Eficiencia o nada… ¡Ese es el legado!

Recibimos la indeseada noticia fuera de la Patria y el natural aturdimiento, producto del gran dolor que nos embargó, dio paso progresivamente a la no menos natural inquietud por la gran preocupación que en sus últimos discursos caracterizó el verbo del Presidente Chávez: la eficiencia revolucionaria…

“Eficiencia o nada” repitió insistentemente durante la campaña electoral que le dio el triunfo avasallador el 7 de octubre. Era casi un ritornelo el llamado que nos hacía a ser cada vez más eficientes, menos burocratismo, mejores y mayores resultados para dar consistencia a la Revolución Bolivariana en procura de la mayor suma de felicidad para el pueblo.

Pero es que el Comandante Eterno no se quedó sólo en el discurso pues como fue su acostumbrado proceder acompañó al verbo con la acción, creando una instancia inmediata al Despacho Presidencial para ejecutar supervisión a obras y procesos, para luchar contra el flagelo que se esconde detrás del burocratismo y el hacer las cosas “como salgan”, que no es otro que la corrupción en el desvío de los recursos financieros y materiales, amén de la incapacidad de muchos servidores públicos.

En este último aspecto, debemos decir que nos causó profunda tristeza el hecho de ver cómo algunos “funcionarios” se escudaron detrás de los actos fúnebres del Presidente para desatender sus obligaciones inmediatas. Así como aquellos que desde muy pronto comenzaron dizque a prepararse para la campaña electoral del compañero Nicolás Maduro, con lo que evidenciaron un concepto de Revolución únicamente vinculado al tema electoral y no a la transformación radical e integral del país, sus instituciones y sus resultados para construir la sociedad Socialista que nos hemos planteado.

Necesario es que todas y todos los trabajadores, tengamos o no responsabilidades de dirección, asumamos la eficiencia como el mayor legado del Comandante Chávez. Fundamental es que desde nuestras trincheras de acción luchemos por hacer las cosas cada vez mejor. Ese es en nuestro entender el mayor homenaje que debemos hacerle a quien dedicó su vida, aún a costa de ella misma, para que tuviésemos Patria.

Sin ánimo de descalificar, pero conscientes de la responsabilidad que se nos lega, queremos insistir en medio del dolor que nos embarga que no podríamos ni deberíamos llamarnos socialistas, revolucionarios y menos aún chavistas, quienes desatendamos el llamado del Comandante Eterno a hacer más por la Patria, a construir colectivamente y para el bienestar colectivo, a estudiar y trabajar cada día más, a formarnos y contribuir a la formación de nuestros compatriotas, independientemente de su posición política e ideológica, pero venezolanos y venezolanas al fin y al cabo.

En tal sentido, las y los profesores universitarios tenemos un gran reto con el legado de Chávez. Tenemos la ineludible obligación de formar integralmente a nuestros estudiantes, sin olvidar que ellos y ellas son los verdaderos herederos del país que debemos construir por mandato del pueblo soberano.

Asimismo, debemos tener presente que además de lo ideológico, como piedra angular del proceso revolucionario, requerimos suministrarles una sólida formación científico-técnica y humanista como base de nuestra soberanía e independencia, para lo cual debemos ser los primeros en generar nuevos conocimientos, con nuevas estrategias didácticas y valores ciudadanos. Debemos pues predicar con el ejemplo.

No es posible ni viable inculcar e nuestros estudiantes el amor al estudio y el conocimiento cuando nosotros y nosotras nos negamos a prepararnos, a investigar, a explorar nuevos métodos y enfoques en nuestra praxis pedagógica. Eso es doble discurso, es antiético y, obviamente, es ineficiencia.

No podríamos en modo alguno infundir valores patrios, solidaridad y responsabilidad cuando abandonamos nuestro deber docente, cuando dejamos de asistir a clases, cuando no atendemos a nuestras comunidades con sus problemas, la mayoría de los cuales tienen origen en el conocimiento que decimos detentar y que ineficientemente nos guardamos.

Ya el primer gigante de nuestra primera independencia murió físicamente creyendo que había arado en el mar. Nuestra gran responsabilidad está en que el gigante Chávez no lleve el mismo pesar a su tumba física, sino que por el contrario su legado de lucha por un mundo mejor, su esfuerzo por el mayor bienestar del pueblo que tanto nos encargó sea una realidad.

No basta obtener un nuevo triunfo electoral con el compañero trabajador Nicolás Maduro. Es necesario e indispensable que se traduzca en creación de las condiciones objetivas y subjetivas para el buen vivir de todas y todos. Es necesario que nuestros ingentes recursos como Nación Libre e Independiente sean aprovechados con la máxima eficiencia posible. Es necesario pues que atendamos al mandato recibido, para hacernos merecedores de la gran preocupación de quien acaba de irse físicamente, para que su legado y memoria perduren por siempre…

(*) Economista Agrícola.

Profesor de la UPT “Argelia Laya

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