Winston y la Revolución Bolivariana

Hoy día hablar de los sujetos de la revolución es un acto de subversión y ruptura de los propios paradigmas tradicionales.

En principio, pudiéramos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la farándula y toda su banalidad cosificadora, forma parte de un entramado cultural que está al servicio de la lógica del capital, por tanto sumar voluntades no puede ser un acto de sumisión ante la evidente mercantilización de los cuerpos. El espectáculo y el entretenimiento de los medios de comunicación, no educan, ni mucho menos sirven como instrumento para la liberación; afortunadamente se abren espacios para el cuestionamiento de lo que hasta ahora venía siendo el patrón a seguir.

Para los revolucionarios, o por lo menos para la mayoría, muchos de ellos cargados de prejuicios, las caras visibles de quienes aparecen en los medios de comunicación tradicionales, son una madeja de pastiches producidos por las industrias culturales del entretenimiento, portadores de la ideología oculta, como la falsa conciencia, que entrampa y encamina a los sujetos hacia el futuro a-crítico que sostiene las relaciones sociales de producción capitalista, con su alienación y demás factores que embullen a la sociedad en un estereotipo que se atreve a “cuestionar todo” y no aportar nada. En la otra cara de la moneda, encontramos, que las caras visibles de los grandes medios, son representantes de la cultura dominante, mercenarios de la reacción conservadora, ocultos tras la “objetividad” y la libertad de prensa.

Los seres humanos, en lo que vendría a ser el esplendor del humanismo, se vienen creando y re-creando como humanidad desde 1789 hasta 1945, pues es en ese periodo en el que la literatura recrea las relaciones de vida entre los sujetos, nos “des-animaliza”, y nos eleva a una posición privilegiada de lo que viene a ser la llamada cadena alimenticia. Nos inventamos, nos diferenciamos, creamos desde entonces todo lo que nos rodea, así fuimos haciendo ARTE-factos de utilidad racional, siempre otorgándole a la literatura y a la cultura letrada una preponderancia sin precedentes, pues hay quienes inventan y crían a otros domesticados que reproducen. Vasquez Rocca, afirma que vendría posteriormente una era llamada post-humanismo, la cual deja paso a nuevas formas para la re-creación de los seres humanos. Para Vasquez Rocca: Luego son suplantados por los medios masivos de comunicación y, luego, las redes informáticas. Sloterdijk dice que a partir de 1918 (la fecha en la cual se inventa la radio) y a partir de 1945 (la fecha en la cual se inventa la televisión) se instauran nuevos modos de coexistencia. ¿Qué dicen esas fechas? Que, y esta es la mayor astucia de Sloterdijk, los medios son la continuación de la guerra por otras vías. La barbarie de los medios masivos de comunicación es la continuación de la guerra por otras vías. Es decir que las democracias de masas son la continuación del fascismo por otras vías (http://www.observacionesfilosoficas.net/sloterdijkagambenynietzsche.htm).

Algunos revolucionarios inquietos, de análisis agudos, se preguntarán ¿cuanto le habrán pagado al Vallenilla para presentarse en tan importante evento para la revolución? Otros, opositores, “asombrados y estupefactos”, lo descalifican como ser humano, vilipendiándolo y demostrando su “infofrenia”, su odio a todo lo que huela a pensamiento crítico, su desprecio a todo el que se atreve a levantar la frente y cuestionar el statu quo. Lo que cabría reflexionar, no es solo la presencia de Winston en el evento, pues al mismo acudieron mandatarios de toda Latinoamérica y el Caribe, los cuales cuentan con probada estirpe combativa por la causa de los pueblos del mundo, sumado a la marea de gente que viene combatiendo y resistiendo desde hace más de 500 años, verdaderos sujetos de la revolución; lo que vale la pena señalar, es que desde la particularidad del caso, Winston no fue, el 10 de Enero, un animador cualquiera, no se comportó como el pastiche de laboratorio, al cual se le paga para que anime un evento, se baje de la tarima y después diga con su cara bien lavada que es parte de su trabajo, por tanto su ética “profesional” no distingue de tintes políticos. El 10 de Enero del 2013, vimos a un Winston y a un pueblo que gritan a los cuatro vientos que quieren patria, pero sobre todo que tienen dignidad, que pueden libremente fijar posturas políticas, que se niegan a ser instrumentos de las industrias de la domesticación de los seres humanos.

En ese sentido, parece interesante estudiar la reacción que generó el 10 de Enero del 2013, en el ámbito de la oposición y de las propias filas de la revolución, pues la derecha, siempre con su “discurso de la defensa de la democracia”, alega que hubo violación flagrante de la constitución, mientras que para los revolucionarios esta movilización representó la lucha en la calle, por la consolidación de la revolución. De esta forma, fue percibido por muchos jóvenes el ataque a la integridad de Winston, quienes siendo testigos de dicho ataque, demostraron su solidaridad, expresando a través de las redes sociales su hasta ahora oculta afinidad con la revolución.

Por último no hay que olvidar, que en el mundo del espectáculo también existe la explotación, y tener las agallas de intentar liberarnos de unas cadenas tan gruesas como las que representan la mediocridad del show business, a mi criterio, no es más que un acto de heroísmo, que los revolucionarios debemos ser capaces valorar y estimular entre la población que hoy día adversa la revolución. Expuesto todo esto, estamos claros, que Winston Vallenilla no es el sujeto de la revolución, pero hace concreta aquella consigna de que Chávez somos todos, aunque para que seamos Chávez, tenemos que comportarnos como revolucionarios, hacer cosas de revolucionarios, por tanto, la irreverencia de Winston el 10 de Enero, fue un acto revolucionario, de dignidad.

A lo interno de las filas de la Revolución, debemos definir realmente, si el pueblo es el poder, que sea éste quien le dicte las líneas estratégicas al gobierno, quien debe obedecer el mandato popular, para que radicalmente podamos seguir avanzando en la construcción del socialismo. Para ello necesitamos que los irreverentes se multipliquen, que se vengan con todo a pensar en nuevas formas de organizarnos como sociedad, que planteen propuestas y que cuestionen profundamente el statu quo. Sigamos sumando, para de una vez por todas poder decir, la construcción del socialismo es irreversible. Para ello es necesario convencer, concienciar y convertirnos en facilitadores de procesos.

No puedo finalizar sin aclarar, que adverso profundamente la comunicación tradicional al servicio del mercado y del consumo, que aborrezco la mediocridad de algunos de los personeros de la ideología de la nada, pero me sentí muy bien al ver lo ocurrido el 10 de Enero, sus reacciones a lo interno del oposicionismo y las demostraciones de solidaridad de una juventud que ya no quiere nada con las viejas formas de hacer política. “Al pueblo lo que es del cesar, loas al pensamiento crítico y aplausos a la irreverencia en contra del statu quo”

 

* Militante del Colectivo de Acción Revolucionaria CAR-Mérida

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Carlos Rivas


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