Nunca sabemos lo grande que somos hasta que se nos pide crecer

NUNCA SABEMOS LO GRANDE QUE SOMOS HASTA QUE SE NOS PIDE CRECER…

…“Emily Dickinson”


Recientemente en una de sus alocuciones y antes de dirigirse al país en ocasión de su viaje a Cuba para someterse a una nueva operación para restablecer su salud, el presidente Hugo Chávez expresaba su preocupación por la necesidad de sacudir con firmeza y mano de hierro la actuación en todos sus ámbitos a la administración pública, para deslastrarla de la ineficiencia, la ineficacia y el burocratismo, pensando en una mejor calidad de vida para todos y cada uno de los ciudadanos de esta Nación maravillosa en proceso de revolución, llamada: Venezuela.

Es una exhortación de emergencia y con urgencia que el presidente le hace al país y en especial a todos cuantos tienen la responsabilidad de dirigir o liderar una institución, organismo o empresa del estado, para que lo hagamos crecer: Organizado, planificado y provechoso.

Ello me hace recordar lo que Emily Dickinson dijo en uno de sus libros y en su oportunidad: “Nunca sabemos lo grande que somos hasta que se nos pide crecer. Entonces, en ese instante si sabemos planear nuestra estatura hasta alcanzar el cielo”

No se trata puramente de salir corriendo a hacer las cosas que no se han hecho correctamente, para cumplir con una exigencia u orden del presidente Chávez y luego darse cuenta que la estructura obsoleta con la cual cuenta la institución, organismo o empresa, jamás podrán crecer, quedándoles el solo recurso de hacer cambios para que todo siga igual como dijo también en alguna oportunidad Giuseppe Di Lampedusa en su célebre “Gatopardo”.

Se trata entonces de actualizar las estructuras de la organización pública que se presentan inadecuadas a las circunstancias actuales. Máxime cuando estamos en presencia de cambios que ameritan que sean profundos, derivados de una revolución que aún cuando se encuentra en proceso, se están produciendo.

Cambios contundentes y positivos efectuados que, en apariencia no se notan por la dispersión de su efectividad, al estar evolucionando dentro de otro proceso o sub-proceso que no es compatible, por estar diseñado bajo un esquema de políticas elaboradas con fines distintos a los presentados por la revolución o simplemente por ser anticuados, inadecuados; en pocas palabras: “obsoletos”. Restándole calidad e ineficacia a los resultados deseados.

Ahora bien, no es menos que obvio, saber que la situación es compleja si se la observa constructivamente en función de las acciones urgentes y contundentes que hay que tomar. Para ello se hace indispensable detenerse con pertinencia y sin dilación, para el análisis de algunas de las variables más importante confluyentes. Inclusive, la más neurálgica de todas como lo es la laboral, pensando siempre que una estructura organizacional no se diseña en función de la cantidad de personas que pueda tener una institución u organismo; porque una estructura de esa naturaleza se proyecta estrictamente para desarrollar una actividad con un número de personas proporcional a su capacidad operativa. Lo cual indica de seguro que, en la medida de esa expansión cualitativa también aumentará el volumen de trabajadores a utilizar.

Es casi de seguro encontrarnos en nuestra administración pública, con situaciones en donde una cantidad bastante representativa de organismos, empresas o institutos, presentan una burocracia excesiva y una altísima complejidad en sus sistemas y procedimientos internos, antagónicos a su capacidad operativa; dando pie a la conformación de estructuras paralelas y deformantes en la prestación de los servicios.

En ese sentido pareciera que estuviéramos en presencia de una omisión técnica con respecto al concepto de política administrativa, la cual se define como aquellas cosas que hay que hacer dentro de los sistemas, con sus procedimientos de ejecución, que no son otros que los que nos indican cómo deben hacerse esas cosas.

En tal sentido; Las políticas se diseñan en función de la misión y la visión (misión y visión de estado para nuestro caso) determinadas dentro de una estructura organizacional previamente implementada e implantada, con estructuras donde la misión, la visión, sus políticas y, los sistemas y procedimientos, deban ser revisados periódicamente.

