Pildoritas 38 (año VI)

Ahora no sólo “somos Chávez”, nos queremos parecer a él

Ahora hay quienes critican al Vice-Presidente Nicolás Maduro por supuestamente querer imitar a Chávez, insensatos esos descerebrados, como que nunca vieron a millones gritando: “yo soy Chávez”. y si decimos eso, es porque lo menos que podemos hacer después de recibir tantos ejemplos de entrega por su pueblo, de ver como ha consumió su vida sin descanso y creado y puesto a andar a su pueblo por el único camino hacia la igualdad, no podemos menos que intentar parecernos en algo, aunque sea un poquito a él, y más quienes estuvieron como Nicolás tan cerca de él, que bebió de la fuente de sabio estratega, de estudioso, de latinoamericanista insigne, ejemplo de dignidad infinita, el de las mil dificultades, siempre vencedor.
A quién no le provoca parecerse en algo a Chávez, ser como él aunque sea cinco minutos de nuestra vida, como ha dicho Diosdado, otro de sus discípulos preclaros.

Es lo que les duele a los enemigos de la Patria, cuánto quisieran ellos tener un Chávez, pero ello no se puede porque hombres como él no abundan y cuando llegan, lo hacen para estar al lado de los patriotas, amantes del prójimo, leal, trabajador, patriota, defensor de los pobres, nacionalista, quien al morir pareciera que no muere, que sigue vivo a nuestro lado porque fue tan grande su obra, que casi la tocamos estirando solo nuestra mano y porque nos dejó casi que un evangelio para la vida, al que basta recurrir cada vez que sintamos que flaquean nuestras fuerzas. Un hombre para quien atesorar bienes materiales no estuvo en sus planes, un presidente que no dejó a sus hijos nada material que heredar, pero les dejó su ejemplo, les dejó su prédica infinita, los formó para lo bueno, para lo grande así como a sus cuadros de batalla, que ahora se convierten en garantía para que esta Revolución sea eterna.

La derecha de ahora en adelante, va a caer en cuenta que Chávez muerto es más peligroso para sus planes conspirativos, para sus pretensiones macabras de volver a ponerle la mano a las riquezas que Dios no regaló, para colocarlas al servicio de sus amos del Norte.

Se fue, es verdad pero en una demostración de lo enormemente previsivo que fue, dejó arreglada la casa, y todo en su lugar para que las consecuencias de su partida no afecten a los pobres, a quienes sacó de abajo y colocó en el más alto nivel de sus aspiraciones por lograr la igualdad.

No hay entonces que llorar más, hay que convertir las lágrimas en fuerza que le garantice al pueblo lograr todo por lo que tanto luchó el Comandante, tanto que entregó su vida, lo cual no será en vano, no se perderá en nuestras manos porque nos vamos a parecer a él.

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