Chávez no muere

Desde tiempos inmemorables del principio, después de que aquel incipiente troncho desprendido de la infinitud tomó forma humana, quizás mediante la adopción de repetidas posturas, rituales, aptitudes, ejercitaciones y quien sabe qué otras actividades, ese vástago que después de muchos milenios en transformación dio origen a lo que hoy es el ser humano, desde ese tiempo del principio, ha habido una búsqueda espiritual, esa especie rara en el universo que es el hombre y la mujer, cuyas potencialidades no son cualquier cosa, solo que las desconocemos, por tanto las despreciamos, las reducimos a la nada, y en contraposición a ésto, potenciamos los avatares de la vida, obedecemos ritualmente como si nuestra visión de mundo es única y verdadera, nos desenvolvemos sin dejar espacio para dudar sobre lo que las llamadas civilizaciones nos han inculcado, lo que nos han dicho acerca de lo que nosotros somos como seres integrales, creemos que nos conocemos suficientemente, en consecuencia, no dudamos acerca de lo que se nos ha dicho sobre el misterio de la vida y de la muerte y sobre nuestra composición energética. Dado que estamos tan seguros de nuestras certezas, entonces reducimos lo trascendente nuestro, lo maravillosamente espiritual, a lo efímero meramente racional. Pues no, somos más, somos seres maravillosos, somos seres mágicos, poseemos “un segundo anillo de poder”, somos portadores de un inmenso caudal energético que podemos desatar en los momentos más difíciles. Eso es lo que va a pasar, y ya está pasado con el presidente Chávez, su caudal energético que es superior al común, aunado a esa fuerza colectiva sanadora que el pueblo venezolano en un solo manejo con los pueblos del mundo ha amalgamado, esa inmensa energía de aquí y de allá y de sí mismo, lo curará por completo.

Chávez no muere, “aun no”. Saldrá victorioso cual Lázaro de nuestro siglo. Chávez no muere, va a una intervención quirúrgica y regresará para siempre. No muere porque a Chávez no se le ha agotado su energía vital, lo contrario, están dadas las condiciones para que recupere parte de esa energía que ha derrochado en la construcción, consolidación y avance de la revolución venezolana, solo debe oír su voz interior, que es la voz de Dios, aquella que le habló silenciosamente aquel fatídico 11 de Abril y entonces supo, con la mayor de las certezas de que se debía entregarse a los golpistas. Quizá Chávez oiga “el sonido del mundo” y su tonal de guerrero una vez curado de esta afección, entre en relaciones con otras alternativas en una misión superior vinculada a su papel de líder espiritual de este y de otros pueblos, pues a esta revolución nuestra, continental le falta amalgamar un pensamiento escatológico consustanciado con nuestro origen indoamericano, básico para que sobrevivamos a esta época. Chávez es un ser humano que por cosas del poder vino a este mundo con doble energía, lo que la civilización tolteca llamó hombre de cuatro cachos porque en vez de poseer dos compartimientos energéticos como los tenemos los demás seres humanos, él tiene el doble, al tener doble energía, está dotado de mayor fuerza para espantar la muerte, así lo creemos. En la antiguedad esos hombres y mujeres eran los que tenían la posibilidad de convertirse en líderes del grupo en dicha tradición tolteca , a ellos se les llamó el hombre nagual o la mujer nagual, seres más fuertes y adaptables al hombre y a la mujer corrientes, verdaderos maestros y guías hacia el conocimiento.

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(*) Militante de la revolución

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