Ahora bien, el presidente también se refirió al burocratismo que no es más que una excesiva burocracia producto de la ausencia de planificación, políticas anticuadas, sistemas y procedimientos erróneos, masificación de empleos para cubrir votos y de una concepción de burocracia traída del sistema capitalista y mal interpretada por parte del estado venezolano en la IV república, que subyace y pervive en época revolucionaria. Término y acción implementada antes y ahora desde el punto de vista de la división del trabajo en función de incrementar la productividad.

No obstante y, entendiendo sin duda alguna que la burocracia forma parte integrante del capitalismo, nacida a partir de la Revolución Francesa con la finalidad de crear separación de poderes en contra de la autoridad suprema de la época y a pesar de las censuras o repulsas por su utilización incorrecta fomentando la corrupción, creando privilegios e impulsando la centralización. No se puede obviar dentro de otro sistema económico y menos en una administración socialista, aún cuando tengamos que pasar por encima del pensamiento de Karl Marx y Fiedrich Engel, para los que la división más general del trabajo era fuente de alienación y esclavitud. Porque para los actuales momentos y en nuestra administración pública si se analiza y se fracciona su complejidad se puede lograr un mejor desarrollo de las funciones del Estado respetando la condición humana e igualitaria de los trabajadores al servicio de este. Revisando, modificando o reestructurando las políticas y los procedimientos en función de la eficacia y no de la división del trabajo desde el punto de vista del capitalismo y pensando siempre en el necesario estatismo pero con efectividad productiva. En pocas palabras, la burocracia puede que haya nacido con el capitalismo, pero no es de su propiedad.

Es enorme y compleja la función de un Estado al asumir las diferentes actividades económicas y por ende las políticas administrativas del país, en un proceso de cambios revolucionarios y en pro del humanismo. Por lo que se hace necesario la creación de una autoridad única o administración centralizada (sé que para muchos esto parecerá una herejía) pero, si, con administraciones (regionales, institucionales, etc.) cuasi independientes y autónomas en cuanto a su desarrollo y eficacia en su gestión, que han de ser exclusiva y estrictamente positivas; combinadas con una organización “aeroespacial” conocida comúnmente como: “matricial” que permita reunir las distintas habilidades especializadas que se requieren para resolver los problemas de alta complejidad, para lograr las metas generales de la Nación.

Argumentos que permiten fijar con claridad la significación de cierta nomenclatura, que de seguro muchos manejan, pero que no estaría de más recordarlas para evitar alguna dispersión en el contenido de este breve aporte, convencido que cotidianamente el uso de esos términos no es el más adecuado. Así tendremos que.

La eficacia o efectividad es sencillamente un criterio de desempeño que depende de la capacidad de escoger objetivos apropiados por parte de un funcionario que sabe seleccionar cosas correctas para realizarlas. En cambio la eficiencia radica solamente en la capacidad de hacer correctamente las cosas.

Por ello, lo conducente no es como hacer las cosas correctas, si no como identificar las cosas correctas que deben hacerse y concentrar en ellas recursos y esfuerzos. Lo que implica que, es la eficacia y no la eficiencia la que se hace indispensable para una organización, cualquiera sea su naturaleza. Se me ocurre poner como ejemplo aquel funcionario que en una industria manufacturera de alimentos balanceados para animales, se dedique de forma inadecuada a producir exclusivamente alimentos para mascotas cuando la demanda de alimentos para aves y cerdos sea enorme, lo que lo hace ineficaz aunque produzca alimentos para mascotas con la máxima eficiencia.

Otro aspecto importante que debe aclararse, es lo relacionado con la calidad, la cual a través de ciertos criterios y parámetros tecnológicos expresados bajo normas concretas (ISO, COVENIN, DIN, UNE, etc.), expresa el grado de adecuación de un determinado producto o servicio en función de lograr satisfacer metas políticas, económicas y sociales que mejoren las condiciones de vida humana, haciéndola agradable y valiosa, que al fin y al cabo es lo que espera el usuario.

