Petrocaribe: Energía para la unión

En toda la historia de los pueblos de América Latina y el Caribe no esta registrada una iniciativa económica de cooperación y solidaridad de los alcances tenidos por el Pacto de PETROCARIBE, promovido por el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Comandante Hugo Chávez, con el de de suministrar a los hermanos países de la región productos energéticos a precios internacionales pero en condiciones de pago ampliamente favorables a la situación financiera y económica en la que se encuentran nuestros pueblos, como consecuencia de los impactos brutales que la crisis del sistema Capitalista global tiene sobre las condiciones de vida de los países con economías de escaso o mediano desarrollo.

Aunque el centro de la motivación del Pacto de Petrocaribe estaba directamente asociado a la necesidad de generar una seguridad energética a los Estados participantes, cuatro (4) factores están presente en esta histórica iniciativa de cooperación internacional que hoy agrupa a 18 Estados ubicados, a los cuales, próximamente, se unirán las Repúblicas de El Salvador y Honduras: Los efectos negativos que sobre los precios de los productos agrícolas y mineros de la región estaba produciendo, ya en el año 2005, la inocultable crisis financiera en Europa y los Estados Unidos, las tensiones sociales y políticas en países en la región ocasionadas por el crecimiento del desempleo, la pobreza y la criminalidad social; la inestabilidad y crecimiento exponencial de los precios de hidrocarburos producidos por las caída mundial de la producción, la inestabilidad de los mercados por las tensiones políticas en el Medio Oriente y el Golfo Pérsico y la especulación con la compra a futuro de petróleo y; la necesidad de responder a los retos globales y regionales con un proceso de integración y desarrollo intrarregional que permitiera sostener y desarrollar las posibilidades de crecimientos de las economías nacionales, favoreciendo la creación y expansión de un mercado regional sostenible en el tiempo e independiente de los viejas dependencias de los Estados Unidos, Europa y Canada.

En los ocho (8) años de vigencia, el Pacto de PETROCARIBE ha demostrado su eficacia para favorecer la cohesión social y las estabilidad política en sus Estados Miembros en el marco de la crisis del Capitalismo, al garantizar los suministros de diversos productos petrolíferos, el pago de un 60% de la factura a 90 días y el otro 40%, a un crédito de 25 años, con un 1% de de interés anual, lo cual le reduce a los Estados Miembros, la presión financiera para enfrentar sus obligaciones de pago internas e internacional; además de poder cancelar la factura con bienes y servicios y utilizar los fondos de la factura financiable a largo plazo, para la inversión en proyectos socio-productivos de directo e inmediato efecto en las economía de las comunidades menos favorecidas.

Igualmente, el esperanzador proceso de integración que hoy viven los pueblos de Nuestra América con la creación de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, CELAC, no puede explicarse ni mucho menos sostenerse sin el aporte que el Pacto de PETROCARIBE le ha dado al proceso de diálogo, consulta y negociación entre los diversos gobiernos de la Cuenca del Mar Caribe, quienes responden a las más variadas corrientes ideológicas e intereses políticos y representan a pueblos diversas culturas y tradiciones, pero que comprenden que, más allá de sus proyectos nacionales, es imposible resolver los problemas estructurales y coyunturales de sus economías en sus relaciones subalternas con los centros capitalistas del mundo y que deben asociarse a economías regionales con asimetrías superables y posibilidades de intercambio comercial favorable, basados en principios de complementariedad, solidaridad y mutuo provecho.

Sin duda, PETROCARIBE no es un mecanismo de cooperación mercantilista y economicista, por lo que las realidades políticas de la región están muy presentes en los debates internos, lo cual explica la decisión de suspender, por ejemplo, a la República del Honduras de los beneficios del Pacto, a causa del Golpe de Estado perpetrado por los grupo oligárquicos nacionales y las Fuerzas Armadas, con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, para derrocar el gobierno del presidente Manuel Zelaya, lo cual fue contrario a los principios de legalidad y democracia que defienden sus Estados Miembros y en especial, el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, en los foros regionales y mundiales; lo que no impide hoy que, aún cuando el gobierno del presidente Porfirio Lobo surgió de unas elecciones realizadas en el marco de ese Golpe de Estado, resulta necesario revisar esa decisión para favorecer la estabilidad política y la recuperación económica del país, con el fin de garantizar las mejores condiciones posibles para la evolución democrática e institucional de la República de Honduras, de cara a su proceso eleccionario en el mes de Abril del año 2014.

En sus ocho (8) años de existencia, el Pacto de Petrocaribe mantiene algunos rezagos relacionados con su proyecto original; sin embargo, la reunión del 14 de febrero de 2013, a realizarse en la ciudad de Caracas, quizás sea una de sus más importantes reuniones por cuanto, en su agenda esta planteado avanzar sobre diversos temas tales como el impulso de un mercado económico regional en el Caribe, la promoción de fuentes energéticas alternativas, el impulso a la industria petroquímica y a la inversión en la formación y capacitación técnica y profesional en los países de escaso y mediano desarrollo, con el fin de fortalecer sus capacidades de cambio en sus economías e incorporación productiva de tales países, lo que podría convertir a PETROCARIBE, de un mecanismo de cooperación energética, en un acuerdo de cooperación comercial, con la participación de veinte (20) países de América Latina y el Caribe.

Sin embargo, es necesario decirlo;Petrocaribe no podría estar plenamente desarrollado en su razón y propósito, sino aborda su relación con aquellos los países insulares del Mar Caribe, como Puerto Rico, Islas Virgenes, Monserrate, Aruba, entre otros; sometidos a diversos tipos de condición colonial por parte de Francia, los Estados Unidos de América, el Reino Unido y el Reino de Holanda, los cuales requieren de la contribución solidaria de los hermanos pueblos de la región para enfrentar sus actuales problemas sociales y económicos, los cuales están asociados además, a la inaceptable e ilegal situación colonial que, desde hace más de 200 años, le imponen estas potencias coloniales y cuya viabilidad de alcanzar su plena Independencia y Soberanía esta estrechamente vinculada con las posibilidades de un cierto desarrollo nacional articulado a las economías regionales, que rompan la perversa dependencia estructural impuesta por sus colonizadores; convirtiendo definitivamente todo el Mar Caribe en un territorio de Libertad, Justicia, Soberanía y Bienestar.

Yoel Pérez Marcano
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