La regaladera de petroleo

Tenía rato dándole vueltas a cómo escribir acerca de la “regaladera”. El tema del petróleo regalado, el que regala Chávez y que causa una rabia profunda entre algunos compatriotas.

En el primer enfoque quería establecer la diferencia entre “regalo” y “solidaridad”. Luego de varias discusiones, entendí que eso no se entendía. No hay manera. El concepto caló hondo. El tipo está regalando el petróleo, aquí hay huecos en las calles y no se consigue harina pan.

Tuve una idea brillante: el intercambio. No lo regala, no es solidario; Chávez es pragmático. El tipo cambia hidrocarburos y sus derivados por productos y servicios, y con ese lenguaje genérico propio de cualquier economista que sabe mucho, pretendí zanjar el asunto. Tampoco sirvió. No hay manera. Lo bueno es el sentido de pertenencia: “es mi petróleo y lo están regalando sin mi consentimiento”. Con mi petróleo, no te metas. La paciencia tiene un límite.

La violencia te tienta, cuando oyes a alguien vociferar “que se muera, así no le regalamos más petróleo a Cuba”. Y está cerquita, con esa boca pagando, al alcance de mi derecha. El llamado es a la Unidad, a no caer en provocaciones. Pero la boca sigue ahí, hablando paja. Callarla sin golpearla. Me quedé pica´o. Así estaba cuando, por suerte, José Roberto Duque me dio su libro, Historias sobre vivientes. Es un libro gratuito, de Ediciones Correo del Orinoco, y que se puede descargar, junto a otros, en www.minci.gob.ve. El directorio de la editorial lo encabeza Hugo Chávez Frías.

Este libro alivia la tentación de violencia. Es el argumento perfecto, la explicación nacional y racional de la “regaladera”. Con razón se regala. Y a ti, apreciado periodista opositor que también tienes una boca que está bien lejos de cualquier coñazo, con el permiso del Duque, te dedico este libro. Se lee de una. Léelo como quieras.

Transcribo extractos de la Presentación que hace el escritor: “Este libro contiene historias de personas que sobrevivieron o que mejoraron sus condiciones de vida cuando casi todo indicaba que su existencia iba a estar llena de derrotas y precariedad”.

“Todos los pacientes y familiares cuyos testimonios se registran aquí debieron pasar por la rabia y la impotencia de recibir, en momentos cruciales, la siguiente declaración o propuesta denigrante: ‘Si usted me paga, yo lo curo’. ‘En capitalismo la salud no es un derecho sino una mercancía’, y quienes le ponen precio son un puñado de gánsteres egresados de estructuras burguesas, rémora de la época colonial, como lo son las escuelas de medicina de nuestras universidades tradicionales”.

“Postdata. Yo soy el compilador de las historias de este libro, pero no soy su autor. Puedo aceptar gustoso la denominación ‘narrador’, ya que algo de destreza narrativa apliqué para que el discurso oral se convirtiera en materia legible, pero estas historias no me pertenecen vitalmente (fueron otros quienes las vivieron)”.

 

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