De modo que cuando hablamos de calidad: si a un proceso cualquiera definido dentro de un conjunto de condiciones efectivas y adecuadas, se le da entrada a un elemento de calidad comprobada; tendremos inequívocamente un producto terminado de calidad. Por el contrario si a un proceso que pueda tomarse como de calidad, se le da entrada a un factor poco confiable en su estructura, pues tendremos un producto final poco o nada efectivo.

La calidad entonces no debería estar ausente en la revolución bolivariana; máxime si contamos con suficiente tecnología de procesos y de auditorías de elementos primarios y, menos aún si nos estamos preparando para el socialismo del siglo XXI. De manera que la calidad no debería depender de ningún complejo discriminatorio para realizar la elaboración de un producto o para la prestación de un servicio para unos usuarios y para otros no, como si lo es común contemplarlo en una sociedad capitalista con la finalidad de masificar el consumo de un bien o servicio en función de sus márgenes de utilidad: de calidad suprema para unos y de baja calidad para otros.

Se trata entonces de crecer con eficacia y efectividad. Pero eso sólo se logra con la participación integral: trabajador – usuario y, no dispersa del ciudadano, dentro de una estructura hecha en función de la calidad del bien que se produzca o del servicio que se desea prestar. Cambiando el paradigma nuestro del servidor público déspota, inhumano y sin autoestima.

Es obvio saber que, es práctica usual, en la mayoría de los sistemas capitalistas de establecer discriminación entre pobres y ricos en donde lo bueno es para la clase pudiente y lo malo o regular para los de escasos o ningún recurso. Y en ese sentido habrá prestadores de servicios para ricos y otros asignados para los pobres.

En Venezuela existe un término que a mi manera de ver, permite tales discriminaciones producto de ser utilizado al través de los siglos de dominación, pero que lamentablemente se sigue usando permanentemente en esta nueva Venezuela del humanismo. Término que de seguro fue creado por las oligarquías para crear una brecha discriminatoria entre pobres y ricos.

Gratis, sinónimo de regalado y gratuito, que según el diccionario de la Real Academia indican algo relativo a lo vano, infundado, inmotivado, caprichoso, pueril, etc.…Y, es precisamente y de rutina ver en casi todas ─por no decir todas─ las instituciones u organismos del estado: “ESTE SERVICIO ES GRATUITO”. Es decir, como el servicio que se presta es gratis, usted no tiene derecho a recibir una prestación adecuada y de calidad; por si fuera poco, el prestador del servicio tendrá la conciencia condicionada en el sentido de ejecutar un trabajo de tan mala calidad (por lo gratis) que no puede brindar otra cosa que un servicio desmotivado cargado de una baja o ninguna autoestima. Otro sentido tendría, ofrecer un producto o servicio haciendo mención de la exención del pago: ¡ESTE SERVICIO ESTA EXCENTO DE PAGO!

Podremos tener, como mencioné anteriormente, un procedimiento o un equipo de calidad para procesar un bien o prestar un servicio; pero si no hay motivación al logro, el producto final no será lo más adecuado o eficiente que se desea.

De modo que para dar inicio a una transformación del estado deberíamos comenzar por obtener los principios generales implícitos en la buena aptitud y actitud del prestador de servicios, para persuadir a los demás ciudadanos hacia la excelencia. En donde el que reciba el servicio o el bien entregado por el estado no lo obtenga como una dádiva, si no como un derecho otorgado y, de quien lo presta esté consciente que su deber esta en contribuir a brindar un derecho donde también él esta incluido.

Tampoco podemos dejar de un lado la utilización irrestricta de la “planificación estratégica”, para poder establecer metas y objetivos medibles y ejecutables; que nos permitan transformar y controlar a corto y a largo plazo todas las actividades de las organizaciones fundamentales del Estado y sus entidades regionales.

Así pues, no debemos esperar que se nos pida crecer cuando sabemos que somos un país con grandeza humana capaz de planear nuestra estatura hasta lograr nuestras metas y llegar al cielo.

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Lic.

Contador Público – Especialista en Planificación estratégica y sistemas y procedimientos.

Valencia, 27/12/2012

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