La revolución bolivariana en alerta naranja

Por algo menos de 300.000 votos ganó las elecciones presidenciales Nicolás Maduro. El dirigente señalado por Chávez para encabezar la continuidad de su gobierno. La oposición de derecha encabezada por Capriles Radosky, que realizó su mejor elección desde el año 1998, denuncia un fraude inexistente y provocó que la batalla política se trasladara a las calles de todas las ciudades del país. Desde entonces se encuentra alterado el clima político y social de Venezuela.

Se vienen desarrollando cacerolazos y acciones violentas que llevan hasta ahora 8 chavistas muertos y decenas de incendios intencionales, organizadas por la oposición, a la que el chavismo le ha dado hasta ahora una respuesta oficial con declaraciones, cohetazos y música. Mientras que el pueblo bolivariano ha recurrido a movilizaciones espontaneas para acallar los cacerolazos y para defender los Centros de Diagnostico Integral, los mercales y otros símbolos del proceso bolivariano.

¿Por qué el chavismo perdió 800.000 votos en 6 meses? ¿Cómo explicar que esos votos que en octubre fueron a Chávez hoy hayan ido al candidato de la derecha? ¿Cumplió el pueblo bolivariano el juramento que le hiciera a Chávez en los diez días de funerales del Comandante? ¿El golpe en progresión tiene posibilidades inmediatas de triunfo? ¿El escenario actual es el del Chile de Allende o la Nicaragua de Ortega? ¿Puede recuperar el gobierno Maduro la base social perdida en esta elección? La respuesta a estas preguntas debe pasar hoy por el tamiz de la lucha política y en las calles. Enfrentando las agresiones de la derecha hasta volver a derrotarla con la movilización popular. Sin embargo para orientarnos en la política que deben seguir los bolivarianos consecuentes, los chavistas revolucionarios, los socialistas, es imprescindible intentar unas primeras aproximaciones.

Diferencias entre los últimos meses del gobierno Chávez y los meses del gobierno Maduro

Ya enfermo, el Comandante Chávez, realizando un esfuerzo monumental, inició la que sería su última campaña electoral. Y la cabalgó sobre medidas que significaban resolver deudas pendientes de la Revolución Bolivariana. Recuperando el rumbo de los mejores momentos de su gobierno. Enfrento un proceso de críticas contra la burocracia del Estado que iba en crecimiento y avanzó en tomar decisiones de reivindicación del pueblo bolivariano. Los últimos dos años del gobierno del Presidente Chávez, desde que se conoció su enfermedad, tuvo una clara orientación progresiva. Algunas de estas medidas fueron: 1) Recalculo y pago retroactivo de las prestaciones sociales, cuyo régimen había sido modificado en contra de los trabajadores en los últimos meses del gobierno de Caldera, antecesor de Chávez. 2) Reforma de Ley Orgánica del Trabajo, incorporando reivindicaciones tales como la reducción de la jornada laboral, la estabilidad laboral desde el primer mes de trabajo, la duplicación de 3 a 6 meses de la licencia por maternidad, la instalación de la licencia por paternidad y la garantía laboral para padre y madre. 3) La Gran Misión en Amor Mayor, por medio de la cual se le otorgaba pensión jubilatoria igual a un salario mínimo a más de 500 mil adultos mayores que no percibían ningún beneficio jubilatorio y estaban desprotegidos. 4) Lanzamiento de la Gran Misión Vivienda Venezuela que en un año y medio entrego 300.000 vivienda dignas y cómodas a igual número de familias sin vivienda, que malvivían en casas familiares, en situación de alquiler o en refugios.
En los 6 meses que tuvo que hacerse cargo del gobierno Nicolás Maduro, se produjo un desabastecimiento agudo de los productos de primera necesidad en los rubros de alimentos, higiene personal y domestica, medicamentos y otros productos de la canasta básica. Se desató una carestía que llevó a esos productos a duplicar o más su precio rompiendo toda regulación anterior. El gobierno decidió dos devaluaciones de la moneda en dos meses, lo que agudizó la inflación y la carestía de los productos básicos. Y realizó su primera campaña electoral que fue radicalmente distinta de las de Chávez. Con protagonismo de “artistas” recién llegados al Chavismo, dándole un carácter excesivamente farandulero y superficial. Sin que se escuchara hablar a Maduro de los graves problemas que afectan al pueblo bolivariano y sin proponer medidas concretas para solucionarlos. Anunciando, en su condición de Presidente Encargado, un aumento salarial insuficiente y dividido en tres partes, cuya primera parte se pagará recién con el salario de mayo.

En esta diferencia de respuestas políticas a las necesidades populares es que se debe buscar la explicación de la pérdida de aquellos casi 800 mil votos que llevan a una diferencia con la oposición de derecha de apenas 2%.

El pueblo bolivariano cumplió su juramento con Chávez

Sin embargo a pesar de los problemas provocados por las devaluaciones y las consecuencias del desabastecimiento, la especulación y la carestía, el pueblo bolivariano mantuvo su juramento con el presidente Chávez. Y más de siete millones quinientos mil bolivarianos convirtieron en presidente a Nicolás Maduro, como lo pidió el presidente Chávez el 8 de diciembre cuando partió hacia la Habana para la última operación de la que ya no volvió a gobernar.

