La Revolución Invisible



Innegables son los cambios que se han producido desde aquel célebre “por ahora” y más concretamente, desde que el presidente Hugo Chávez, asumiera las riendas de este maravilloso país. Tuve la oportunidad de asistir a la ciudad de Punto Fijo, a una cena con el Comandante, cuyo objetivo era obtener fondos para la campaña, que a la postre, lo llevaría a la Presidencia de la República. Transcurridos más de doce años de ese acontecimiento, debo acotar que las ideas y pensamientos expresados en esa ocasión son, esencialmente, las mismas que en los actuales momentos.

Desde la llegada de Chávez a la presidencia, se ha avanzado bastante en aspectos como: vivienda, seguridad social, salud, educación, infraestructura, comunicación, relaciones internacionales, entre otras. No obstante, siempre habrá mucha cosas por hacer. En estos más de doce años de gobierno, no todo ha salido perfecto; aciertos y desaciertos han acompañado a la gestión de gobierno, algo considerado, por demás, previsible en este tipo de tareas; más aún, en las circunstancias en las cuales se ha tenido que gobernar. Pero lo que marca la diferencia con otras administraciones, es la obstinada, genuina y sostenida persistencia del Comandante, en detener un sistema que empujó al abandono, miseria y pobreza, a amplios sectores de la población, contados en millones y que empezaba a jalonar hacia el mismo destino, a una buena parte de la clase media.

Hay quienes sostienen que los procesos revolucionarios, como el que estamos viviendo, requieren, para sus sustentabilidad en el tiempo, apoyarse en por lo menos, diez de los aspectos siguientes:

1) Pueblo e Ideología; 2) Política; 3) Economía; 4) Ejército; 5) Educación; 6) Comunicaciones; 7) Ciencia y Tecnología; 8) Controles -que garanticen eficacia y eficiencia-; 9) Elevados niveles de crítica y sobre todo, 10) Gobiernos -que es nuestro caso-decididos a conducir los destinos de la Patria, conscientes de la importancia vital y fundamental de estos pilares. El fin último, la construcción de un país justo, democrático, socialista, libre, defensor de los derechos sociales, que ejerza la defensa, seguridad, soberanía e independencia plena y que perdure en el tiempo. Si cualquiera de los elementos antes mencionados fallara, entonces el sistema irremediablemente decaería.

Cualquiera de esos diez puntos puede dar origen a un sinfín de artículos, pero dado que en este foro se debate intensamente sobre esos temas, voy a referirme a uno que generalmente recibe poca atención. Se trata de la ciencia y sus tecnologías. Al respecto debo manifestar que es poco probable (por no decir improbable), que cualquier revolución se ostenga sin el empoderamiento del conocimiento científico técnico.

La ciencia es conocimiento y el conocimiento es poder; con este puede llegar la sabiduría y la liberación. O, como sucede a veces, lamentablemente, puede generar la arrogancia y la tiranía. Según el uso que se le den a sus tecnologías, la ciencia tiene el potencial de ser beneficiosa o perjudicial, emancipadora u opresivas. La historia, sobre todo del siglo XX, está llena de ejemplos de este doble papel de la ciencia. El desarrollo científico-técnico, es ancestral; pero la ciencia como tal, como modernamente la conocemos, es relativamente reciente, podríamos decir que tiene una edad aproximada de 400 años. Aunque el objetivo no es usar las bondades de la ciencia y sus tecnologías con las premisas del capitalismo, el pensamiento que prevalece hoy día, es que ningún país puede desarrollarse y alcanzar la independencia y soberanía plena, sin un sector científico tecnológico fuerte; así pues, no nos queda de otra, es necesario dominar, manejar y aplicar el conocimiento científico técnico y para ello existen estrategias por desarrollar.

Es bien sabido que la ciencia genera conocimientos y que este puede ser utilizado como eje fundamental del desarrollo económico, social y como elemento esencial de liberación de los pueblos; ella permite desarrollar tecnologías propias y por tanto, disminuir nuestra dependencia. Muchas veces, la firma de convenios o acuerdos con otros países, trae implícito la transferencia tecnológica; no obstante, debido a que la tecnología es un proceso cambiante y de rápida obsolescencia, es necesario establecer otros acuerdos y convenios para transferir nuevas tecnologías que se generan producto de conocimientos recientes. En tal sentido, la transferencia tecnológica es una condición necesaria pero no suficiente, ya que en el fondo, también produce dependencia. De ahí la necesidad de, paralelamente a la transferencia, establecer estrategias de generación tecnológicas propias.

