¡Gana Chávez! Catorce años eligiendo el pueblo y larga vida al bolivarianismo

El resultado electoral a la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, aún cuando ha sido ajustado (cerca de dos puntos porcentuales, unos doscientos treinta y cinco mil votos de diferencia), es objetivo y determinante: Nicolás Maduro Moros ha sido democráticamente electo presidente de la República Bolivariana de Venezuela. No hay dudas en cuanto a la transparencia del sistema electoral venezolano. Incluso el ex presidente de EE.UU, Jimmy Carter, reconocería la superioridad del sistema electoral que rige en la patria de Bolívar.

El Consejo Nacional Electoral realizó el reporte de la jornada de este 14 de abril cuando ya los resultados eran irreversibles tras el 99,12% de las actas escrutadas. El resultado arrojó un 50,66 % de los votos para el candidato Nicolás Maduro y un 49,07 % para el candidato de la oposición Henrique Capriles.

En la elección anterior la diferencia entre Chávez y el candidato opositor había sido de más de diez puntos porcentuales. Esta vez la diferencia se ha reducido sustancialmente; lo cual, entre otras cosas, hace evidente que efectivamente el discurso de la oposición encabezada por Capriles Radonski muy a pesar de su iracunda y camuflada vía neoliberal, ha tenido su efecto en una parte importante de la población venezolana. Una de las causas pudiera estar en el cambio de estrategia discursiva y de marketing electoral del candidato opositor, y en su programa pretendidamente metamorfoseado, haciéndolo –sólo en apariencia– lo más parecido posible al programa bolivariano.

Durante toda la campaña ha sido una estrategia sucia la de la oposición, mezquina, de golpes bajos y de manipulación permanente, meticulosamente pensada para desacreditar a las figuras bolivarianas y al bolivarianismo y su legitimidad. Un proceder que ha sido la encarnación de lo antidemocrático con el apoyo de los poderosos, los grandes medios internacionales y la complicidad de los fuertes medios de derecha internos. Un apoyo claramente confirmado en el mismísimo titular del diario español La Razón cuando el propio día 14 afirmara en portada y sin amago alguno junto a una foto de Capriles levantando el puño derecho: “Rajoy pone en marcha el PP latinoamericano”.

En el discurso de Maduro tras los resultados electorales, además de confirmar la victoria y felicitar al pueblo bolivariano por cumplir su palabra con Chávez, de modo relevante apuntó e implícitamente llamó a la reflexión desde el compromiso con el comandante bolivariano. Asumió que muchas cosas hasta ahora no bien hechas tienen que cambiar, y que solo por el camino de la revolución sería posible superar definitivamente la pobreza y la miseria. Solo por el camino de la revolución sería posible una democracia que respete al pueblo, así dijo. Y llamó con ello a un cambio importante en el país para poder lograr efectivamente el socialismo del siglo XXI por el cual apostó hasta su último momento el comandante Chávez. Convencido de la legitimidad y transparencia de su triunfo, Maduro adelantándose a la embestida opositora, anunció sin reparos la auditoria de los escrutinios y llamó a un gobierno de paz en Venezuela.

Radonski por su parte, luego del resultado electoral, no ha reconocido la legitimidad del presidente electo y efectivamente solicita un reconteo de los votos poniendo en duda los resultados, alimentando la discordia y crispando los tonos. Lo cual era previsible como parte de su típico proceder, un proceder que en todo momento desacredita su apelación constante al respecto al criterio ajeno y al criterio de las mayorías. Sin dudas una evidencia de lo incoherente de la imagen demócrata que se empeña en vender pero que viene a ser no otra cosa que un mero pose electoral que colapsa en la práctica opositora.

De las dieciocho veces acudiendo a las urnas, el chavismo ha ganado diecisiete. Y la única de tales ocasiones en que la opción opositora se ha impuesto, lo hizo por apenas décimas de diferencia; una puntual pérdida que el propio Chávez reconociera de inmediato en su momento. En tanto la oposición, como es de esperar de los vástagos latinoamericanos del ultraderechista PP español y sus equivalentes, no ha reconocido la legitimidad del resultado de esta ocasión; y es previsible que hará todo por desgastar y dificultar el camino de Maduro en su gestión.

De momento, hay una verdad constatada e indiscutible: el voto por Chávez, que es decir el voto por Maduro, ha vuelto a ser mayoría en Venezuela. Capriles Radonski ha perdido en apenas seis meses su segunda elección presidencial. En ambas ocasiones ha perdido ante el voto bolivariano y ante dos candidatos presidenciales diferentes, con lo cual se constata que la revolución bolivariana continúa más allá de la ausencia física del comandante Hugo Rafael Chávez Frías. Catorce años en los que el pueblo de Venezuela democráticamente y siempre por mayoría ha decidido cuáles son sus decisiones y opciones políticas para dirigir el país. Y por lo visto, nuevamente y otra vez por mayoría, ha vuelto a decidir continuar con el proyecto bolivariano para el período 2013-2019.

Esta ha sido una victoria determinante no solo para Venezuela sino para el mundo, y en especial para América Latina. Desde otro país hermano, pocos minutos después Evo Morales lo diría con claridad: “Este triunfo demuestra que frente al sometimiento, frente al saqueo del imperialismo, del capitalismo, los pueblos se expresan democráticamente”. Y en efecto, tal y como afirma el también líder bolivariano: “Los países definidos como antiimperialistas [que es también decir de los pueblos, movimientos y gentes conscientes de su condición y de una de las causas determinantes del expolio de siglos], se fortalecen con este triunfo (…) La fiesta democrática de Venezuela es también la fiesta democrática de Latinoamérica.”



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Profesor e investigador cubano. Seminario de Filosofía Política. Universidad de Barcelona

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