Así, este pueblo, que tiene críticas profundas a la burocracia del Estado, sin Chávez como candidato por primera vez en 14 años, sobreponiéndose del dolor y el duelo y también a la angustia provocada por la ausencia de su Comandante Presidente, cumplió el compromiso. Y no sólo eso, al día siguiente de las elecciones y a pesar del golpe que significó la reducción de la brecha electoral, comenzó a salir a las calles para defender el resultado electoral y en esa lucha ya puso 8 muertos. Ocho luchadores bolivarianos y socialistas que murieron defendiendo CDIs, Mercales, casa del PSUV y enfrentando las provocaciones de los golpistas.

El plan de la derecha: ¿El Chile de Allende o la Nicaragua de Ortega?

La denuncia de fraude electoral que la oposición todavía no realizó formalmente, fue una excusa para lanzar una serie de provocaciones violentas para comenzar un proceso de desgaste sobre el gobierno de Nicolás Maduro. Capriles que juró frente a las cámaras de televisión tener las pruebas del fraude no se hizo presente en el CNE para presentar una denuncia formal. Por el contrario la denuncia mediática sirvió como señal de largada para grupos de lumpenes armados que incendiaron varios CDIs, un símbolo de la Misión Barrio Adentro y de la colaboración cubana con el proceso bolivariano. Asesinando a sangre fría a militantes revolucionarios que intentaron defenderlos y a otros y otras camaradas chavistas. Encubriendo toda esta violencia detrás del ruido de las cacerolas que se viene repitiendo desde la noche del domingo 14 cuando Capriles rechazó el reconocimiento de Maduro. Sin embargo había convocado una marcha masiva para el miércoles 17 que luego suspendió con la excusa de evitar violencias.

El recule del llamado a movilización del ex candidato de oposición y el llamado a expresarse solamente a través de las cacerolas no desmontó a los grupos violentos y el miércoles 17 volvieron a producirse incendios y un nuevo asesinato. Estas orientaciones contrapuestas son síntomas de que existen dos políticas al interior de la oposición: un sector que apuesta a que una vez desaparecido Chávez, con una situación de serías dificultades económicas, un liderazgo débil y que debe probarse a los ojos del pueblo bolivariano, el gobierno Maduro se desgaste y en un nuevo proceso electoral pueda derrotarlo (el caso nicaragüense), es la línea que se viene imponiendo con buenos resultados en crecimiento de votos desde el 2006. Y otro sector más decidido a provocar una rápida desestabilización y a partir de aprovechar los roces internos en la burocracia del estado y un creciente malestar en las Fuerzas Armadas se den las condiciones de construir una base social que la contrarrevolución no tiene hoy y así pueda dar un golpe sangriento (caso chileno), esta opción es todavía hoy, minoritaria. Estas dos orientaciones son públicas, y se vienen expresando desde antes de la muerte de Chávez desde cuando el lamentable desenlace era inminente. Pero, más allá de las políticas de la oposición juega de manera fundamental la actitud del gobierno Maduro que, hasta ahora no ha llamado a la movilización del pueblo bolivariano civil y militar unido contra la violencia fascista de la oposición y se apoya únicamente en una respuesta institucional a la crisis. Si mantiene esta posición cualquiera que sea el plan de la derecha golpista tendrá posibilidades de desarrollarse.

Golpe de Timón para recuperar base social

Otro de los legados fundamentales de Chávez antes de partir para La Habana fue la intervención en el Consejo de Ministros del 20 de octubre de 2012. Allí en un ejercicio autocrítico planteó la necesidad de una revisión profunda contra el burocratismo, la corrupción, la ineficiencia. Volviendo a reconocer la necesidad de un giro, un cambio de rumbo de las políticas para avanzar en el desmantelamiento del Estado capitalista al que señaló como responsable de esos males.

Si Maduro, que hizo la campaña sin mencionar siquiera esa orientación última dada por el Comandante, insiste en el rumbo equivocado que Chávez cuestionó, se agrandan las posibilidades que cualquier opción de desestabilización golpista pueda avanzar.
Ahora después del alerta naranja que significa el resultado electoral, es urgente que su gobierno además de recuperar las claves del Golpe de Timón, tome medidas de urgencia para recomponer el maltratado nivel de vida del pueblo venezolano. Si el aumento de salarios anunciado no es general para todos los trabajadores, si no se produce una profunda reforma tributaria donde más paguen los que más tienen, si no se toman medidas drásticas contra los acaparadores y los especuladores. Si no se le corta el suministro de dólares a la burguesía importadora que hasta ahora los ha fugado en grandes proporciones. Si no se toman estas medidas correctivas y otras similares, no sólo no se recuperará la base social perdida en estas elecciones sino que se corre el riesgo cierto de desmoralización del pueblo bolivariano. Proponer estos cambios y luchar por ellos, al mismo tiempo que enfrentamos al golpismo, es la tarea que tenemos por delante

*Miembro de Marea Socialista

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Carlos Carcione*


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