Tu partida nos incita a seguir tu misma suerte Comandante


Hoy es un día de mucho dolor, de sentimientos a flor de piel, de pensamientos agonizantes, de tristeza profunda, de algo indescriptible.

Cuántos sueños, cuántas luchas, cuántas batallas, cuántas decepciones, cuántas victorias, y cuántas esperanzas forjadas por la construcción de este sueño colectivo, de ese sueño de libertad, de ese sueño de justicia. Tu sueño, Comandante.

Así como en cada una de las concentraciones donde junto a ti sentíamos esa electricidad desbordada de amor, de pasión y de lucha, asimismo se siente una niebla de desolación, y vacío por tu partida.

Durante las tres primeras décadas del siglo XIX, miles de venezolanos dejaron todo por seguir al glorioso Bolívar, por creer en su sueño, por soñar en grande, así mismo Comandante, a partir de 1992, después de tu primera aparición pública, muchísimos lo dejamos todo a un lado: metas personales y familiares, lo dejamos todo por rescatar a esa Patria que usted con su maestría nos enseñó a querer y, ¿sabe algo presidente? Nos ha pasado de todo: rechazos, burlas, incomprensiones de familiares y amigos por no entender ese grandioso sueño; sin embargo, esas aflicciones eran calmadas por la firme convicción de que las utopías sí son posibles, y cuando nos encontrábamos desmoralizados, bastaba con verte, escucharte, para que de manera milagrosa, quedaran atrás las penas y las decepciones y así continuar la lucha.

Comandante, te hablo no como un funcionario cercano a tu equipo político y de mando, ya que no tuve ese privilegio, te hablo solo como un soldado más, de la gran lista de los anónimos, pero que hemos cumplido con dignidad la misión que se nos ha encomendado desde lo micro, desde lo concreto, desde las bases, desde las entrañas del propio pueblo.

Los que hemos combatido desde acá, lo hemos hecho confiando fielmente en su dirección, y hemos seguido el rumbo que usted nos señalo, y cómo nos duele no haber podido hacer más por la transformación de esta sociedad envenenada por ese sistema cochino llamado capitalismo.

Maestro, que bueno es usted enseñando. Cuántas cosas aprendimos con usted. Nos enseñó a sentir, a reír, a creer en nuestro pueblo, a soñar en lo bonito, en la paz, en lo grande, en Jesucristo el socialista, a vivir la grandeza de ser útil.

Es tanto lo aprendido bajo su tutela, que me queda grande el escribir sobre eso, y como todo buen soldado, murió combatiendo. Qué grande es comandante, que usted nos enseño a no temerle miedo a la muerte.

A la muerte del Libertador Simón Bolívar sus seguidores y su ejército, fueron dejados, desterrados y sumergidos en la miseria. Hoy, muchos de tus soldados Comandante, nos sentimos derrotados y estamos ansiosos de seguir tu suerte. Con tu partida perdimos un guía, un padre, un maestro y sé que tal vez sea criticado por esto, pero nos sentimos cansados y sin fuerzas para continuar solos. Los combates contra los adversarios externos e internos, han sido muy fuertes y de ellos hemos salidos mal heridos. Ahora sin ti, será complejo continuar.

Tal vez es la enorme aflicción que hoy me cubre que me lleva a escribir esto, tal vez cuando se calme el dolor podamos colocarnos de pie y seguir; pero hoy me estoy muriendo, y quisiera desaparecer. No conozco otra cosa que hacer, sino la revolución. Por eso, comprendo por qué muchos de los soldados de Bolívar quedaron en la indigencia. Perdieron su guía, su líder y prefirieron morir e irse con su sueño.

“Soldado, la suerte ejerce su inconstante imperio, sobre el poder y la fortuna, pero no sobre hombres heroicos que arrastrados por el miedo y la muerte, hoy se encuentran cubiertos de honor y aunque sucumban, dejarán eternos monumentos que hoy nos dicen: “Es más fácil destruir, que vencer a soldados de Venezuela.” Ese eres tú mi Comandante, un soldado invencible. Gracias por haberme dado la oportunidad de combatir a tu lado y bajo tus órdenes, desde la trinchera que me toco cubrir.

Fueron pocas las manifestaciones, concentraciones a la cuales no asistí, sin embargo, no concurrí a la caravana que te trasladó desde el Hospital Militar a la Academia de los Sueños Azules. Comandante: prefiero creer que aun estas presente físicamente. Las personas como tú, nunca mueren.

Comandante, maestro, amigo, padre, gracias por habernos dado tanto, gracias por hacernos comprender que la gloria está en ser útil, y en ser leal a nuestro pueblo.

Te amo Comandante. Siento un vacío demasiado grande.

Hasta la Victoria siempre.

Independencia y Patria Socialista

Viviremos y venceremos



Que viva por siempre Chávez el Grande. Carajo.

Que Dios te bendiga, y gracias por haber vivido en este momento de la historia.

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