno Bolivariano. El Tren de Aragua, como bien sabe el pueblo venezolano, fue instrumento de la MUD y la Machado para hacer política de oposición al Gobierno Bolivariano, eso es, historia reciente. Lo aquí expresado, pudiera confirmarlo el tristemente célebre delincuente del «coquí», si todavía viviera y Nicolás Maduro no lo hubiera exterminado, cuando decidió arremeter contra la paz y tranquilidad del pueblo venezolano.
Los hombres deportados y humillados, como expresión del desprecio que siente Trump hacia los pueblos del Sur, fueron trasladados a El Salvador e ingresados en la prisión de máxima seguridad: CECOT. Todo un espectáculo de degradación humana, que nos trajo el recuerdo de Auswitsch, funesto campo de concentración, tristemente célebre de la Alemania nazi, que fuera el mayor centro de exterminio del nazismo, a donde fueron enviados un poco más de un millón de personas de las cuales murieron casi todas gaseadas. Cuya población, mayoritariamente, era judía (90 %), a los cuales deben añadirse polacos, gitanos, comunistas, entre otras víctimas del nazismo hitleriano. Los paralelismos, entre las víctimas judías y el pueblo heroico de Venezuela, son tantas, que bien pudiéramos decir que ambos pueblos, representan la heroicidad de los pueblos del mundo libre por derrotar al fascismo, al trumpismo, ayer y hoy, enemigo pleno de la Humanidad. Todo lo cual ocurre, ante el silencio cómplice de los organismos internacionales de la ONU, financiados por EEUU y su colonia Europea. En este combate, entre barbarie y civilización, Venezuela, su pueblo, gobierno e instituciones democráticas participativas, se erigen como la cabeza de un movimiento mundial, antifascista, antitrumpista, tan igual lo hiciera nuestro Libertador, Simón Bolívar, contra el imperio español, el más poderoso de su época. Por esto, los venezolanos y venezolanas de los tiempos actuales, debemos levantar nuestras cabezas orgullosamente, convencidos y convencidas, que tanto ayer como hoy, el fascismo será derrotado nuevamente y para siempre, en esta batalla definitiva contra el mal.
Esa obsesiva actuación de Donald Trump, provocó reacciones adversas en todo el ámbito del Poder Judicial de EEUU. Recuérdese, que en EEUU no existe independencia de Poderes, como sí lo existe en Venezuela. En EEUU, los jueces son designados por el Ejecutivo Nacional y como tal, deben ser Demócrata o Republicano. Lo cierto es, que estas deportaciones al clásico estilo nazi, impactaron la conciencia nacional del estadounidense. Opiniones como la de la jueza federal de apelaciones, Patricia Millett, quien manifestó durante una audiencia judicial sobre la deportación de venezolanos: «Los nazis recibieron un mejor trato bajo la Ley de Enemigos Extranjeros». Vergüenza ajena dieron Donald Trump y Marcos Rubio, quienes montaron ese show de degradación humana, en el que contaron como cómplice a Nayid Bukele, el dictadorzuelo salvadoreño. Añadiendo la jueza: «No hay regulaciones, y los funcionarios de la agencia que administraban esto no adoptaron nada»… «No se les notificó a esas personas. No se les dijo a dónde iban. Las llevaron en esos aviones ese sábado y no tuvieron oportunidad de presentar un hábeas corpus, ni ningún tipo de acción para impugnar la deportación bajo la AEA». Mientras, Trump respondía con más odio: «Si un presidente no tiene derecho a expulsar a asesinos y otros criminales, entonces nuestro país tiene un gran problema, ¡está condenado al fracaso!», despotricó Trump en su red Truth Social sobre la decisión del juez, Boasberg. Este, no es el único caso en el que la administración Trump y el Poder Judicial estadounidense, están enfrentados. Por ejemplo, un juez federal ordenó paralizar el cierre de la agencia de ayuda al desarrollo: USAID. Otra jueza de Maryland bloqueó la expulsión de las personas trans del Ejército, promovida por el secretario de Defensa, Pete Hegseth. Un magistrado de Washington, ordenó a Trump, pagar subvenciones por un total de 14.000 millones de dólares a tres organizaciones ecologistas. La respuesta de Trump: «Tenemos jueces fuera de control que están destruyendo nuestro país», en una entrevista con Fox News.
Trump, está sufriendo derrota tras derrota en los tribunales. La ministra de Justicia, Pam Bondi, también criticó la suspensión de las órdenes de deportación como un «desprecio a la autoridad del presidente Trump». Además, señaló que: «tales resoluciones de los jueces ponían en peligro a la población y a las fuerzas del orden». El experto del SWP, Thimm, cree que todo el sistema de separación de poderes en EEUU, está en peligro. Por un lado, «el Poder Legislativo, prácticamente ha abdicado como poder de control que también puede frenar al presidente». Desde las elecciones, los republicanos, tienen la mayoría en ambas cámaras y son: «prácticamente leales al cien por cien a Trump», dice Thimm. Queda el Poder Judicial. «Y el problema básico aquí es que los tribunales no pueden hacer cumplir efectivamente sus sentencias, especialmente contra el Gobierno. Todo el sistema se basa en que los otros poderes respeten la autoridad de los tribunales», agrega el experto. «El hecho de que Trump esté empezando a ignorar o a negarse a cumplir las sentencias judiciales tiene el potencial de desencadenar una crisis constitucional», sostiene. Esta es, una de las razones por las cuales John Roberts, presidente del Tribunal Supremo, rechazó el llamado de Trump a destituir a algunos jueces, dijo: «Está establecido desde hace más de dos siglos que el juicio político no es una respuesta adecuada a un desacuerdo sobre una decisión judicial», explicó Roberts. Es poco probable, que el presidente Trump se arriesgue a un enfrentamiento abierto con el Tribunal Supremo, en cuyo nombramiento desempeñó un papel clave. Pero, «ya no es descartable, que Trump simplemente ignore al Poder Judicial y nadie haga o pueda hacer realmente algo al respecto». Si ello ocurriese, EEUU, habrá dado un gran paso hacia la abolición del Estado de derecho democrático. ¡La dictadura de Trump, se habrá concretado!
