Un maestro educador para la patria

   Cuando el pasado 15 de enero se celebró un año más de la creación de la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria, actualmente llamada Federación Venezolana de Maestros, nos corresponde a los profesionales de la nación, que ejercemos el rol de docente en todos los subsistemas, niveles y modalidades de educación del país, reflexionar sobre la función que desarrollamos en la sociedad.

    Estamos conscientes de la enorme responsabilidad que recae sobre nuestros hombros, por lo que pretendemos asumirla con compromiso, dedicación, mística y un profundo amor.

    Como educadores, nuestra máxima aspiración debe ser recibir el título de Maestros y Maestras, con toda la carga semántica que dichos términos poseen. Un Maestro es aquella persona que conoce a fondo una materia, que enseña una ciencia, arte u oficio. En esencia, Maestro es alguien experto en su área de conocimiento, pero también representa la persona con más méritos entre las de su clase. Un maestro es un ejemplo a seguir, un modelo de vida y sabiduría. Un verdadero maestro no es inalcanzable, al contrario, es humilde, sencillo, porque sabe que su conocimiento no le pertenece sólo a él, sino que debe ser sembrado en las mentes y corazones de aquellos con los que convive.

   Un maestro toma de la mano a sus discípulos y los convierte en maestros también. Un maestro educa para la libertad, para el desarrollo de la espiritualidad, para la vida en sociedad, para la práctica técnica, para el despertar intelectual y el fulgor de la creatividad. Un maestro siembra valores y cosecha éxitos, traducidos en hombres y mujeres probos expertos en su área.

   La sociedad actual requiere más y mejores maestros y maestras, que no teman mirar a las estrellas y llenar de luz los salones de clase. Necesitamos verdaderos maestros, no sólo con experticia técnica, sino con moral, ética y real maestría en el ejercicio de la vida.

  No es fácil -lo sabemos- más aún cuando tantos elementos confluyen para desmoralizar a quienes asumimos la labor educativa. Somos mal remunerados, poco reconocidos socialmente y humillados muchas veces por los organismos gubernamentales competentes (sobre todo en lo que corresponde al sector universitario). Pero el llamado es a no desfallecer, a entender que nuestra tarea va más allá del aspecto económico, que es necesaria la formación académica, intelectual y espiritual. En nuestras manos está la creación del hombre y la mujer nuevos que la Patria necesita y que deben constituirse en nuestro reflejo.

   Sin embargo, no podemos renunciar a nuestro derecho a una mejor vida, a alcanzar  la estabilidad laboral y socioeconómica, a satisfacer las necesidades de nuestros hijos y nuestra familia, pero la clave está en el trabajo continuo, permanente, y sobre todo, en el esfuerzo conjunto y organizado de los educadores.

   Por tal motivo, debemos mantenernos más unidos que nunca, con el pecho henchido de orgullo, el alma cargada de esperanza y una sonrisa que llene nuestra existencia, pues tenemos la tarea del más grande maestro y educador de la historia patria, el gran Simón Rodríguez, nuestro maravilloso “loco”, a quien el Padre Libertador le dirigió estas inolvidables palabras en el año de 1824:

  “Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que usted me señaló. Usted fue mi piloto aunque sentado sobre una de las playas de Europa. No puede usted figurarse cuán hondamente se me han grabado en mi corazón las lecciones que usted me ha dado; no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que usted me ha regalado. Siempre presentes a mis ojos intelectuales las he seguido como guías infalibles. En fin, usted ha visto mi conducta: Usted ha visto mis pensamientos escritos, mi alma pintada en el papel, y usted no habrá dejado de decirse: todo esto es mío, yo sembré  esta planta, yo la regué, yo la enderecé tierna, ahora robusta, fuerte y fructífera, he aquí sus frutos; ellos son míos, yo voy a saborearlos en el jardín que planté…” 
                      
    Compañeros, seamos como Simón Rodríguez y sembremos libertadores y libertadoras por todo el país. ¡Felicidades hoy y siempre, colegas educadores!

 
* Periodista y Docente del IUTAG.


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