Hasta comienzos de la primera guerra mundial no se había percibido el enlace fundamental entre ciencia y tecnología. La ciencia era considerada como parte del dominio cultural, en tanto que la tecnología gravitaba la esfera de la economía. Mientras la ciencia y el conocimiento científico eran valorados como de libre interpretación del espíritu humano y un bien común disponible para la humanidad, la tecnología era vista directamente relacionada a mejorar procesos y productos. Al cobijo y calor de la tecnología se fueron incubando incipientes economías y con el transcurrir del tiempo y el desarrollo de estas, el surgimiento de terribles desigualdades sociales, que en muchas partes del mundo, han traído pobreza, desolación, hambre, miseria y un deterioro alarmante del ambienta, al punto de amenazar seriamente la vida en nuestro planeta; sin embargo es necesario aclarar que los males de la sociedad no pueden achacárseles a la ciencia y sus tecnología como tal, sino al uso que el hombre les ha dado. Con las premisas de la ganancia fácil, rápida y sin miramiento alguno sobre el hombre y el ambiente, surgieron muchas de las “grandes economías”. Ese fenómeno tiene su origen en la percepción futurista que se tenía sobre la tecnología para ese entonces, determinada con mayor ímpetu, en los últimos veinte años de la primera mitad el siglo XX; razón por lo cual, la investigación científica en todos los campos, encuentra en las universidades, laboratorios y centros de investigación, los mejores medios para su desarrollo y perfeccionamiento.

La especie humana tiene muchas particularidades, una de ellas es la tendencia innata de adentrarse en el mundo de lo desconocido y no hay nada ni nadie que la detenga en ese objetivo. El ser humano, desde que puso sus pies sobre la tierra, dirigió su curiosidad en dos direcciones: hacia la inmensidad del espacio y a la inmensidad de lo diminuto; en ambos casos, a lo largo del tiempo, ha logrado avances científicos espectaculares sin precedentes. En materia aeroespacial, logra colocar vehículos sobre planetas del sistema solar y naves que orbitan planetas y satélites naturales de estos y salen fuera del sistema solar hacia los confines del universo. En la dirección contraria, hacia lo pequeño, nuestra especie ha logrado éxitos grandilocuentes que lo colocan en la capacidad de dominar el átomo (para no hablar de la manipulación y estudio del quantum); con ello, en la posición de entender, diseñar y fabricar dispositivos, sistemas y materiales, con al menos una característica funcional medida en el intervalo aproximado entre 1-100 nanómetros (nm); a esto se le denomina nanotecnología. Recordemos que 1 nm es la mil millonésima parte del metro; imaginemos que dividimos el metro en mil millones de pedacitos iguales, pues cada uno de ellos sería un nanómetro. Ahora pensemos en una máquina de unos cientos de nanómetros, funcionando y que no vemos; algunos de estos dispositivos y o materiales, están siendo usados en aplicaciones de uso diario y no lo sabemos. La nanotecnología tendrá efectos globales en todos los aspectos del saber y quehacer humano, mayores a los producidos por la primera y segunda revolución industrial. Sus aplicaciones abarca la salud, fármacos y cuidados médicos, materiales, electrónica y comunicaciones, manufacturación, energía, ambiente, textiles, aeroespacial, seguridad y defensa, entre otros y también afectará a la fuerza laboral. El estado actual de la nanotecnología está centrado en la construcción de los sistemas micronanoelectrónicos, lo cual se espera que ocurra entre 2015 al 2020. Las dimensiones sociales y éticas de la nanotecnología están por evaluarse.

La nanotecnología no es una moda, es el resultado de la confluencia de la Biología, Química y Física; es el siglo de esas tres disciplinas, no lo perdamos de vista. Es algo real y tangible, donde se invierten billones de $US y genera trillones de $US anuales; solo en los EEUU, se espera que en el 2020, produzca 6 millones de empleos directos. Sus efectos serán globales y afectará entre otros, la seguridad, defensa, soberanía e independencia de muchos pueblos. Es posible que como resultado del avance científico técnico a este nivel, algunos países desaparezcan como tales y otros pierdan la soberanía total o parcial. Debido a que la nanotecnología se desarrolla en las fronteras de disciplinas antes mencionadas, requiere del concurso de la matemática y de la ingeniería. ¿Qué hacer ante estas perspectivas? La respuesta: empoderar a un amplio sector de la sociedad con conocimientos científicos técnicos sólidos. Eso sólo es posible dotando a nuestra población, desde muy temprana edad y gradualmente, con bases racionales fuertes de matemática, química, física y biología; lo cual denota, la importancia que debemos prestar a la educación como pieza fundamental dentro del engranaje social y la necesidad de acertar en la dirección correcta en esta materia. Si no lo hiciéramos o lo hiciéramos mal, estaríamos haciendo el trabajo a los enemigos de la Revolución Bolivariana y los “amigos” de nuestros recursos y territorio; ellos estarían frotándose las manos si no lo hiciéremos bien. No en vano a la nanotecnología se le suele denominar nanorevolución o, como lo que dio origen al título del artículo, “La Revolución Invisible”

Se disponen de setenta (70) referencias en reserva que sustentan y amplían la información aquí vertida. Si algún particular o institución, tiene interés en intercambiar ideas, sugerencias y propuestas, sobre educación y desarrollo nanotecnológico, favor contactarme a través de:


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*Profesor de Ciencias Biológicas UNEFM, Coro Estado Falcón

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