Mientras tanto, Trump responde con su habitual desprecio, desacreditando a quienes lo contradicen. El caso más notorio, hasta ahora, es el de su arremetida contra el juez federal de Washington James Boasberg, a quien ha calificado como «activista» y un «lunático». El juez Boasberg, analiza no sólo si el gobierno federal violó su orden de que los aviones con inmigrantes venezolanos, regresaran a EEUU, cuando aún estaban en el aire, sino que también examina qué uso está dando el gobierno a la Ley de Enemigos Extranjeros para expulsar a El Salvador a venezolanos a quienes ha catalogado como supuestos miembros de la banda Tren de Aragua. «Voy a llegar al fondo de si violaron mi orden, quién ordenó esto y cuáles serán las consecuencias», declaró el juez en una audiencia. La administración del republicano —que pidió un juicio político a Boasberg— además alegó que la orden emitida por escrito por el juez, no decía –explícitamente- que los aviones no debían despegar y que sus declaraciones verbales no eran válidas. El juez dijo: que el gobierno estaba incurriendo en una «exageración» al decir que sólo su escrito era válido, cuando la administración de Trump sabía que él estaba a punto de emitir un fallo sobre la invocación de la ley de guerra para fines de deportación de inmigrantes. La cosa no se queda allí, tres jueces federales frenaron la orden ejecutiva de Trump para acabar con el derecho a la ciudadanía por nacimiento, una garantía consagrada por la Constitución. El gobierno de Trump, ahora llevó el caso ante la Suprema Corte. «Los jueces, no tienen permitido controlar el poder legítimo del Ejecutivo», declaró el vicepresidente, JD Vance. Y remató el zar de fronteras de Trump, Tom Homan, quien añadió: «No me importa lo que piensen los jueces, no me importa lo que piense la izquierda», Mientras Trump escribía en sus redes sociales, que el juez Boasberg: era un «lunático radical» y que debería ser «DESTITUIDO», porque el juez «no fue elegido presidente, no GANÓ el VOTO popular (¡por mucho!), no GANÓ LOS SIETE ESTADOS DE TENDENCIA ELECTORAL INCIERTA, no GANÓ 2750 contra 525 condados, ¡NO GANÓ NADA!». La locura total desatada como muestra de su desprecio total por los Derechos Humanos.
El Principio de Separación de Poderes, supone un efectivo sistema de contrabalances entre las ramas del Poder Público, como garantía democrática, que la Administración Trump en su deriva totalitaria ha abandonado. La separación de poderes, es un sistema que busca la independencia entre el poder legislativo, ejecutivo y judicial, para evitar el abuso de poder. La teoría clásica de la división de poderes fue elaborada, entre otros, por el filósofo francés del siglo XVIII, Montesquieu. La independencia y la separación de los tres poderes del Estado, suponen una garantía, para que no se produzcan abusos o injusticias por parte de los gobernantes. Para Montesquieu, la división de poderes consiste en repartir el poder soberano del Estado para evitar que alguien «abuse» del poder, como lo está haciendo el dictadorzuelo: Donald Trump. «Que el poder controle al poder», era la máxima de Montesquieu. Quien alertaba de la posibilidad de que un tirano pudiese acabar gobernando y abarcando todo el poder. La separación de poderes, aborda la idea que una misma persona no debe ejercer como juez y parte, ya que no será imparcial. En todo sistema democrático, uno de los elementos fundamentales para que sea -auténticamente democrático- es la separación de poderes. En su deriva autoritaria, Donald Trump, desvanece el principio de separación de poderes para concretar la ejecución de su dictadura fascista e imperialista…
Postscriptum: El golpe de Estado Fascista de Abril 2002, dado por EEUU contra Venezuela, tuvo entre los golpistas a Luis Miquilena, quien controlaba el Poder Judicial, en aquel entonces. Miquilena, para blindar de impunidad aquel Golpe, valiéndose del control que tenía sobre el Poder Judicial, dispuso que dicho Poder del Estado Bolivariano democrático, dictaminara mediante Sentencia del Máximo Tribunal, que: «No hubo tal Golpe de Estado» y que lo que vimos, todas y todos los venezolanos por tv en vivo y directo, fue: un «vacío de poder» y los responsables de tales hechos, «tenían las mejores intenciones» o estaban «preñados de buenas intenciones». En fin, Hugo Chávez, el Gran Democratizador de la Venezuela actual, siempre vilipendiado por los medios de comunicación privados, quienes incluso se atrevieron a darle un Golpe de Estado en Abril 2002, acató dicha Sentencia emanada del Tribunal Supremo de Justicia…
Caracas, 27-03-2025